¿Por qué ha sido más fácil en América Latina que una mujer llegue a la presidencia de la República que a dirigir una universidad? ¿Por qué mientras crece constantemente el acceso de las mujeres a la educación superior en el continente, el número de científicas sigue siendo tan bajo en la región? ¿Qué tiene que ver la ausencia de mujeres en puestos de decisión con el oficio de la científica? ¿Cómo explicar que el campo de la ciencia, donde prima el impulso por imaginar, experimentar e interrogar el sentido común y los supuestos detrás de los saberes dados, sea también el lugar donde las desigualdades de género tienden a naturalizarse sin cuestionamientos?”

Son preguntas que una feminista de la academia, convencida de que no solo la generación de conocimientos sino también el acceso a puestos de decisión de poder en las universidades, es un derecho irrenunciable de las mujeres. Este es el planteamiento central de la recuperación que hace María Magdalena Pessina Itriago en su libro ¿La ciencia, cuestión de hombres? Mujeres entre la discriminación, los estereotipos y el sesgo de género (CIESPAL, 2017).

A lo largo de cuatro capítulos, la autora hace un repaso exhaustivo sobre el papel y lugar de las mujeres en la ciencia. En el primer título, Conocimiento, ciencia y mujeres, la autora cuestiona la visión binaria y dicotómica del orden social que limita y ha arraigado estereotipos culturales que ciñen a mujeres y hombres a reglas heteronormativas y tienen su traducción en múltiples actividades y lugares sociales, entre ellas en la ciencia. El feminismo como postura ideológica y política es la que ha denunciado, reflexionado y desentrañado este perverso orden de la exclusión y minimización.

En ese apartado la autora retoma y repasa los argumentos, ideas y planteamientos teóricos de Harding, Valdivieso, Amorós, Maffía y Blázquez, entre otras, que se resumen y justifican bien en la siguiente lista de científicas “rescatadas” de varios ámbitos de la ciencia: Marie Sklodowska Curie, doble Premio Nobel (física y química); Irene Joliot-Curie, María Goeppert Mayer y Dorothy Crowfoot Hodgkin, las tres Premio Nobel de Química en diferentes años; Gerty Radnitz Cori, experta en Medicina y Fisiología; Rosalind Sussman Yalow, médica y fisióloga; Bárbara McClintock, fisióloga también; Rita Levi-Montalcini; Gertrude Eliot, Christiane Nüsslein-Volhard y Linda Buck.

En el capítulo dos, titulado “El habitus en el desarrollo del conocimiento científico”, establece que propios de la ciencia son el androcentrismo y el sexismo. La autora cita atinadamente afirmaciones de Cabré y Salmón (sexo y género en medicina, 2013), quienes denuncian: “Lo masculino parece como la norma y lo femenino únicamente como alteración o desviación de ese patrón. Además, el carácter duradero de esas representaciones que aparecen y reaparecen en los manuales sin apenas variación a lo largo de muchos y de varias ediciones, señala el peligro de la repetición rutinaria acrítica que perpetua la difusión del androcentrismo en propuestas científicas supuestamente neutrales. Todo ello abunda en la necesidad de desvelar y conocer los mecanismo sutiles que conforman y hacen funcionar el discurso androcéntrico para así conseguir detectarlo y desactivarlo”.

Las epistemologías feministas son las que han revelado, denunciado y reclamado que la ciencia siga siendo eminentemente masculina y en ese sentido inhumana, injusta y discriminatoria al excluir en función de cuerpo, estereotipos y prejuicios. Justo esta afirmación da pie al siguiente apartado, “Género, ciencia y educación superior”, donde plantea que la situación de la educación superior en Ecuador no dista de los estereotipos educativos en la elección de carreras y en el acceso a la producción científica del conocimiento: “En Ecuador se ha incrementado el acceso de las mujeres a la educación superior, pero existe una segregación horizontal de las carreras y una segregación vertical en los cargos directos. El claustro docente y las autoridades están dirigidas por hombres”.

Tal circunstancia se traduce en el lugar y número de mujeres científicas en Ecuador, que es el último apartado y en el cual, a través de la etnografía, entrevistó, observó y recuperó las condiciones de trabajo y sus productos de nueve biólogas en el objetivo de responder a qué están haciendo las científicas, qué y cómo están produciendo.

Parte de sus hallazgos fueron que “los proyectos que manejan, la mayoría no recibe fondos para la investigación por parte del Estado y se sustentan a través de proyectos. La gran mayoría son directoras de laboratorio, otras son profesoras-investigadoras, pero no son quienes toman las decisiones principales. Publican alrededor de uno a tres artículos por año en publicaciones científicas indexadas.

“En todos los casos, las entrevistadas no consideraban que por ser mujeres había una valoración diferente hacia ellas, ni tampoco que existe una diferenciación en sus metodologías o aportes en la investigación. Sin embargo, en muchos casos encontramos mujeres que han dedicado su vida a la ciencia, y ellas reconocen que escogieron establecerse dentro de una vida profesional y dejaron de lado una posible relación familiar.”

Los hallazgos confirmaron que el desarrollo de la ciencia es indiscutiblemente androcentrista y sexista, que las científicas pese a vivirlo a veces no lo identifican y que se han “adaptado” a las reglas heteronormativas y patriarcales de la producción científica. La autora, María Pessina, afirma que “para hacer buena ciencia hay que tener en cuenta todos los mecanismos de cómo se evalúa el conocimiento, cómo se integra a las comunidades científicas, cuáles son los saberes relevantes, a cuáles les vamos a dar valor epistémico y a cuáles no”.

Pistas para remontar rezago y discriminación ancestral en la ciencia, en conclusión.

Finalmente, cierra su trabajo con Mujeres científicas en Ecuador.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.