A decir de los “expertos” del Proyecto conexiones, de la dirección general de incorporación y revalidación de estudios (DGIRE-UNAM), tres licenciados, un especialista y una maestrante de una universidad patito, la mayoría egresados de universidades privadas, entre otras cosas, el profesor debe funcionar como modelo a seguir, mientras que los programas educativos deben de poder medir el conocimiento a través de mecanismos como la evaluación en programas interdisciplinarios.
El Proyecto conexiones busca, básicamente, fomentar el trabajo interdisciplinario en el salón de clases a través de ejes comunes en distintas materias, todo bien hasta aquí y hasta interesante, con la salvedad de que lejos de apuntar a un mejor desarrollo de la enseñanza-aprendizaje en las instituciones incorporadas de nivel bachillerato, escuela nacional preparatoria y Colegio de Ciencias y Humanidades, el programa ignora las experiencias docentes desde hace décadas; no toma en cuenta ni la libertad de cátedra de los docentes ni mucho menos su experiencia interdisciplinaria, multidisciplinaria y hasta transdisciplinaria. Conexiones pretende imponer un modelo educativo muy acorde a los intereses del capitalismo, que se basa en el conocimiento de especialistas de la Universidad de Harvard (especialista en adoctrinamiento y capacitación para servir al capitalismo) así como en los Estándares Nacionales de la Educación en Ciencias de los Estados Unidos (NSES, por sus siglas en inglés). Estos expertos pretenden medir el conocimiento de manera cuantitativa en función de su utilidad y funcionalidad en el neoliberalismo, alineando así el desarrollo del pensamiento crítico que ha caracterizado a la educación media superior y superior en las universidades públicas de México como la propia Universidad Nacional Autónoma de México de donde depende la DGIRE.
Así, décadas de estudio, de experiencias probadas, de magníficas metodologías, especialistas que desarrollaron el pensamiento crítico en los salones de clase y más allá de estos en México, en América Latina y otras partes del mundo y en tiempos históricos distintos quedaron rasurados por la ignorancia, la sumisión o ambas.
No sobra decir que el proyecto, lejos de aportar al sistema educativo nacional, pretende tapar el Sol con un dedo y sumar a la perversa reforma educativa impulsada por Enrique Peña Nieto y su sargento Aurelio Nuño. Desde su portal http://conexiones.dgire.unam.mx se giran una serie de instrucciones que el profesorado de las distintas instituciones debe de seguir al pie de la letra, desde ver vídeos en los que una “mesa de expertos” analiza modelos de interdisciplinariedad, hasta contestar preguntas estúpidas sobre los mismo, solo para que la DGIRE verifique que la plantilla docente de las escuelas incorporadas está haciendo literalmente la tarea. De no ser así, las escuelas son multadas, recayendo la responsabilidad de la iniciativa en los docentes quienes a su vez son amenazados en sus fuentes de trabajo con represalias laborales de no sacar el proyecto.
En pocas palabras, Conexiones es otro de esos programas donde burócratas y expertos parecieran reinventar el hilo negro para devengar sus salarios, pero a costillas de los demás, es aquí donde los docentes deben poner tiempo extra obligatorio, su experiencia, sus grados académicos y su creatividad de manera gratuita, sin cobro extra también al servicio de instituciones educativas privadas, en donde la gran mayoría de los casos, carecen de seguridad social, contratos, pago de vacaciones, utilidades, aguinaldos, prestaciones de ley y por supuesto, gozan de salarios paupérrimos que los obliga a llevar hasta tres trabajos distintos para poder sobrevivir medianamente. Hay hasta quienes les imponen reloj checador cual maquiladora de piezas industriales.
El doctor Enrique Graue, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, debe de poner mayor énfasis en el desarrollo académico y del pensamiento crítico y plural que ha caracterizado a nuestra máxima casa de estudios como la mejor universidad del país y una de las mejores de América. La DGIRE no puede estar exenta del espíritu universitario y debería de estar más ocupada y preocupada en elevar los estándares académicos del sinnúmero de escuelas privadas “patitos”, mayoritariamente, que funcionan como verdaderos Walmarts de educación, algunas disfrazadas de asociaciones civiles para evadir impuestos y responsabilidades laborales. Bajo la premisa “el cliente es el que paga y por lo tanto manda”, manda por encima de su verdadera condición académica, engañando no solo al alumno sino a todo el sistema educativo a través de la simulación. Las escuelas reportan calificaciones y estándares académicos que en la realidad no tienen y eso se constata en los exámenes de admisión a las universidades públicas, no así a las privadas que en el peor de los casos, la admisión se traduce en un sustancioso cheque.
Ya es lamentable que las condiciones laborales en que los docentes desarrollan su trabajo sean deplorables, pero encima ser humillados por tecnócratas neoliberales que no alcanzan los niveles académicos para ostentarse como expertos, contraviene en principios éticos y morales. Utilizar modelos y fórmulas educativas provenientes de universidades privadas nacionales y extranjeras al servicio del capitalismo para someter a docentes formados en el pensamiento crítico y científico de las universidades públicas, e imponer proyectos tergiversados de su verdadera función educativa, vulnera los fundamentos educativos orientados a contribuir en el desarrollo de los individuos y la transformación de la sociedad, arriesgando los pilares democráticos y de igualdad en la educación al poner en práctica modelos de enseñanza, que lejos de la interdisciplinariedad, arriesgan la relación educadores-educandos como sujetos dialógicos que se viene construyendo desde décadas. No es desde la imposición y la sumisión como los niveles académicos de las escuelas mejorarán, sino desde el diálogo y el respeto con los docentes y el alumnado. “Por mi raza hablará el espíritu”.

Comentarios