Existen dos maneras de animar una conversación con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador; según lo argumenta Enrique Krauze, el hablar de beisbol o hablar de Tabasco lo apasiona igual que la historia de México. Un hombre como López Obrador se diferencia por conocer y emplear la historia para poder justificar y entender el presente que vive, no solo el mundo, Tabasco o México, sino también su propia vida. El cómo se desarrolla tanto psicológicamente como emocionalmente es sorprendentemente ligado a la historia.

Andrés Manuel López Obrador, nuestro presidente electo, no es un lego en historia, queda claro que ha leído muchos libros acerca del tema y que tiene un buen empleo de los conocimientos obtenidos a lo largo de esas lecturas. Para López Obrador todo lo que México necesita y requiere para su futuro está en su pasado milenario y trascendente. “La cosa es simple, hay que ser como Lázaro Cárdenas en lo social, como Benito Juárez en lo político y emular una honestidad y principios democráticos como Francisco I Madero”.

Lázaro Cárdenas fue un presidente popular, de temple suave, pacífico y moderado, tan silencioso y ajeno a la retórica que lo apodaban la Esfinge, en la década de 1930 repartió 18 millones de hectáreas entre un millón de campesinos. Cárdenas fue un constructor interesado en los detalles prácticos, quiso que los campesinos llegaran a ser autónomos y prósperos mediante la organización ejidal colectiva o a través de la pequeña propiedad, ambas apoyadas por la banca oficial.

Obrador se manifiesta como un gobernante popular de temple rudo, combativo y apasionado, orador incendiario, su vía para emular a Cárdenas consistió en ofrecer, cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México, un abanico de provisiones gratuitas, entre ellas el reparto de vales intercambiables por alimentos, equivalentes a 700 pesos mensuales, a todas las personas mayores de 70 años.

La gestión de Lázaro Cárdenas coincidió con el ascenso del nazismo europeo. Se enmarcó en una época en que, para amplios sectores intelectuales y políticos de occidente, el socialismo soviético constituía una alternativa al capitalismo occidental. Por eso, en tiempos de Cárdenas la educación oficial en México era socialista. De hecho, tras la expropiación petrolera, Cárdenas fue el precursor de la industrialización en México y para ello fundó el Instituto Politécnico Nacional, logros socialistas que sus detractores quisieron destruir e incluso se aglutinaron formando un partido político (PAN) para lograr hacerle contrapeso a las ideas revolucionarias.

A diferencia de Cárdenas, que prácticamente era la Esfinge, alías por el que se conocía al general, Obrador es un orador, simplemente no se queda callado y se impregnó del conflicto social de la lucha de clases, marxismo puro. Sus enemigos eran los enemigos del pueblo, “los de arriba”, los ricos, los “camajanes”, los “machucones”, los “finolis”, los “exquisitos”, los “picudos”. La palabra dinero era necesariamente sinónimo de abuso, de inmoralidad, de ausencia de decoro, de impureza. “Vamos a establecer –profetizó– una nueva convivencia social, más humana, más igualitaria, tenemos que frenar a esa corriente según la cual el dinero siempre triunfa sobre la moral y la dignidad de nuestro pueblo”.

Ahora que llegó a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador modifica su radicalismo legendario y percibe que México necesita un cambio, la retórica radical la modificó por una de conciliación más al estilo de Francisco I Madero, aquella de tregua entre todos los connacionales para poder vivir mejor, en paz y con una marcada solidaridad. Son tiempos de conciliación donde se requiere una bonanza pacifica ante tanta desgracia en el país.

El proyecto nacional de Lázaro Cárdenas se enmarcó siempre en los paradigmas de la Revolución mexicana: por eso marginó a los comunistas prosoviéticos de la CTM, asiló a Trotsky, y dejó el poder en manos del moderado Manuel Ávila Camacho, más no del radical José Múgica.

Sería aventurado, e incluso insolente, poder dar un pronóstico de lo que será la sucesión presidencial después de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y más cuando aún no inicia su mandato. Sin embargo, siguiendo la línea de Cárdenas, es probable que postule y apoye un candidato moderado y no radical como en su momento lo hizo el general; claro que al final el pueblo dará el veredicto. Recordemos que el guion que sigue Obrador es apegado a la historia nacional y básicamente a personajes en particular: Juárez, Madero y Cárdenas.

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