Hasta el cierre de esta edición, la crisis política en el Congreso local, y por ende en la entidad, continuaba. La bancada de Morena, presidida por su coordinador Humberto Veras Godoy, mantenía su postura de impedir que se reanude la sesión que quedó suspendida desde la tarde del pasado martes. El entuerto, recordemos, se debe a la elección del nuevo coordinador del Congreso, que el PRI y sus aliados (PAN, PRD, PT y PES) pretenden que sea la priista Luisa Pérez Perusquía, mientras que Morena y un diputado de Nueva Alianza buscan que sea Humberto Veras. Esta situación anómala tiene su origen en la famosa reforma a la ley orgánica del Congreso local que aprobó la pasada legislatura a escondidas y que hoy tiene al Legislativo en un estado de impasse. Una salida, que plantea el grupo morenista, fue buscar que el Senado declare la desaparición de poderes, como una forma de “resetear” la vida política de nuestra entidad, hoy entrampada por el desacuerdo. Una opción que, de tan radical, obligó al coordinador de la bancada de Morena en el Senado Ricardo Monreal a decir que buscará dialogar con el gobernador Omar Fayad antes de comenzar con un proceso de desaparición de poderes, cuyas consecuencias ni siquiera imaginamos. Para ello, dijo el exgobernador de Zacatecas, buscaría un encuentro con el mandatario hidalguense la misma tarde de ayer, aunque hasta el cierre de esta edición esto no había sucedido o al menos no se había hecho público. ¿Cuáles son las salidas para desactivar esta crisis? En primer lugar, el PRI debe aceptar que el voto mayoritario no le favoreció en la pasada elección y ceder el lugar a la fuerza política que sí lo obtuvo: para eso es el voto popular, de lo contrario estaría sustituyéndose por un mecanismo legaloide que fabricaría una nueva mayoría artificial para los partidos que fueron rechazados en las urnas. Y por otro, la bancada de Morena debe mostrar mesura por cuanto a que aún hay opciones que agotar antes de ir a una aventura que puede resultar contraproducente para nuestra democracia. De filón. La corrupción y la falta de rendición de cuentas son flagelos que dañan a largo plazo. Si no lo creen, que pregunten en el ayuntamiento de Mineral de la Reforma, donde todavía siguen pagando los platos rotos que dejó el exalcalde priista Filiberto Hernández Monzalvo.

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