El reciente caso del socavón en el libramiento exprés de la carretera a Acapulco que pasa por Cuernavaca, pareciera ser, aunque no dudo que surjan aún otros casos más escandalosos antes de que termine este anecdótico sexenio del señor Peña Nieto, el colofón de un gobierno marcado indeleblemente por el sello de la corrupción a todos los niveles, al grado de que su indiscutible líder haya expresado en 2014 la tesis filosofal de que “la corrupción es un asunto cultural”, no sé si queriendo justificar que será mucho muy difícil erradicarla (faltó que reconociera que él ya fue vencido por esa tentación), o anticipando el carácter omiso de su gobierno respecto de este peliagudo asunto.
La maquinaria que posibilita la corrupción es intrínseca al sistema político mexicano, conozco muy pocos políticos que estando en un cierto coto de poder, no lo hayan utilizado para su beneficio personal o el de sus más cercanos familiares y/o colaboradores, o también en el caso de que uno de ellos fuese las dos cosas al mismo tiempo.
Llevan demasiados años puliendo las formas, leyes, instituciones, empresas, asociaciones y reglamentos mediante los cuales se aseguran que las principales tranzas que realicen, no serán descubiertas, nadie las mencionará en espacios públicos, y por ello será posible el que a pesar de haberse hecho de una nada despreciable fortuna, hasta se les organicen “homenajes” por su labor de beneficio a las grandes mayorías, aunque las estadísticas (aún las oficiales), acaben contradiciendo lo expresado en tales homenajes, y dando pie para que su sucesor tenga materia de trabajo en la elaboración de un nuevo plan de gobierno que vendrá a resolver todo lo que el anterior dejó pendiente, aunque nunca se le mencione por su nombre. Vean si no está sucediendo eso con el gobernador actual Fayad, en relación a lo que hizo y dejó de hacer su antecesor Olvera.
Pero si alguien osara denunciar alguna de sus múltiples tranzas (o nuevas alianzas), para ello cuentan con un estupendo aparato represor legaloide, político y represivo, que va desde los jueces, los diputados locales o federales, pasa por los organismos leales a su gobierno como la mayoría de los dueños de periódicos y medios de difusión masiva, los líderes empresariales y sindicales, y llega hasta los cuerpos represivos formales (policía, ejército y armada), y los no oficiales, como los que han estado secuestrando y asesinando a tantos periodistas críticos en los últimos 20 años.
Este ambiente abruma, desanima, enoja, encabrona, porque a pesar de que ya no pueden ocultar siempre sus tranzas, estas, en el peor de los casos para ellos, recibirán un castigo leve como está por suceder con el exgobernador de Veracruz y como ha sucedido con tantos y tantos expolíticos enriquecidos hasta el hartazgo, sin que los toque jamás la justicia.
En algún momento se llegó a decir que había que poner a dirigir las estructuras políticas del país a empresarios, quienes teniendo ya hecha una fortuna, no necesitarían robar, o al menos, no robarían tanto. El empresario que fue presidente municipal de Pachuca en el periodo anterior, no se cuidó de hacer tal cosa, y así ha habido bastantes más que utilizan el cargo público para engrandecer sus cuentas bancarias, no importa que ya sean gigantescas, siempre es posible aumentarlas aún más, no tienen llenadera.
Las opciones para quienes vivimos de nuestro trabajo exclusivamente, y que padecemos la rapiña de algún funcionario, empresario, líder eterno, u otro tipo de vivales, y que quisiéramos que la justicia fuese mucho más pareja en este país con más de la mitad de su población en la pobreza, será la organización autónoma a partir de defender nuestro intereses muy concretos, como ya lo hacen comunidades en varias partes del país, organizaciones de colonos o de campesinos que se han hartado de seguir esperando a “alguien” que los ayude. La cosa no es nada sencilla, pero no veo otra opción cercana.

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Integrante de la generación estudiantil 1968-1972 en el IPN. Formado en la izquierda crítica del trotskismo. Defensor de la interpretación científica del mundo, profesor de matemáticas y admirador del arte creado por la naturaleza.