La decencia: constituye aquel valor que nos hace conscientes de la propia dignidad humana; a través de él, los sentidos, la imaginación y hasta el propio cuerpo, son resguardados de la crítica como forma de la devaluación del otro, no como algo constructivo, incluso llega a la morbosidad y el uso promiscuo de la sexualidad, y no soy mocho.
Si una persona, sociedad, abandona ese valor como guía para su vida, de seguro sufriría una transformación tanto en su personalidad como en su vida social; de seguro se volcaría a la búsqueda del placer mundano y continuo, muchas de sus conversaciones aludirían al insulto de la autoridad en la sinrazón, al tema sexual despeñado; continuamente buscaría algo que estimule de manera instantánea su imaginación y sentidos (revistas, películas, Internet, entre otros); portaría una mirada inquieta, se enfocaría en personas físicamente atractivas.
En realidad, la persona se torna superficial, en vez de considerar como importantes los aspectos humanos de las personas (inteligencia, cualidades, sentimientos); hoy, desgraciadamente ya la presencia y el aspecto físico se tornan valores fundamentales que estructuran su vida, los afectos ya no importan, o casi no, pero los aspectos que vienen de la formación, de casa pues, no de educación “escuela”.
En otro sentido, faltar a la decencia produce que las relaciones interpersonales y sociales se tornen inestables y poco duraderas, fundamentadas solo en la búsqueda de placer o dineros, con una falta de compromiso y responsabilidad en la construcción de un núcleo maduro y sólido. Por eso no debe sorprendernos la falta de juicio de la sociedad civil a la autoridad, así como, en lo personal, el aumento de infidelidades y divorcios; jóvenes que cambian de pareja con mucha facilidad, madres solteras, orfandad…
En la actualidad, la posmodernidad sustenta un modelo basado en el predominio de lo estético frente a lo ético y, como consecuencia, en determinadas empresas el poseer un buen físico y poca calidad moral, son los requisitos para obtener un empleo, debido a ello, muchas son las mujeres que pierden “estupendas” oportunidades de trabajo, por vivir la decencia, por no permitir que se abuse de su condición. ¿Políticas empresariales? Seguramente, toda empresa posee cierta política con respecto al perfil de trabajador que desea, y ese patrón se traslada hacia el departamento de recursos humanos.
Por el contrario, al vivir ese valor se garantiza la unión y estabilidad social, la de un país, la familiar, los jóvenes descubren que la verdadera realización personal no se alcanza con la satisfacción de los placeres, sino a través del desarrollo profesional, el trabajo y la formación intelectual; y socialmente las personas no tendrían que preocuparse de la calidad moral de los ambientes que las rodean.
En medio de un ambiente que parece rechazar las buenas costumbres y se empeña en cerrar los oídos a toda norma moral, emerge la personalidad de quien vive el valor de la decencia: una con forma de vestir discreta, con buen gusto, elegante si lo amerita la ocasión; sus conversaciones no tienen como tema principal el desdeño de la autoridad per se, ni el sexo; en su compañía no existe la incomodidad de encontrar miradas obscenas; su amistad e interés son genuinos, sin intenciones ocultas y poco correctas.
Esta personalidad en ningún momento se asusta ante la adversidad ni la sexualidad humana, se puede afirmar que la conoce y entiende con mucha más perfección que el común de las personas. Ahora bien, su propósito no es fingir que no tiene inclinaciones sexuales, les da su lugar, su importancia; ha decidido que lo más valioso del hombre se alcanza a través del entendimiento, el autodominio, el trabajo, el diálogo, el respeto a las instituciones y la sana convivencia con sus semejantes.
La persona decente demuestra la integridad de su conducta, cuida que no existan interpretaciones equivocadas con respecto a su comportamiento, aunque trata a todas las personas con respeto y cortesía, evita las compañías cuya conducta es incompatible con su formación.
Para vivir mejor el valor de la decencia, puedes considerar como importante:
*Respeto por los demás. Cuida que tu mirada no ofenda o incomode a las personas.
*Tu educación y principios no bastan para vivir decentemente. La decencia debe cultivarse cotidianamente.
*Cuidado al dirigir tu mirada hacia los otros: evita observar con insistencia a las personas, esto siempre demuestra intenciones poco honestas.
*No basta ser decente, es necesario actuar como tal, esto es la decencia, se demuestra a través de las acciones.
La persona que se preocupa por vivir el valor de la decencia en los detalles más mínimos, despierta confianza en los que lo rodean, por la integridad de su conducta. Además, sus relaciones son estables porque procuran basarse en el respeto y el interés por colaborar con los demás. Este valor templa el carácter, a la vez que lo fortifica y ennoblece.

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Asesor especialista en políticas públicas de alta injerencia social, licenciado en derecho por la UNAM, maestro en tecnologías de la información con carácter social, productor y director de cine (cortometrajes y películas independientes) y de televisión (documentales y comerciales). Cambridge English: Proficiency.