La mañana de ayer un estudiante de un colegio privado en la ciudad de Torreón, Coahuila, realizó un tiroteo en su escuela, el cual tuvo como saldo la muerte de dos personas (la maestra del menor de edad y el propio alumno), mientras que otras seis resultaron heridas. Dentro de las indagatorias e hipótesis realizadas por las autoridades coahuilenses destacó la declaratoria del gobernador de ese estado Miguel Riquelme Solís de que un videojuego fue la principal influencia para la realización de ese trágico hecho.

La noticia alcanzó amplia notoriedad en medios nacionales y extranjeros dada su mayor proximidad a los tiroteos en escuelas de Estados Unidos que a la ola de violencia e inseguridad que vivimos a diario, por lo que las principales empresas de información en el país brindaron una extensa cobertura a lo largo de la jornada, y manejaron también el supuesto papel de los videojuegos como principal material de inspiración en el crimen.

Considero que culpar a los videojuegos por eso es la forma más superficial de tratar el tema. Logro comprender que el gobernador Riquelme Solís haya declarado de tal forma ante la falta de información a su disposición, así como también el rol de algunos medios que replicaron lo dicho. Sin embargo, resulta trivial e incluso irresponsable brindar esa clase de supuestos cuando no tienen los argumentos para fundamentarlo, en especial cuando hay factores de mayor peso, como la naturalización de la violencia que incide en el comportamiento de un ser humano. Como decimos coloquialmente, esos comentarios solo buscan “tapar el Sol con un dedo” ante una problemática que resulta más grande, más profunda y que sí, nos atañe a todas y todos.

De acuerdo con la firma Newzoo, dedicada a la divulgación sobre tecnología, en México existen poco más de 55 millones de videojugadores, cuyo rango de edad oscila entre los ocho y los 40 años de edad, además de que el sector de mayor crecimiento en el rubro son mujeres. Si tomáramos como cierta la idea del gober y de su equipo de investigación, podríamos decir que casi la mitad de la población nacional padece tendencias homicidas solo por entrarle al Candy Crush, Call of Duty o Mario Kart. No obstante, existen varios estudios en Estados Unidos, Inglaterra y Japón, al igual que de universidades como Oxford, que han mostrado que la naturaleza de crímenes como el que ocurrió ayer en Torreón no posee relación con los videojuegos, sino responde a otros factores como el medio y las relaciones sociales en los que las personas se desenvuelven.

No podemos negar que dentro de la enorme oferta que nos ofrecen las industrias culturales, llámense videojuegos, películas, música, series, historietas y un largo etcétera, brindan narrativas donde representan al crimen de diversas maneras, sin embargo, eso es una consecuencia de una naturalización y “romantización” de la violencia que experimentamos a diario aquí, en el mundo real. Ante ello, antes de culpar a los videojuegos por lo ocurrido en Torreón, quizá sería más conveniente cuestionarnos qué factores dentro de la casa, la escuela, los amigos, la familia y de nuestra sociedad incidieron para que un menor de edad actuara de tal forma.

El tiroteo de Torreón es un caso grave y que duele, al igual que el narcotráfico, los feminicidios, la trata de personas, los casos sobre pederastia, los asaltos, robos y secuestros cada vez más frecuentes, los desaparecidos políticos y una larga lista que se sigue sumando a la crisis de inseguridad que azota al país. Exigimos al gobierno en sus diferentes órdenes actuar para revertir esta situación que nos devora de la manera más cruel posible, así como la suficiente capacidad de reflexión para evitar chivos expiatorios que, lejos de exhibir eficiencia, revelan su incompetencia para mejorar al país. La culpa no es de los videojuegos.

@Lucasvselmundo
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