¿Quién está detrás de la desaparición de dos personas y el asesinato de una más, el 15 de octubre en Bomintzhá? ¿A dónde y por qué se llevaron a Domingo León López y a Rodrigo León Hernández, padre e hijo? Quizá las mafias de la construcción tengan una respuesta, o al menos sepan la raíz del conflicto cuyas dimensiones avanzan conforme transcurren los días. Las protestas escalan en el resto de la entidad y la zozobra carcome a las familias de las víctimas. Ayer, transportistas provenientes de distintas regiones del estado y otras entidades vecinas estrangularon carreteras y el centro de Pachuca quedó hundido entre las máquinas de acero. Un conflicto entre sindicatos de transportistas que se dedican a explotar cantera en la localidad Bomintzhá, en Tula, provocó un enfrentamiento que dejó como saldo una persona muerta, una mujer herida y varios vehículos quemados. Desde entonces, dos personas no han sido localizadas. El conflicto, según fuentes extraoficiales del gobierno del estado, tiene su origen en la las truculentas operaciones de un consorcio constructor que de manera inequitativa reparte viajes de materiales a los transportistas agremiados a un mismo sindicato. Eso provocó que el 15 de octubre durante la toma de protesta de un colectivo incorporado a la misma agrupación, se desatara el miedo y la intimidación en Bomintzhá. En este entramado de violencia y corrupción queda en medio el papel de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que agrupa a los sindicatos de transportistas en pugna. El sempiterno líder esa central obrera sindical Jesús Priego Calva tiene mucho qué explicar en este caso que amenaza con escalar si las autoridades no dan celeridad a la búsqueda y localización de las dos personas desaparecidas desde el día de la refriega. La figura de Priego Calva, por cierto senador por Hidalgo, es sinónimo del rancio sindicalismo charro que por años alimentó el Partido Revolucionario Institucional. ¿Dónde está el líder cetemisma en esta nueva crisis de seguridad? Él seguramente sabe, mejor que nadie, que la culpa es de la corrupción. De filón. Lo dicho, el reciente proceso electoral fue una decisión suicida. ¿Cuántos muertos cargará la conciencia de Lorenzo Córdova y compañía?

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