Esta semana se ha dado una iniciativa novedosa, esperanzadora y muy atendible por todos aquellos que tenemos una relación importante con el desarrollo de la ciencia, ya sea en nuestro centro de trabajo o de estudio, nuestro municipio, estado, país o en el mundo entero.
Fue convocada y realizada una gran cantidad de movilizaciones el pasado 22 de abril. A nivel mundial efectuaron más de 500 movilizaciones en las principales ciudades del mundo, cuya principal motivación surgió a raíz de la toma de posesión de Donald Trump en enero pasado. Todo esto con el fin de exigir que la educación y la producción científica, su desarrollo, y sus urgentes aplicaciones para atenuar o remediar las graves afectaciones de la explotación irracional de los recursos naturales en todo el planeta, sean atendidas en todas partes de manera urgente.
A muchos científicos de todo el planeta les pareció que las posturas propagandísticas del nuevo presidente de los gringos no son solo preocupantes, sino que serían prácticamente trágicas de llevarse a cabo, especialmente en lo relacionado con el cuidado del medio ambiente, y que apoyado por la mitad de la población de su país, la cual evidentemente cree que dichas posturas son la forma en que sus problemas económicos y sociales tendrían una posibilidad de solución a corto plazo, tratará de imponerle a buena parte del mundo industrializado, y como consecuencia a los países y regiones dependientes de ellos, esos criterios basados principalmente en posturas ideológicas, más que en hechos científicamente comprobados a lo largo de muchos años de investigación.
La educación está siendo fuertemente cuestionada en todos los países avanzados, pues sus poblaciones están optando por líderes que basan sus propuestas en posturas ideológicas y de mercado, antes que en el conocimiento construido a través de la investigación científica.
El analfabetismo científico está creciendo de manera importante en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania y otros países donde los votantes orientan sus decisiones políticas en base a creencias propagandísticas. Tales creencias son el caldo de cultivo del renacimiento del odio racial, la misoginia, el desprecio por los países menos desarrollados y el ansia imperial de volver a ser los más grandes y, con ello, continuar siendo los que dicten e impongan las políticas públicas a seguir en todo el planeta, aun cuando las evidencias nos demuestran que el desarrollo basado en el saqueo está teniendo graves consecuencias especialmente graves en las regiones menos desarrolladas.
Cada vez que escucho ese discurso facilón de nuestras autoridades federales, en el sentido de que la llegada de inversiones saquedoras, el desarrollo de nuevas tecnologías que no tienen en cuenta las graves consecuencias hacia el medio ambiente, la dependencia vendida al mejor postor, la entrega de nuestros recursos naturales con el propósito de elevar nuestra competitividad internacional, me suena a un discurso muy hueco el cual escucho desde la década de 1980, cuando llegara Miguel de la Madrid al gobierno de la República y que han repetido machaconamente todos los gobiernos siguientes, tienen hoy a nuestro país en un estado de crisis agravada por la guerra interna que vivimos desde el periodo de Fox para acá.
Analicemos con objetividad como las empresas mineras canadienses explotadoras, las inversiones coreanas y chinas recientes, los negocios españoles contratados a través del soborno, y una serie de supuestos remedios para la crisis cada vez más severa que enfrentamos, lejos de conducirnos por un sendero de desarrollo sustentable, nos llevan al crecimiento de la pobreza y la falta de seguridad.
Francamente estamos hasta la… coronilla de toda esta demagogia supuestamente progresista que solo beneficia a unos pocos, y la mayoría está llegando a extremos de desesperación preocupantes. La defensa de la ciencia es una tarea urgente.

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