Dos veces al mes toca mi puerta, en su hombro cuelga una bolsa grande que contiene los productos que vende de casa en casa; según la temporada es lo que ofrece, a veces nopales, elotes, fruta o lo que coseche de su huerta familiar. En la última ocasión su presencia en mi puerta fue distinta, su bolsa estaba vacía, sus labios secos y su actitud apenada. Por primera vez nada ofreció pero con voz queda pidió ayuda, su hermana había fallecido y solicitaba apoyo para su pasaje y flores, hasta entonces me enteré que su lugar de origen era un municipio rural en el Valle del Mezquital.
Su persona resume la condición de pobreza en que vive 54.3 por ciento de la población en Hidalgo (Coneval, 2014); en ella se suman todas las desventajas: es mujer mayor de 60 años, de origen indígena, que apenas sabe leer y escribir. En los últimos años ha vivido en un municipio conurbado de la capital hidalguense, quizá ella y sus hijos pudieron tener mayor acceso a los servicios educativos, de salud e infraestructura básica en su vivienda, pero su trabajo e ingresos no les permiten tener un pequeño excedente para cubrir otros gastos.
En el estado de Hidalgo más de 350 mil personas viven en pobreza extrema, ellas y ellos cada día tienen que despertar en una vivienda que carece de servicios básicos, saben que quizá no puedan o no terminaron la escuela porque era necesario buscar la comida diaria, pues los alimentos son insumos inciertos para más de 90 mil personas de todas las edades (Coneval, 2014). En esas condiciones, la enfermedad es una posibilidad no aceptada porque no se tiene acceso a los servicios de salud. La muerte es un beneficio muy caro, especialmente cuando se vive al día.
Ella vive al día, supongo que la mayor parte de su existencia ha trabajado para cubrir sus necesidades y las de su familia. Aquí otra tragedia, ¿por qué una mujer que tiene hijos e hijas adultas sigue trabajando para vivir? ¿Por qué su trabajo e ingresos no le permiten tener un pequeño fondo para solventar emergencias?
En ella se ejemplifica que los cuentos de los abuelos y abuelas de tener descendencia para asegurar un futuro de cuidados y bienestar no se cumple, pues hoy en día la situación económica crítica marcada por trabajo con bajos ingresos no permite que la distribución de recursos se extienda más allá de la familia nuclear (padre, madre e hijos-hijas). Además, la temprana paternidad y/o maternidad hace más difícil que se concluya la preparación profesional, ello convierte a los jóvenes padres y madres en trabajadores con empleos precarios y mal pagados. En esas condiciones, la suma de ingresos de todos los integrantes de la familia alcanza para sobrevivir, pero resulta imposible tener fondo de ahorro, en el caso de las mujeres pobres es más difícil, pues culturalmente asumen que su trabajo e ingresos en su totalidad deben emplearse en los seres bajo su cuidado (menores de edad, adultos mayores o enfermos, entre otros). En el ámbito rural la situación para las mujeres adultas puede ser menos precaria porque al menos tienen una casa para vivir; en los sectores pobres del espacio urbano, las mujeres no tienen vivienda, ellas al igual que el resto de su familia están más expuestas a las condiciones de precariedad de vivienda y alimentación, sumado a la discriminación.
La muerte es un acompañante permanente en todas las personas, es lamentable que la desigualdad que prevalece en nuestra entidad y país haga que una mujer que trabaja todos los días no pueda tener dinero para comprar flores y pagar el pasaje para acompañar a su hermana a su última morada. Con la dignidad de su trabajo ambulante y la solidaridad que aún existe en las personas, se cubre aquello que los gobernantes de este país se niegan a dar: honestidad y respeto a la condición humana.

No votes yet.
Please wait...

Comentarios