Fidel Wilivaldo Pérez Tovar

En la consulta, que se llevó a cabo la anterior semana, más de un millón de ciudadanos participaron, y con casi 70 por ciento de la participación ganó la elección de Santa Lucía.

La convocatoria a esa consulta dejó relucir lo bueno y malo de muchos ciudadanos, entre el clasismo y el racismo de quienes estaban en contra, y la poca tolerancia de algunos otros que estaban a favor, fueron algunos de los elementos por los que se vieron muchos “debates”, principalmente en las redes; pero yo rescataría que por lo menos existe una mayor participación en los temas políticos del país.

Recordemos que en la historia del país, esta no ha sido la única consulta que se ha realizado; cuando se iba a aprobar la reforma energética, esa que tanto defienden y ahora es casi imposible revocar, se realizó una consulta que fue organizada por los partidos, organizaciones de la sociedad civil e institutos electorales en 2013, y aunque la voz de los ciudadanos externó que no estaban de acuerdo con esa reforma, poco o mucho valió esa consulta, pues los legisladores –en su mayoría priistas– votaron de acuerdo con sus intereses sin considerar la vox populi, y fue a partir de entonces cuando se promulgó la ley que regularía las futuras consultas. Cabe mencionar que en 2008 se realizó una consulta similar con el mismo resultado.

Es por ello que ahora los defensores del proyecto Texcoco utilizan esa ley, que fue promovida principalmente por los movimientos sociales, en contra de una supuesta irregularidad a la actual consulta, ya que su argumento es que no está en el marco normativo de la ley, sin embargo, se les “olvida” decir que la consulta sobre el aeropuerto no la realizó ningún partido político ni tampoco el gobierno en turno o alguno de los congresos de los diferentes poderes. La organizó el equipo de transición del gobierno electo, y para bien o para mal, esta circunstancia no está prevista en la ley, y esta situación no la hace invalida o amañada, más bien sin precedentes, pues que un gobierno considere la vox populi estaba lejos de verse, y ahora no solo el gobierno entrante está marcando su forma de trabajar en cuanto este entre en funciones, sino que la conclusión de la consulta es: ahora el pueblo manda.

Para los demócratas o los que dicen serlo, les recuerdo que, de acuerdo con Pericles, la democracia es el gobierno de muchos, no de pocos; o recordar a Montesquieu: “El pueblo nombra directamente a sus representantes y los elige, por lo general cada año, con el fin de mantenerlos completamente bajo su dependencia. Es, pues, realmente el pueblo quien dirige, y aunque la forma de gobierno sea representativa, es evidente que las opiniones, los prejuicios, los intereses e incluso las pasiones del pueblo no pueden encontrar obstáculos duraderos que les impidan hacerse oír y obrar en la dirección cotidiana de la sociedad”.

Es por ello que este cambio de gobierno, desde ya, marca la participación ciudadana en todos los sentidos y que las voces que quieran ser escuchadas, así lo serán; prueba de ello es que la construcción del Tren Maya, propuesta del gobierno electo, donde la opción de la oposición hizo eco para que no se construyera, ahora serán nuevamente los ciudadanos quienes decidirán sobre el futuro de este proyecto.

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