Observando una extraordinaria fotografía de Francisco Olvera publicada en la portada del diario La Jornada (24/08/2016) se aprecia la figura del secretario de Educación Aurelio Nuño rodeado y escoltado por militares en el campo militar 37-C a donde acudió a inaugurar escuelas. En el lugar, donde continuó con su retahíla de amenazas, como ya es su costumbre, a los docentes disidentes a las reformas en materia de educación que sostiene la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, volvió a dejar clara su incapacidad y disposición para dialogar. Lo asombroso de la imagen, si la ubicamos en el contexto de violencia desatada contra los profesores, es que pareciera un deja vú de algún lugar y tiempo en la Alemania Nazi o en las dictaduras de América Latina e incluso una imagen profética de lo que realmente nos espera y de lo que se nos viene encima de continuar esa intransigencia y necedad institucional de imponer reformas por encima de la voluntad del pueblo de México.
Una imagen contradictoria como todo lo que rodea a la Secretaría de Educación Pública y en torno a este siniestro personaje que opera como si fuera “sargento” de policía de la educación en México, mote ganado a pulso y con creces. La dirección general de profesiones es un claro ejemplo de que la reforma educativa es solo una pantalla política y una reforma laboral muy alejada del tema educativo, pedagógico y del desarrollo profesional.
Y para muestra un botón. Ningún mexicano o mexicana recibirá cédula profesional, documento que acredita a las y los egresados de las universidades como profesionistas y les autoriza en muchos casos ejercer su profesión, en los próximos ¡cuatro meses! por lo menos.
Y no se sabe hasta qué fecha del 2017 las y los profesionales de la burocracia podrán recibir documentación para acreditar a las y los mexicanos que ya cuentan con título y entregarles su cédula. El trámite se ha vuelto indefinido.
Es una mentada de madre para el desarrollo económico, político, social, de un país rehén de tecnócratas egresados de Harvard y de universidades patito. Un proceso que debería ser simple, rápido y hasta automático ya que las constancias de estudios profesionales son emitidas por universidades avaladas y reconocidas o son parte del estado y no tendrían que ser nuevamente cotejadas por otra institución para acreditarlas como legítimas.
En este país el documento en cuestión, la cédula profesional, es indispensable para el ejercicio de la profesión como en el caso de los médicos o de los abogados. Es un documento que garantiza que el servicio que se va a recibir es completamente legal y cuenta con la ética y la profesionalización necesaria. Es decir, un médico sin su cédula profesional no puede ni recetarte una aspirina y mucho menos meterte un bisturí, así tenga la cura para el cáncer. Y no, no puede ejercer gracias a que un grupúsculo de burócratas ineficientes, a cargo de la dirección general de profesiones de la Secretaría de Educación Pública, son incapaces de hacer bien su trabajo junto a un secretario de Educación que opera como sargento y no con la altura y el nivel que los docentes y profesionistas mexicanos necesitamos.
El sargento Nuño tendría que primero limpiar el muladar que tiene de institución antes de aventurarse en empresas arriesgadas como querer reformar y manipular a su antojo y al de sus patrones el sistema educativo nacional por encima de los actores principales: los profesores y estudiantes.
Hasta las universidades han renunciado a realizar el trámite en profesiones dada la cantidad de problemas burocráticos que en detrimento de las y los egresados se generan. El desarrollo profesional de miles de egresados universitarios está detenido y repercutiendo negativamente en la eficiencia y calidad de la planta productiva nacional y obligando a las y los egresados a ejercer otras profesiones o actividades que les permitan sobrevivir mientras obtienen la cédula y esto en el mejor de los casos. Muchos otros pasan a engrosar las filas en la fuga de cerebros que optan por dejar nuestra patria en búsqueda de mejores condiciones para desarrollar su profesión y quedar lo más lejos posible del sargento Nuño, sus secuaces y la pocilga en la que están convirtiendo a nuestro país.

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