Contra la corrupción: este y el pasado sexenio

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alfredo jalife

Con muchas reservas, por su sesgo privatizador subliminal, expongo el dramático reportaje publicado muy a destiempo: “Ciudad de México, secándose y hundiéndose, enfrenta una crisis del Agua”, por Michael Kimmelman (MK), de The New York Times ( NYT), de una serie de artículos que abordan el “cambio climático” y el “cambio en las ciudades (https://goo.gl/DtQ9yW)”.
NYT es muy cercano a la derrotada Hillary Clinton, promotora de la privatización de Pemex (https://goo.gl/prHpz7), y al cual el polémico Trump fustiga de propalar “fake news”.
MK sustenta que el “cambio climático amenaza con empujar a una capital superpoblada a su punto de quiebre”.
Su tesis nodal es que la ciudad padece sed y “subsidencia”: movimiento de una superficie terrestre que se hunde.
El Gran Canal de Desagüe, de 47 kilómetros de largo, es insuficiente cuando “el agua extraída de los mantos acuíferos ahora puede terminar más allá de los límites de la ciudad, en Ecatepec, en una de las estaciones de bombeo más grande a su largo”; 117 años más tarde “el hundimiento sigue, cada vez más rápido. (…) Con la escasez perpetua del agua, la Ciudad de México sigue perforando en busca de más, lo que ha debilitado los antiguos lechos de arcilla de los lagos”.
La “bomba de Ecatepec” –hidráulica, por supuesto–, “acabada en 2007, se construyó para mover 40 mil litros por segundo, agua que ahora necesita ser elevada de donde el canal se ha hundido (¡casi dos metros!)” y “trabaja a solo 30 por ciento de su capacidad” debido a la “subsidencia”: el canal es “un río pestilente de aguas negras que eructa metano y ácido sulfúrico”.
De octubre de 2014 a mayo de 2015, las zonas más dañadas se hundieron entre 23 y 13 centímetros por año.
Resalta “el inmenso barrio de Iztapalapa, donde viven cerca de 2 millones de habitantes, muchos de los cuales no cuentan con agua corriente”. ¡El desgobierno en Iztapalapa es legendario!
MK reporta un estudio que “predice que 10 por ciento de los mexicanos de entre 15 y 65 años podrían intentar emigrar al norte, como resultado de altas temperaturas, inundaciones y sequías, que desplazarían a millones de personas y aumentarían aún más las tensiones políticas sobre migración”. ¿Lo permitirá el “muro Trump”?
Según el Pentágono, el “cambio climático” es un “multiplicador de amenazas”, y la “Universidad de Columbia descubrió que en zonas donde disminuyen las lluvias, el riesgo de que los conflictos menores crezcan para convertirse en guerras a gran escala se duplica aproximadamente al año siguiente”.
En 2050 “habrá más gente viviendo en ciudades que nunca, y se predice que tres cuartas partes de la población mundial serán urbanas”, con 700 millones de “refugiados climáticos (casi 10 por ciento de la población mundial)”, lo cual es refrendado por el libro de Christian Parenti: Trópico del caos: Cambio climático y la nueva geografía de la violencia (https://goo.gl/WzOTCP).
A juicio de MK, la “Ciudad de México sigue siendo una aglomeración de barrios que en realidad son muchas grandes ciudades, una junto a la otra”, cuando “la ciudad entera se encuentra donde alguna vez hubo una red de lagos”. MK no tiene idea de la desconexión esquizofrénica de las delegaciones entre sí, ni con la metrópoli y el resto del país. Urge más que nunca descentralizar a la metrópoli (donde se concentra la tercera parte de la población de México) y frenar al devastador cártel inmobiliario.
MK expone a “una megalópolis vibrante pero caótica, compuesta principalmente por desarrollos (sic) no planeados que se extienden con rapidez”, que “han acabado casi en su totalidad con los lagos originales y han mermado los acuíferos subterráneos; ahora un valle donde antes hubo agua en abundancia importa miles de millones de litros de lugares remotos”.
MK arguye que “los acuíferos se están agotando, cuando la Ciudad de México yace sobre una mezcla de suelo volcánico y lechos de barro de los lagos”, donde “parte de la crisis actual surge porque ahora hay desarrollos (sic) urbanos sobre la mayor parte de esta tierra porosa, incluyendo largos tramos que la ciudad había reservado para la agricultura y la protección, denominados “suelo de conservación”.
¿Por qué no detienen al pernicioso cártel inmobiliario de la Ciudad de México?
MK señala que “el sistema para trasladar el agua hasta aquí es un milagro de la ingeniería hidráulica”, pero “también una hazaña demencial, consecuencia de que la ciudad no cuenta con la capacidad a gran escala para reciclar aguas negras ni para recolectar agua de lluvia, por lo que se ve obligada a expulsar la impactante cantidad de más de 700 mil millones de litros de aguas residuales y de lluvia por desagües paralizados como el gran canal”.
La ciudad “importa casi 40 por ciento de su agua de fuentes remotas, para después desperdiciar más de 40 por ciento del agua que corre a lo largo de sus 12 mil kilómetros de tuberías debido a fugas y ordeña”, cuando “bombear esta agua hacia las montañas consume casi la misma cantidad de energía que la que gasta toda la ciudad de Puebla”.
Afirma que “el gobierno reconoce que 20 por ciento de los residentes de la Ciudad de México –los críticos dicen que la cifra es aún mayor– todavía no pueden contar con agua corriente en los grifos”, cuando “varios habitantes dependen de la distribución del agua en pipas”.
La “cultura de las pipas” en Iztapalapa obliga a que sus pobladores gasten “10 por ciento de sus ingresos en consumo del agua; pagan 25 centavos de dólar por 380 litros de una pipa”.
Inquirí al diputado Armando Soto, de Ciudad Neza, también afectada por la “cultura de las pipas”. Me comentó que los dos principales problemas de su distrito eran la inseguridad y la carestía de agua. Llama la atención la abultada brecha de los precios de las pipas entre Iztapalapa y Ciudad Neza/ Texcoco.
Al circuito Iztapalapa/ Texcoco/ Chalco/ Neza lo bauticé la “Bolivia mexicana”, susceptible de revueltas por sed (https://goo.gl/hRkDvp), en lo que ahondé en mi libro Guerras globales del agua: privatización y fracking (https://goo.gl/9Rr4ph)”.
El “México neoliberal itamita”, al unísono del gobierno de la Ciudad de México, que recibió 10 mil millones de pesos por el Banco Mundial (BM) para privatizar en forma subrepticia el agua, se paralizó sin creatividad en la fétida “ley Korenfeld” de la disfuncional Conagua (http://goo.gl/OC7rm7).
MK critica en forma correcta que “el gobierno federal mexicano se plantea construir un enorme aeropuerto en el lecho seco de un lago, precisamente el peor lugar para su construcción (Texcoco)”.
El problema del extenso reportaje del NYT es que se clavó a entrevistar a impresentables personas vinculadas a George Soros, a la Fundación Rockefeller, y al depredador cártel inmobiliario de la Ciudad de México. Peor aún: en el insípido y poco potable Consejo Consultivo del Agua en México aparecen accionistas del NYT, cuyo interés confeso radica en privatizar el “oro azul (https://goo.gl/qLYgBL)”.
Ya había advertido el año pasado que el “BM, Morgan Stanley, Citigroup e Israel” se encuentran “detrás de la privatización del agua en México (https://goo.gl/95ynQy), en lo que colabora NYT, a destiempo con su “filantropía”, a sabiendas de la ruina económica del “México neoliberal itamita” en la aciaga Era Trump.

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