A la par de la importante transición política que vivimos en México, se llevan a cabo cambios de programas, conductores y de líneas editoriales en medios de comunicación.

En el caso de la radio, las decisiones han sido notables e inesperadas, luego de un sexenio de censura y autocensura en el que, salvo excepciones, Peña Nieto y su gobierno tuvieron un trato periodístico acrítico, complaciente, zalamero.

Primero fue la reincorporación, en octubre, de la periodista Carmen Aristegui, a quien Grupo Radio Centro (GRC), de la familia Aguirre, le abrió las puertas para la transmisión de su noticiario matutino “Aristegui noticias”. Un mes después, el reconocido periodista de la revista Proceso Jenaro Villamil, autor de diversos libros críticos sobre Peña Nieto, fue invitado a conducir un noticiario vespertino, “Villamil informa”, en el grupo Radiodifusoras Asociadas (Rasa), propiedad de la familia Laris. El primero de diciembre, Víctor Trujillo y su personaje Brozo se integró a la estación Aire Libre, del empresario Eduardo Henkel.

Hace algunos días, trascendió que otro destacado periodista del periódico La Jornada, Julio Hernández López, también tendrá, en enero, un programa de noticias y análisis en Radio Centro 97.7, de GRC, donde ya se transmite el noticiario de Carmen Aristegui.

La llegada de Julio Astillero, como también se le conoce, se anunció días después de que el periodista Carlos Loret de Mola dio a conocer a través de Twitter que su programa “Sin anestesia” salía del aire de otra de las emisoras de GRC, Universal Stereo. Ayer, en la misma red social, Julio precisó que la invitación para integrarse al grupo radiofónico es anterior a lo ocurrido con el periodista de Televisa.

Loret de Mola, a su vez, vuelve a W Radio, en el espacio vespertino que dejó vacante su compañera de Televisa Ana Francisca Vega, por lo que no dejará de tener una presencia en la radio, además de la que ya tiene en el canal de televisión de mayor cobertura y audiencia en el país.

Esos reacomodos y otros que muy probablemente se concretarán en los próximos meses son consecuencia de los resultados electorales. He sostenido que si el PRI hubiese continuado en el poder, difícilmente se habrían abierto las puertas de la radio comercial e incluso de la radio pública a quienes no dejaron de denunciar la corrupción en el gobierno de Peña Nieto y los gobernadores de su partido político. Aristegui, Villamil, Julio Astillero y otros colegas formaban parte de ese grupo de “periodistas indeseables” para los responsables de manejar las riendas del país en la administración anterior.

Ahora estamos en un escenario distinto. Críticos del peñismo, que apoyaban directa o indirectamente a López Obrador son bienvenidos en los medios tradicionales. Esa apertura se ha interpretado como un acto que busca complacer a los nuevos gobernantes.

Los papeles, en su opinión, se han invertido y eso explica la salida de periodistas que no simpatizaban con López Obrador, pero apoyaban por conveniencia, por convicción o por presiones comerciales (publicidad gubernamental) a los gobiernos de Peña Nieto, de Calderón y de Fox.

Suena lógico, pero la situación es más compleja. La mayoría de los periodistas y comentaristas de la radio que han sido muy críticos de López Obrador, como candidato y ahora como presidente de México, siguen al aire. La diferencia es que ahora tendrán que compartir micrófonos con periodistas y comentaristas que no tuvieron las mismas oportunidades de hablar en la radio, justo por denunciar la corrupción de los gobiernos del PRI, del PAN, o bien porque coincidían con las posiciones de López Obrador. De igual manera, los que antaño marcaron distancia con Peña Nieto podrían seguir siendo distantes con el nuevo presidente, como lo han demostrado varios de los periodistas mencionados.

Política y tecnología

El contexto político favorece una cuarta transformación de la radio, en la que se está en posibilidades de ejercer una mayor libertad de expresión, con periodistas cercanos o alejados y críticos de López Obrador o del presidencialismo, con usuarios de redes sociales que participan e interactúan con quienes producen contenidos en la radio, y en general, en los medios de comunicación tradicionales con el uso de aplicaciones y diversos recursos audiovisuales, tales como las transmisiones en tiempo real en Youtube o Facebook para ampliar las posibilidades de la comunicación e información, así como por el nacimiento y expansión de la radio digital (HD radio).

La primera transformación de la radio fue con el nacimiento de la XEW y la expansión del medio como industria en la llamada época de oro; la segunda transformación vino con el desarrollo de la FM, el uso masivo del disco compacto y la creación de las “rocolas” de 100 mil watts en las décadas de 1960 y 1970, con reducidas posibilidades para el periodismo crítico e independiente; la tercera transformación se forjó en la década de 1980 con el “boom” de los noticiarios de larga duración, con José Gutiérrez Vivó como uno de sus principales exponentes, la paulatina apertura del medio a los partidos de oposición y el inicio de proyectos juveniles como “Rock 101”.

La cuarta transformación se ha postergado. Si bien la radio ha sido impactada por la revolución tecnológica y por la transición democrática de la década de 1990 y del nuevo siglo, no se habían generado las condiciones óptimas para un cambio de mayor magnitud que representara una nueva época, ello porque continuaban los viejos mecanismos de censura y de reglas no escritas. A mí parecer que ahora sí es posible, pese a quienes consideran que México regresa a la década de 1970.

El recorte del gasto en la publicidad gubernamental, la decisión política del nuevo gobierno de no intervenir en las líneas editoriales de los medios de comunicación, las diferencias ideológicas y políticas de empresarios de la radio –creados bajo el cobijo del PRI– con el gobierno de AMLO y su partido Morena, la obligación de producir contenidos atractivos y noticiarios con mayor credibilidad para atraer nuevas fuentes de financiamiento (ya no solo del gobierno) y conservar a las audiencias, así como la necesidad de ser competitivos y mantenerse como una opción en el complejo ecosistema mediático, multiplataforma, son factores clave para la nueva época de la radio.

Los enroques, contrataciones, salidas y llegadas de conductores y periodistas en la radio, junto con el inicio de transmisiones de estaciones de nuevos jugadores, como Aire Libre, son un elemento de la transformación que podría concretarse. Está ocurriendo en algunas emisoras comerciales y así deberá suceder en la radio pública. De ahí la importancia de tener una buena política pública que dignifique a los medios públicos y los coloque como actores fundamentales en el Estado Democrático que todos debemos construir. Por ello, es inaceptable, como se pretendió, dotar a la Secretaría de Gobernación de la facultad para proveer el servicio de radiodifusión pública. La radio pública también debe ocupar un papel protagónico en la cuarta transformación.

@telecomymedios

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