El trabajo en la danza es un tema que ha propiciado la creación de múltiples espacios dialógicos y de proyectos como la incipiente Ley Federal de Artes Escénicas; no obstante, esas actividades requieren la conjugación de la investigación (la cual fundamente la toma de decisiones) y ejercicios de reflexión por parte de quienes conforman el campo de la danza en México. En ese sentido y para apoyar la discusión sobre el tema, es que estas líneas se elaboran.

Desde un punto de vista sociológico, la danza como trabajo no clásico implica la producción subjetiva de símbolos que son recibidos de forma inmediata o mediata por el espectador. En ese proceso de producción, el producto posee características como: fisicalidad, intangibilidad (no es accesible al tacto, pero sí a través de la complejidad sensorial), y materialidad; anotar que esta última característica se vincula de forma inmanente con la temporalidad. Cabe decir que la temporalidad debe comprenderse en un sentido filosófico como concepto abstracto, material y desde su potencial político.

Antes de continuar, se requiere describir la danza que es: encarnación, con cualidad física, implosión material, retroalimentación con el ambiente y viceversa, nudo entre fuerzas contradictorias y potencial político. Potencial político, en cuanto el cuerpo se presenta como el primer espacio de enunciación del sujeto a través del cual es y se manifiesta en la realidad; posteriormente, una vez que se habita el cuerpo desde la complejidad de la práctica dancística, este se vuelve un medio para la construcción poética y ética del sujeto que danza.

Bojana Kunst nos lleva a expandir el concepto de lo político y comprenderlo como la suma de diferentes fuerzas materiales que se concretan en contextos macropolíticos y contextos micropolíticos. Lo micropolítico como referencia al espacio donde se reconocen las oposiciones políticas existentes y que tiende a la universalización; y en oposición, el micropolítico, que muestra la singularidad de las danzas para la enunciación política y con ello la aceptación de una triada: contexto político/artista político/arte político.

Aceptar el potencial político de la danza, lleva consigo pensar la condensación temporal que produce la danza, que se contrapone a la aparente brevedad de la danza. Es decir, además de la explicación sociológica sobre las posibilidades de almacenamiento y venta del producto; la filosofía de la danza permite expandir esta premisa, a partir de pensar que la danza debe dejar de existir brevemente y prolongarse para lograr de forma completa la existencia pura a través de la experiencia; es decir, para Kunst es intensidad temporal como condensación de fuerzas sensuales, materiales y perceptivas, y con ello, la subversión del tiempo lineal.

Esa aprehensión del tiempo posee otra característica: la inmediación de compartir (Kunst, sf). Es decir, la temporalidad se contrapone al concepto predeterminado del tiempo, permitiendo así habitar el tiempo desde su complejidad, desde este cuerpo político; o más bien, cohabitando el espacio, desde los cuerpos políticos, inscritos en contextos micropolíticos, acercándonos a una apuesta por la construcción singular compartida, compartición del tiempo y de la danza. Comprender la temporalidad de la danza en este sentido y utilizándola como metáfora para comprender el trabajo permite hacer frente a las circunstancias laborales en la danza (ausencia de derechos laborales, bailar sin seguro médico, considerando lesionarse es una situación latente, salarios reducidos o ausencia de este, entre otros).

danza


Referencia: Kunst B (sf). The troubles with temporality: Micropolitics of performance. Stedelijk Studies, pp 1-10

Comentarios