Los problemas que vivimos ahora asumieron una relevancia insólita, pero su visibilidad no parece ser igual para todo mundo. Esto debido a los marcos de referencia a partir de los cuales construimos nuestros argumentos. Esto quiere decir que no es lo mismo hablar del problema de los empleos hoy que hace 50 años; o bien, no es igual referirnos a un incendio forestal como el de Australia en la actualidad, comparado en cómo lo hacíamos hace 60 años. Por lo que hablar de un fenómeno ahora no es lo mismo que a mitad del siglo pasado. Aquí sostenemos la que a continuación presentamos.

Lo que cambió, en mi modesta opinión, que tomo de especialistas en el tema, es que vivimos lo que algunos académicos, ambientalistas, politólogos e intelectuales críticos llaman “crisis de la civilización”. El concepto civilización surgió, igual de acuerdo a sociólogos como Norbert Elías, como parte de costumbres que hace siglos dominaron el escenario de las cortes reales. Más tarde se le dio un tinte diferente. Primero quería decir algo así como prácticas de hombres y mujeres civilizados, más tarde las potencias colonizadoras lo asociaron a sus acciones “civilizadoras” de coloniaje.

Sin en el pasado el civilizado era el que sabía tomar una cuchara y llevarse la comida del plato a la boca, sin escupir debajo de la mesa ni sonarse la nariz con el mantel o su camisa, no moverse en la silla porque daba a entender que se echaría un pedo, su significado posterior asumió uno totalmente distinto. Y no es que las reglas no fuesen en aquel tiempo formas de introducir diferenciaciones entre la corte y el pueblo, lo eran, pero el matiz que tomó la palabra civilización incrustó un valor más asociado a la idea de trasladar la civilización al ámbito de las relaciones entre las diversas capas de la población y las naciones incivilizadas.

En el caso de las naciones que construyeron la narrativa civilizatoria (Francia, entre las más relevantes, Alemania e Inglaterra, destaca Elías), la idea de civilización no sólo era un término que distinguía a las capas elevadas de la sociedad, también en un momento determinado se le dio el sentido de una especie de tarea nacional con respecto a ciertas capas de la sociedad consideradas incivilizadas. Es decir, la civilización implicaba llevar prácticas a toda la población ya no solamente en términos de asuntos de la mesa, sino también abocados a otros aspectos como la educación, salubridad, uso del lenguaje, de la relación entre sexos, etc.

, entre otros factores.

Se trata de una construcción social (el concepto de civilización) en el contexto de la Europa de mediados y poco después del milenio que recién acaba de concluir, y en ese marco debe comprenderse. Es decir, se construye una narrativa civilizatoria que más tarde no solamente abarcaría los aspectos de las relaciones locales, sino que serviría para llevar a cabo la más infeliz acción de unos seres humanos contra otras, la conquista de naciones y masas humanas, que con el tiempo fueron colocadas como inferiores y subdesarrollados, salvajes según los comics del pato Donald (Mattelart, dice).

Ese tono civilizatorio de carácter colonial se acentuó más a partir de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El lenguaje colonial por supuesto siempre permaneció oculto, como ahora: se le asocia con las capacidades tecnológicas de un pueblo, como es el caso de los países que han asumido un liderazgo tecnológico como los Estados Unidos. Un pueblo civilizado es un pueblo que tiene a su alcance en disfrute de los bienes y servicios propios de los avances de la cultura, entre ellos: acceso a una buena educación, tecnologías en el hogar, bienes culturales como la música, la pintura, entre otros.

Es esa civilización la que entró en crisis. Aquí hemos hecho una referencia hermenéutica del término al estilo que nos ofrece Elías. Históricamente, tiene que ver con su origen allá entre las primeras civilizaciones que le dieron fundamento a la cultura occidental, que nos llegó por la conquista. Hablamos de las civilizaciones egipcias, sumerias, babilonias, de los fenicios. Claro que, en la visión occidental de la historia, solamente ingresan las ahora naciones o países que se acumulan en la cadena histórica de ellos.

Otra vez, esa cultura es la que está en crisis y no es posible continuar por la ruta que ha marcado en los últimos mil 500 años, por lo menos. Continuar por la ruta sin mirar otras sendas sin duda representará un asunto de vida o muerte. Decían los revolucionarios rusos que el siglo XX sería el siglo de las revoluciones, sin saber en qué terminaría, pero ese es otro asunto. El siglo XXI será, por otro lado, el siglo en el que la humanidad decidirá si continúa caminando por las vías de la autodestrucción o decide una nueva senda.

Se instaló en el mundo una estructura financiera mundial, lo hizo y lo hace en torno a sus intereses sin asumir responsabilidades, como en el pasado, aunque fuera parcialmente, con la población local. La estafeta de la economía mundial la han empezado a tomar chinos y otras naciones no occidentales. Aunque el eje de la economía se traslade a Asia, la política económica está bajo la misma lógica. El desastre humano que nos dejaron es, dependiendo de cómo se mida, la mitad de la humanidad o más viviendo entre la vida y la muerte, entre la pobreza y el hambre.

Si no cumplieron con algunos de los propósitos propagandísticos de la promesa civilizatoria (probablemente bien intencionados) y el sentido de la irradiación de la cultura en el mundo fue más bien de coloniaje. La economización de la naturaleza ha terminado en un desastre ambiental. La capa de ozono, vital para la existencia humana, como consecuencia de la emisión de gases de efecto invernadero (que incrementa la temperatura del planeta), según el premio nobel Mario Molina, ahora tiene un hoyo que de ampliarse pondrá en riesgo la vida total.

Las ecotecnologías no tienen un sentido diferente de la lógica del capital, del uso de recursos naturales de manera indiscriminada, contrarias al interés humano. Por supuesto que pueden disminuir parcialmente el impacto de la crisis ambiental, pero de fondo no cambia la lógica y menos la crisis humanitaria Ahí está el ejemplo de los autos eléctricos y el uso del litio. Los mayores yacimientos mundiales de litio en el norte pueden terminar con la misma historia del petróleo.

Los recientes incendios en el Amazonas, California y Australia, muestran más evidencias de la crisis ambiental, qué esperamos… Ahora el empleo o el progreso deben verse con otros ojos.

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