Cada vez que se habla del problema de la contaminación, entendemos sobre la contaminación atmosférica y la del agua, pero no vamos más allá. Ya de por sí, estamos matando a la madre tierra bajo la bandera del “progreso” y la tecnología, pero no nada más a la Tierra, sino a nosotros mismos. Nadie repara en los otros tipos de contaminación, como el ruido y los infrasonidos o la estética, salvo cuando a algún gobierno le conviene. Es el caso de la contaminación visual, que afecta directamente a nuestro sistema nervioso central y que en manos de burócratas y apátridas es catalogado según su conveniencia.

Según los especialistas, la contaminación visual produce estrés, dolor de cabeza, distracciones, que según la situación pueden resultar peligrosas. Problemas ecológicos, ya que también afecta a otras especies; disminución de la eficiencia en el trabajo, mal humor, déficit de atención y un gran número de trastornos físicos y emocionales. La pésima planeación de las grandes ciudades, el burocratismo y a la ignorancia son una peligrosa combinación para el desarrollo humano en todos los sentidos.

En el caso de la obra de arte público, que es cuestionada siempre por alterar la imagen visual o a lastimar la sensibilidad de algunos mezquinos, así como la destrucción de monumentos históricos para poner complejos comerciales y una serie de ordenamientos urbanos de carácter discrecional, son considerados contaminación visual. Solo que con dinero baila el perro y la publicidad no se convierte en contaminación visual.


Una de las tragedias de nuestro paisaje urbano es justamente la publicidad. Mientras que los grafiteros, artistas urbanos y ahora también los muralistas son perseguidos por decorar a toda raya y color una barda pública, estamos verdaderamente bombardeados de imágenes del macabro payaso Ronald, de apellido Mac Donald que vende hamburguesas de supuesta carne y dudosa calidad; imágenes de líquidos químicos con sabor a cola (sin albur) embotellados para hacernos felices con el nombre de Coca; imágenes de la anorexia y la bulimia al anunciar tampones vaginales o súper seres que anuncian esteroides y en las que todos consumen comida chatarra; imágenes de máquinas contaminantes que nos transportan a mundos “fantásticos y de ensueño” en cómodas mensualidades de por vida y que los señores Ford, Nissan, Toyota, Volkswagen, Chrysler y demás nos venden a diestra y siniestra; imágenes de anuncios de políticos y gobernantes listillos que dicen que “trabajan”, que están “cumpliendo” y que todavía no entienden la diferencia entre grafiti, arte urbano y muralismo; imágenes y slogans de partidos políticos demagogos, auténticos lupanares de políticos en los que ya nadie cree; imágenes de cremas, ungüentos, aguas y remedios “vanguardistas” de “origen natural” para que modelos plásticos conserven en su lugar el silicón; en fin, nos persiguen con miles de productos, chatarras y basuras que no necesitamos. En resumen, estamos contaminados con toda la basura visual de la que están nutridos los grandes monopolios y por supuesto los “grandes” gobernantes y cada vez son más “claros” y “coherentes” los altos decibeles que generan las autoridades cada vez que hablan de políticas culturales. ¡Feliz año a todas y todos!

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