La compasión en la mirada del otro, Hugo y Wajdi

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ALEJANDRA RODRIGO

Pachuca.- E lunes en la Fundación Calavera, como parte del programa Poéticas jóvenes, fue realizado el conversatorio “Sobre la creación y renovación de público en México, el caso de Wajdi Mouawad” por Hugo Arrevillaga.

Para Hugo, quien abandonó la licenciatura en comercio internacional y economía en el Tecnológico de Monterrey para más tarde ingresar al Centro Universitario de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), su labor junto a Boris Schoemann en el espacio cultural La Capilla ha sido de gran importancia para el desarrollo teatral en la Ciudad de México. Sin embargo, de mayor trascendencia es el trabajo escénico que el director ha realizado con textos de Mouawad.

Wajdi, nacido el 16 de octubre de 1968 en Beirut, Líbano, junto con su familia padeció los conflictos civiles de su país. Abandonaron su patria, vivieron un tiempo en París para finalmente, en 1983, establecerse en Quebec. Ha desempeñado su carrera como escritor, actor y director de teatro canadiense. Alcanza el renombre internacional con la tetralogía La sangre de las promesas integrada por las obras Litoral, Incendios, Bosques y Cielos. Considerado por algunos como el rey de la tragedia contemporánea, se vuelve materia de estudio para generar el encuentro entre el público presente en el conversatorio.

La charla, a diferencia de otros eventos, inició con la presentación del público asistente, donde destacaron personas provenientes de distintos lugares del país como Coahuila, Xalapa, Mérida, Tlaxcala, Estado de México, Baja California, Guadalajara, entre otros.

Con los asistentes conscientes del origen de las demás personas, Hugo Arrevillaga comenzó la reflexión diciendo: “Existen pocos artista con el corazón canalizado a la creación artística” y preguntó al público por qué es importante el trabajo de Mouawad.

Entre las opiniones se escuchó: “La búsqueda de la belleza en medio de la destrucción, su poesía hace universal lo personal, Wajdi no sería él en México sin las puestas en escena de Hugo Arrevillaga”.

El director reconoció que no conoce personalmente a Wajdi, aunque estuvo en México hace poco tiempo, no coincidieron. Sin embargo, ese no encuentro físico no imposibilita el hecho de poder entrelazar la existencia de uno con el otro, por medio del acto escénico.

Hablando un poco sobre algunos aspectos de la tragedia griega, mencionó un concepto importantísimo y poco analizado, la cólera. “Esa emoción que provoca una acción, y ya que el teatro es acción, aquellos que lo realizamos debemos tener la responsabilidad de encontrar la cólera para abrir espacios de encuentros”.

De esa forma Hugo y Wajdi hablan juntos de la condición humana. Hugo en sus puestas en escena hace una invitación para desentrañar la persona que somos a partir de aquella que tenemos enfrente. “Montar un texto de Wajdi nos obliga a realizar un ejercicio de profunda compasión”. El objetivo es crear algo para ponerlo frente al espectador, contar historias a partir del rumor de la sabiduría antigua”, hacer uso de la tragedia

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