La crisis por la pandemia del coronavirus (Covid-19) apenas asoma sus narices en México. Lo que estamos viendo en otros países que se encuentran en una fase más aguda del problema como Italia, España, Estados Unidos, e incluso Ecuador, es una ventana a lo que podríamos vivir como nación en unos ocho o 10 días, según advierten especialistas. Por eso la insistencia de las autoridades respecto al “quédate en casa”. Su temor es que el número de contagiados colapse nuestro frágil sistema de salud. Hoy mismo, cuando apenas vemos los primeros efectos de la pandemia, comienzan a aflorar señales de un eventual colapso. Ayer mismo en Pachuca un grupo de trabajadores del hospital general exigió contar con el material de apoyo necesario para enfrentar la contingencia. Y no pidió un gran equipo, pidió lo básico: batas, cubrebocas, guantes. Si hoy, cuando en Hidalgo apenas hay 26 pacientes confirmados ya se resiente la falta de equipo, ¡imaginemos cuando haya cientos de contagiados! Muy probablemente va a colapsar el sistema de salud estatal, lo cual nos debe llevar a prepararnos, sociedad y gobierno, a una guerra contra un enemigo invisible que nos va a poner contra la pared, en una crisis de la que no tenemos antecedentes en la historia reciente. Hoy, cuando apenas comienza abril, es tiempo de armarnos con todo lo necesario: equipo médico, reconfiguración de hospitales, personal especializado, y sobre todo lo más barato: la prevención. De filón. La crisis sanitaria es una, pero también viene un auténtico terremoto para la economía. Y uno de los sectores que ya padece la parálisis es el hotelero. Tan solo en la entidad se ha desplomado la ocupación 90 por ciento, en plena víspera de Semana Santa.

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