El sábado primero de diciembre inició de manera formal la cuarta transformación (4ªT), con un diagnóstico y propuestas, el presidente López Obrador ratificó la línea que fundamentará su gestión gubernamental, ante el fracaso del modelo económico neoliberal, que operaron los regímenes tanto priistas como panistas, quienes se sustentaron en la corrupción y la impunidad como practica de gobierno.

Con la 4ªT AMLO dijo que será “la honestidad y la fraternidad como forma de vida y de gobierno”, “por el bien de todos, los pobres son primero”; para ello afirmó que en paralelo al fomento de la inversión nacional y extranjera se crearán condiciones para obtener buenos rendimientos a través de proyectos productivos, mientras que “el Estado se ocupará de disminuir las desigualdades sociales, ya no se seguirá desplazando la justicia social de la agenda de gobierno”.

Eso exige un modelo económico con políticas activas, es decir, que el gobierno sea el rector de la economía, donde las empresas mexicanas, Pymes y grandes, sean el motor de la economía y no como ahora, que son las empresas trasnacionales el centro de la economía mexicana, las cuales se han apropiado de los mercados de los energéticos, de la explotación minera, de la agricultura de competencia, del mercado del agua embotellada, como de los alimentos industrializados, que en su mayoría son chatarra, generando a los mexicanos problemas de salud con enfermedades de países ricos, pero seguimos siendo pobres.

Ese cambio en la perspectiva de un nuevo modelo económico, antes que significar un regreso al esquema del modelo estabilizador y de la economía mixta, tiene características y categorías analíticas que se acercan a la llamada economía social (J Coraggio, 2002), un modelo que se sustenta en el talento transformador del trabajo antes que en el capital.

La economía social surge de la superación del divorcio entre lo económico y lo social, dado que el modelo neoliberal fundamentado en el libre comercio dio paso al canibalismo económico, entre trabajadores y empresarios, alentando la especulación financiera no solo en el ámbito de los capitales, sino en el circuito de la propiedad industrial e intelectual, como también en el mercado energético, los alimentos, la salud, la vivienda y la educación. En el modelo neoliberal todo es mercancía, hasta los valores sociales.

El capital no tiene patria, por eso se acumula a costa de mantener bajos los salarios; propiciando la concentración oligopólica en la producción, como fase previa a la formación de monopolios, creando mercados oligopsónicos, es decir, mercados elitistas de bajo consumo pero de precios elevados, son también llamados mercados de marca o de necesidades falsas, porque se orientan a sectores de altos ingresos que buscan su status social a través de marcas de productos con precios muy elevados.

El neoliberalismo es un esquema de privilegios. La economía social produce sociedad, es decir, equidad. No está orientada a la acumulación de capital sin límites, que propicia la desigualdad y la informalidad, la cual ya supera 50 por ciento de nuestra fuerza laboral.

El fundamento de la economía social es el conocimiento, encarnado en los trabajadores en un proceso de permanente aprendizaje hacia lo exponencial y lo disruptivo que los lleva a la innovación con el soporte de la investigación y el desarrollo tecnológico, el proceso incluye la re-manufacturación de los desechos, es la economía circular que garantiza la sustentabilidad de los procesos económicos ya no hacia la generación de desechos, sino al aprovechamiento de los mismos mediante la remanufacturación.

La base para superar los desequilibrios económicos internos y defenderse de los externos, como dice Aldo Ferrer, es la expansión del mercado interno mediante la productividad y la distribución del ingreso, con salarios dignos, lo cual solo se puede lograr con políticas activas, es la participación del gobierno, con una política económica y una política de humanidades, ciencias y tecnologías hacia la autosuficiencia en la producción del conocimiento científico y la independencia tecnológica, pilares auténticos del desarrollo sustentable nacional, lo cual implica la renovación jurídica, no solo a nivel federal sino a nivel estatal, crear nuevas leyes de ciencia, tecnología e innovación en las 32 entidades federativas. ¿No lo cree usted?

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