Hace menos de una semana falleció el exjugador de baloncesto Kobe Bryant, de Los Angeles Lakers, y el mundo deportivo internacional y estadunidense se cimbró: elogios y lamentos se leyeron por el accidente aéreo que provocó su muerte, la de su hija de 13 años y siete acompañantes más. Sin embargo, la nota discordante surgió de un suceso que protagonizó el deportista en 2003 cuando violó a una joven trabajadora de 19 años del hotel-spa en Eagle, Colorado, Estados Unidos, “donde alojaba el jugador mientras se recuperaba de una operación de rodilla”, pues la periodista Felicia Sonmez, del Washington Post, tuiteó el link de esa “vieja” noticia que informaba sobre la violación, la historia de la joven y el acuerdo económico para que retirara la demanda (www.niusdiario.es/deportes/periodista-suspendia-tuit-kobe-bryant-caso-violacion_18_2889870066.html).

Por supuesto, los fanáticos de este deporte se indignaron, el diario la removió temporalmente de su puesto en la fuente de política nacional y le llovieron no solo insultos, sino amenazas.

Las aguas volvieron a su nivel y fue restituida, pero el tema da pie a la reflexión sobre el código de ética básico que los medios y más que ellos sus periodistas, sus editores y sus propietarios desdibujan y niegan en noticias como esta al “censurar” la verdadera información, al “castigar” a una periodista que ofreció un aspecto más del personaje y ponderan su máxima: vender sobre el interés de los principios del buen periodismo.

Cualquier código de ética, más-menos siguen ciertas máximas: veracidad, objetividad, pertinencia e interés social. Sin embargo, este hecho revela que estas reglas se aplican “discrecionalmente”, según sea el sujeto de la noticia.

¿Y el valor del periodismo dónde queda?

¿La protección a la libertad de expresión y la integridad del profesional de la información?
El código internacional de ética periodística de la UNESCO establece nueve puntos que guían el deber ser de medios, periodistas y periodismo. A saber:

1. El derecho del pueblo a una información verídica.

2. Adhesión del periodista a la realidad objetiva.

3. La responsabilidad social del periodista.

4. La integridad profesional del periodista.

5. Acceso y participación del público.

6. Respeto de la vida privada y de la dignidad del ser humano.

7. Respeto del interés público
8. Respeto de los valores universales y la diversidad de las culturas.

9. La eliminación de la guerra y otras grandes plagas a las que la humanidad está confrontada: violencia, discriminación, odio y racismo.

La muerte de este célebre deportista, la reacción del público y del medio frente a información contextual y adicional del personaje violaron de estos nueve principios al menos seis, porque se trató de “omitir”, “ocultar”, un hecho real como la violación contra mujeres que hoy, no solo en México sino en el mundo, se ha vuelto una pandemia que ataca y desarticula la dignidad, fomenta el odio, la violencia y la discriminación.

No solo el Washington Post sino muchos medios al censurar o matizar la violación que perpetró Kobe Bryant (con frases como “relaciones sexuales sin consentimiento”) faltan a la información verídica, a la objetividad en la noticia, a la responsabilidad social para con el público de los medios, al respeto de los valores universales como la integridad humana y al castigar a la periodista con el despido o remoción de su puesto, a la libertad de expresión.

Muchas transgresiones al verdadero periodismo en un siglo que pareciera, o se dice, ha ganado en relación a la información y sus reglas; pero la cara real de la oferta periodística en la actualidad es que tiene diferente medida para hablar o informar según sea la procedencia de quien genera la noticia, no es lo mismo ser pobre y negro, que ser un célebre “de color”.

Esto da sentido a lo que vemos en el día a día en nuestros medios: hasta la saciedad nos informan de los “violentos”, delincuentes o tramposos porque se asocian a una clase social. Poco se dice, por ejemplo, de los verdaderos ladrones y corruptos que han llevado al país a la debacle, por ejemplo. No solo los medios sino hasta el aparato de “justicia” y sus ejecutores, refrendan que la ley no es ciega, ahí tenemos el caso de Sergio Aguayo y el exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, donde el primero ha de pagar 10 millones de pesos al exgobernante por “daño moral”.

Casos y datos para analizar y poner en la mesa de la reflexión sobran. El tema es ¿qué hacer con el periodismo, su función social y su enorme sobredimensionamiento en la vida política, económica y social del país, frente a la deferencia y el poder?
Tarea impostergable de ayer, hoy y siempre.

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Josefina Hernández Téllez
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.