Juan Rubén García Lastiri

Demagogia significa, literalmente, “el arte o la técnica de guiar o conducir al pueblo”. Aristóteles reflexionó en su obra de carácter político sobre la demagogia. Según ese pensador, la democracia era una forma de gobierno válida, pero que tenía ciertos peligros, puesto que los demagogos podían servirse de ella para su propio beneficio. En su opinión, un sistema democrático corrupto y degenerado desemboca en actitudes demagógicas.

Aristóteles demostró su enorme capacidad de análisis al definir al demagogo como aquel que halaga al pueblo para su propio provecho.

En el caso de Platón, sus argumentos contra la demagogia fueron más enérgicos. Al comprobar que algunas personas se amparaban en la democracia y engañaban al pueblo con falsas promesas y una actitud deshonesta, consideró que la democracia no resultaba un buen sistema de gobierno.

Como término genérico, la demagogia es entendida como un conjunto de prácticas políticas, técnicas de persuasión, o bien, como un “estilo” político y comunicativo consistente en ganarse el favor del pueblo. El demagogo pretende conquistar la simpatía popular mediante halagos, recursos retóricos, argumentaciones simples o falaces, mentiras, promesas inalcanzables y en el extremo, chantajes sentimentales. Ese malestar democrático ha pasado del ámbito de las percepciones sociales y los estudios de opinión, al campo de los proyectos, acciones y decisiones políticas.

Ahora bien, como concepto específico, la palabra demagogia es representada como una forma de gobierno o un régimen político que nace de la crisis, decadencia o excesos del gobierno del pueblo. Actualmente, la mayoría de los políticos son repudiados por ser considerados como demagogos, y es normal que cuando es así, entonces no haya empleo, salud, educación, diversión, ni nada de las necesidades básicas de la gente, porque esos demagogos aprovechan las situaciones para favorecerse a sí mismos.

La demagogia pasó de ser un asunto abordado exclusivamente por disciplinas como la filosofía o la ciencia política, a ser un problema estudiado por campos disciplinares como la sociología, la psicología y, sobre todo, el psicoanálisis. A raíz de su vínculo con la subjetividad humana, la demagogia encontró nuevos significados porque fue llenada de nuevos contenidos.

Un político sincero y honesto no le miente a su pueblo ni a su gente, habla con la verdad, con el corazón; educa e ilustra sobre el estado de la economía, las finanzas, la deuda interna y externa, déficit fiscal, balanza comercial y si hay dificultades económicas, da ejemplo de austeridad en el uso de los recursos. El demagogo aplica el principio maquiavélico: “El fin justifica los medios”, y separa la política de la moral.

Una frase lo relata: la demagogia es la hipocresía del progreso.

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