Tápate bien

Versos o prosas, analogías, cuentos, acertijos y haikús, a veces con pinceladas o en la fricción del plectro con las cuerdas de una guitarra. El espacio entre miradas cruzadas, el aroma humeante en mi café y tu presencia ausente sin fecha de caducidad. Hay tantas vías como segundos desde el origen del mundo para conceptualizar al amor, el objeto de estudio más escurridizo desde que tenemos consciencia. Jamás nos rendiremos, no importa cuánto tiempo, cuántas veces o cuántas maromas haremos para, siquiera, acercarnos un poco al misterio de su definición caprichosa. Quizá perdamos la vida en el intento o hagamos explotar los laboratorios pero habremos de estar seguros que aunque las palabras, los objetos, los detalles o las reacciones químicas jamás nos alcancen para explicarlo, lo sabremos y lo sentiremos.
Dicen que el sistema de signos no satisface la demanda expresiva del sentimiento más profundo. Dicen también que todo cuanto existe tiene un principio y un final, ¿habrá un día en que la definición de amor quede al fin revelada en una ecuación de incógnitas despejadas? A quien lo haga no le serán suficientes las vitrinas disponibles en la Tierra para guardar las condecoraciones a las que será acreedor por tal hazaña. La nueva era geológica llevará su nombre y las universidades al fin se atreverán a consolidar programas de estudio en torno a la amorología o la ciencia del amor.
Ahora hablamos en términos del conocimiento y la espistemología por culpa de esta terca necesidad de cuantificarlo todo, de saber qué es, de conocer sus fundamentos. Poetas, compositores, novelistas, pintores, escultores, coreógrafos, dramaturgos y actores… todo artista empecinado en el asunto tendría que ser llamado científico del amor. Y aunque esto todavía no cuenta con el reconocimiento de la comunidad científica, conozco muchos y con singulares líneas de investigación. Permíteme citar una muy singular surgida en el seno de un laboratorio de animación, porque, como sabrás, el cine cuenta un gran acervo de investigaciones encaminadas a encontrar la ruta para comprender al objeto que más problematiza al ser humano.
Se trata de Xiya Lan, sus teorías todavía no le dan la vuelta al mundo porque todos están tan ocupados en encontrar la verdad sobre el amor que casi nunca se detienen a ver los avances de sus colegas, al menos para contrastar modelos. Su campo de acción está concentrado en el departamento de animación de personajes del California Institute of the Arts, mejor conocido como CalArts.
Los estudios de Xiya iniciaron con un planteamiento que a simple vista luce sencillo, común, trivial, sin la menor trascendencia, no obstante, según los resultados hallados en los simulacros del CalArts, resultaron ser clave contundente para adentrarse en las nociones más espesas del objeto cognoscible, “I think I love you” (“Creo que te amo”).
La frase conflictuó tanto a Xiya que la colocó como eje de sus postulados, publicados por su alma máter en el volumen Character Animation Student Films 2017; el documento audiovisual establece que el amor podría ser un elemento de expresiones con formas y efectos infinitos sujetos a las personas involucradas y sus parentescos; dice que no hay ser humano que pueda librarse de sus consecuencias y alcances, que sentirlo podría desencadenar igual una explosión de placer o agrado que de disgusto, desatino o rechazo.
I think I love you (Estados Unidos, 2017) todavía no logra entender qué es el amor, pero te comparte interesantes hallazgos que tendrían que ser considerados en futuras pesquisas, como el hecho de descubrir que constituye “una cosa entera” y que quienes lo sienten pasan a ser piezas o fracciones de este entero complejo. Las piezas, advierte, no siempre están ensambladas, de ahí que deriva en sufrimiento y constante cambio; sin embargo, sostiene Xiya Lan, cuando logran unirse, una luz de “hermosa paz” habrá de colmarte, si esto ocurre, es posible que pierdas el interés por saber qué cosa es el amor, ya que la experiencia inigualable de amar y sentirse amado será mejor que cualquier enigma del Universo derribado.

@lejandroGALINDO | [email protected]

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