Movimiento Regeneración Nacional (Morena) es un partido que creció a una velocidad como ningún otro instituto político lo ha hecho. Desde que el entonces presidente nacional de Morena Martí Batres solicitó su registro ante el Instituto Nacional Electoral (INE) el 30 de enero de 2014, han pasado apenas cinco años. Y hoy esa fuerza es, sin discusión alguna, la más potente políticamente hablando en todo el país. No solo por el triunfo arrollador que obtuvieron durante las elecciones de julio de 2018, sino porque hoy encabezan la intención del voto en casi todas las encuestas que aparecen con miras a los procesos electorales del 2020. Pero el tener esa fuerza y el concentrar ahora a miles de legisladores, servidores públicos, simpatizantes y militantes en todo el territorio nacional ha complejizado su vida interna, llevando a Morena a su primera gran crisis. Hoy mismo no han podido celebrar sus elecciones distritales, lo cual ha truncado la renovación de su dirigencia nacional y la de sus comités estatales. Esa complicación no es exclusiva de su vida partidaria, su masiva representación en el Congreso de la unión y en las cámaras locales también ha vuelto difícil el procesamiento de iniciativas y la actuación de quienes emanaron de esa fuerza política. En varios congresos locales los morenistas se han dividido o simplemente no van como un bloque en temas que suscitan controversia, como lo es la interrupción del embarazo. Hidalgo no es la excepción a este fenómeno y hoy vemos como la bancada morenista camina por rumbos distintos en asuntos como el referido o en otros como cuando en su momento se discutió la reforma a la ley orgánica del Congreso. ¿Es sano que exista esta diversidad de puntos de vista? Un demócrata convencido diría que sí, que en el debate se encuentra la esencia de nuestro sistema de gobierno y que tal es la mejor manera de procesar y resolver los retos que enfrentamos como estado y como nación. Ojalá que Morena encuentre la fórmula para procesar sus diferencias internas y que esta fuerza, aún muy joven, no naufrague antes de siquiera entrar a su etapa de madurez. De filón. Una proeza más del secretario de Cultura Olaf Hernández. Resulta que por causas inexplicables Hidalgo fue el único estado que no asistió a la Reunión Nacional de Cultura que tuvo lugar en la ciudad de Saltillo del 26 al 27 del mes en curso. La absurda decisión de Olaf, quien decidió faltar y tampoco envió un representante, pone en riesgo presupuestos para diversos programas del sector en la entidad.

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