La inédita forma de conducirse como presidente de la República de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) traerá una secuela terrible.

Eso de la visible austeridad en su forma de vestir, transportarse, vacacionar, alimentarse, cuidarse y en general, su costumbre de romper con todos aquellos protocolos heredados de gobiernos pésimos, por cierto, muchos de ellos muy mamones, dejará una secuela de percepción entre la sociedad “de abajo”, que no será fácil que los gobernantes siguientes los quieran y puedan eliminar.

Reinstalar al derroche fantoche para los actos de gobiernos subsecuentes de un pueblo pobre, mínimo les llevará una generación. Sí, 25 años por delante, por lo menos les costará para que las fuerzas del mal, si es que consiguen ser inteligentes, para que tengan una posibilidad real de restablecer esas locuras que AMLO eliminó. Y eso, pensando que la falta de memoria entre la sociedad seguirá siendo un aliado de los malosos.

Traer los zapatos sucios, moverse en carros populares, comer en fondas de clase media o baja, bañarse en un lugar hecho por la naturaleza, salir de palacio a platicar con los pobres, insistir que a él lo cuida la ciudadanía, que no se podía subir a un avión tan caro, saludar a todo mundo en los eventos, y, principalmente, por dar cobijo a personas pobres con sus programas sociales y los anuncios de obras de impacto regional. Eso es lo que le asegura, si logra cumplir, que su proyecto de nación, la inercia lo mantenga por mucho tiempo. Pues también fue la inercia y falta de memoria lo que mantuvo a un régimen de saqueo desorbitante. Si toleramos y soportamos gobiernos enemigos de la sociedad. ¿Por qué no mantener un gobierno que, o simulando o con franqueza, pero lo sentimos cerca de nuestra desgracia nacional?

Vendrán tiempos de mayor agitación. Por un lado, cuando haya llegado el obligado momento de encarcelar a los verdaderos ladrones de esperanzas para comprobar que valió la pena el voto masivo del pasado primero de julio, y por el otro, cuando la sociedad deba hacer el obligado y necesario ejercicio racional para medir y evaluar lo prometido y comprometido contra lo cumplido, son esos dos los componentes de la esperanza de México escrita en aquella megamadriza del primero de julio. Así lo veo. ¡Así lo creo!

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