La democracia a lo largo de la historia ha tenido diversos adjetivos: representativa, parlamentaria, presidencial, popular, burguesa, directa, indirecta, soviética, etcétera. Lo anterior, es producto de diversas prácticas que ha experimentado esta forma de gobierno de las sociedades pre y modernas. Desde que los grupos humanos superaron la cifra de 300 personas, dice el Harari, autor de Sapiens: De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad, las relaciones interpersonales perdieron su efectividad como aglutinador del grupo y su lugar fue ocupado por otros métodos que le permitieron a estos núcleos humanos mantenerse cohesionados.

La democracia fue uno de esos métodos que probaron su eficacia para mantener la cohesión social de los grupos cuyo número se multiplicaba continuamente. No es tema de esta entrega, pero es importante señalar que la transición de grupos a sociedades fue un acto de poder. La práctica de la democracia en la antigua Grecia siempre se ha cuestionado. Lo anterior, debido a que el modelo se fundó en una sociedad esclavista. Quienes podían reunirse a debatir de manera periódica en las alturas de las colinas del monte Pnyx, en el siglo V aC, eran los guerreros, sacerdotes y filósofos que lograron separarse del trabajo cuya labor recayó en los esclavos.

La contradicción básica que la democracia ha intentado resolver es aquella que oferta una salida a la oposición entre el ideal humano de vida y sus formas concretas de existencia. Con el tiempo las modernas formas de esclavitud como lo es el trabajo que coloca a las personas al servicio de otras por un tiempo determinado y para realizar una determinada actividad (dicho sea de paso que convierten a las personas en medios y no en fines, de acuerdo a Kant), no pudieron contener las manifestaciones de rechazo a las modernas prácticas que adoptó con el tiempo la democracia: solamente votaban los ricos y se excluía a mujeres y los carentes de fortuna.

Como en automático los pobres son en número mayor que los ricos, el modelo de democracia manejado por las élites sustituyeron los antiguos séquitos que rodeaban al rey o al príncipe por los modernos partidos políticos, de acuerdo al sociólogo alemán Max Weber. Los partidos se convirtieron en dispositivos de poder. Es decir, en organismos encargados de educar, civilizar o bien orientar a la masa que reclamaba mejores condiciones de vida y que, en el modelo de parlamentarismo clásico inglés, se reflejó en corrientes que hacían sudar frío a las élites cuando se los imaginaban gobernando el país, según cuenta el historiador inglés Erick Hobsbawm. Aquí nace el interés por el dispositivo de “la democracia comprada”.

Detrás de los partidos políticos se conformó una maquinaria de dinero excelsa con el fin de romper conciencias de las agrupaciones políticas de corte plebeyo. Así como los líderes gremiales fueron aburguesados cuando las empresas les concedieron importantes canonjías personales, la experiencia se repitió en el momento que se construyeron los sistemas políticos partidistas. Tal vez ocurrieron en el mismo momento ambas experiencias y dependiendo del país tal vez alguna ocurrió primero que la otra, pero de que estos dispositivos se crearon que no quepa la menor duda. Cuando los dispositivos de control fallaron las élites recurrieron a otro tipo de métodos, en donde no se excluyó el fraude electoral y el uso de la fuerza.

En México, la reforma política de Jesús Reyes Heroles de 1977, durante el gobierno de José López Portillo, se hizo en el contexto de las recomendaciones de los organismos financieros mundiales y de las élites propietarias de los mismos, de que se pondría fin al modelo de bienestar que siguió a la posguerra. Como sabemos, se había establecido un modelo de otorgar beneficios a la clase obrera y en general a la sociedad, en todo el mundo, con el fin de evitar que se mirara al modelo ruso como una alternativa ante la miseria que imperaba antes del periodo de las guerras mundiales, y que había sido una de las causas de la revolución comunista rusa.

La democracia comprada fue poco a poco conformándose en México. La reforma política fue una especie de dispositivo de control social ante el descontento que ocasionaría el fin del modelo de bienestar impulsado por la posguerra. Para ello se legalizó la participación de los partidos políticos que habían experimentado la persecución durante el gobierno posrevolucionario. Se estableció el modelo de prerrogativas a los partidos políticos. El objetivo de las prerrogativas fue, en realidad entre otros, que los organismos políticos contaran con recursos económicos para controlar la explosión social que estaba por ocurrir y canalizar el descontento por la vía electoral.

A la par uno de los propósitos era vencer la resistencia de Acción Nacional, el partido incorruptible conjuntamente con aquellos que ya tenían registro, entre ellos Acción Nacional, se les empezó a entregar millones de pesos en prerrogativas que la legislación electoral estableció para tal efecto, como ya se indicó. Acción Nacional que por principios había rechazado desde su fundación el recibir recursos del erario público para financiar sus campañas políticas, cayó ante el canto de las sirenas y rompieron con el principio de principios que les había otorgado legitimidad social y una aureola de incorruptibilidad ante el corrupto sistema en que devino el sistema posrevolucionario mexicano.

El PRD fue la segunda gran víctima, además de una infinidad de pequeños grupos que en el pasado denunciaban al parlamentarismo mexicano como burgués. Aunque el tiro les salió por la culata a las élites. Primero, a base de fraudes y muerte lograron aislar al cardenismo, pero lograron comprar y aburguesar a la dirigencia y luego expulsar al obradorismo de sus filas con el fin de aislarlo socialmente. Cientos de miles de líderes sociales se perdieron entre el dinero y el aburguesamiento al que conlleva. A tal grado ha calado la democracia comprada que cuando se ha propuesto a los partidos políticos el rebajar los ingresos que reciben por prerrogativas, se han opuesto de manera tajante.

Pero la historia de la democracia comprada, aquella que se rige por los efectos perversos del dinero, no ha terminado…

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