La desigualdad: la lucha de las ideologías

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Ariel Vite

La antinomia desarrollo-desigualdad ha sido un rasgo fundamental de la economía capitalista, para decirlo en términos de la doctrina cepalina: de un lado se tiene el centro, economías sólidas, vigorosas, crecientes que han consolidado su desarrollo; de otra parte, la periferia, economías atrasadas, con un insuficiente proceso de industrialización, esas son las economías del subdesarrollo. ¿Cómo transitar de la desigualdad al desarrollo? Las respuestas y propuestas son múltiples, diversas escuelas y corrientes han hecho planteamientos, al presentar diversas alternativas: la escuela clásica, la marxista, neoclásica, keynesiana, cepalina y monetarista solo para mencionar algunas. Desde mediados de este siglo, el reconocido economista francés Thomas Piketty analizó y discutió, en un primer libro que lleva por título El capital en el siglo XXI, como están consolidadas las economías desarrolladas y paralelamente las razones que explican el surgimiento de las subdesarrolladas. En su más reciente libro Capital e ideología (Barcelona, Deusto, 2019), el estudioso trazó una línea argumental que conduce hasta el filósofo italiano Antonio Gramsci, quien en su libro clásico Cuadernos de la cárcel aborda la compleja realidad desde una doble mirada: la estructura económica que es el bloque económico, su engranaje y determinaciones, y la superestructura que es el bloque ideológico. Para Gramsci es la ideología la que determina el proceso de formación de las sociedades y las lleva alcanzar el desarrollo. Piketty recuperó esa línea conceptual para establecer que la historia económica no está determinada por la lucha de clases, la dictadura del proletariado ni por la estructura económica, sino que aseguró que está regida por las ideologías. “Afirma con contundencia que la desigualdad reposa sobre construcciones intelectuales e instituciones sofisticadas que ciertamente no están siempre exentas de hipocresía y de voluntad de perpetuación por parte de los grupos dominantes y que, sin embargo, merecen ser examinadas de cerca. A diferencia de la lucha de clases, la lucha de las ideologías reposa sobre el reparto de conocimientos y experiencias, el respeto por el otro, la deliberación y la democracia” (Roger Bartra).

El fin de la historia solo fue un giro semántico de Francis Fukuyama; la ideología continuó siendo un eje fundamental de la sociedad en el camino para enfrentar y resolver la desigualdad. Desde diversas miradas y análisis fue reconocido que la primera parte de esa ecuación está resuelta, pues por distintas y contrarias que sean las corrientes esas aceptan una relación bifuncional, donde la estabilidad macroeconómica es una condición sine qua non para alcanzar el desarrollo, sin estabilidad macro la economía no puede crecer, alcanzar tasas de interés positivas, tener inversiones, estabilidad de precios, etcétera. La pregunta que está en el aire es entonces: con qué modelo alcanzar la igualdad para de ahí marchar al desarrollo: ¿El socialdemócrata, la tercera vía, la socialdemocracia? Para Piketty las contradicciones del liberalismo y el nacionalismo las han llevado a un déficit irresoluble, es su quiebre ideológico. La nueva ruta que propone este economista para transitar a la solución de los agudos problemas de desigualdad, pobreza y desempleo puede resultar discutible y con polémica, ya que su planteamiento establece que “solo el desarrollo de un verdadero socialismo participativo e internacionalista, apoyado en el social-federalismo y en una nueva organización cooperativa de la economía del mundo podría permitir resolver estas contradicciones “ (Ibídem) Desde luego, ese lúcido economista, ni remotamente pensaba en el llamado socialismo real, nada más lejano y absurdo. Sin embargo, la izquierda anunció, muchas veces, la muerte del capitalismo, asegurando que solo hay un camino, basta recordar la expresión: no hay más camino que el nuestro (que diversos historiadores la atribuyen al luchador obrero Valentín Campa). Ese es el reto ideológico que está frente a los países subdesarrollados, ¿cuál es la ruta? ¿Cuál el modelo? Por supuesto, el tiempo apremia y la desigualdad, la pobreza y el desempleo no pueden esperar, exigen respuestas y resultados ya.

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