En honor a las víctimas
del holocausto de Siria.
En memoria de todos
los periodistas asesinados
impunemente en México
Semana Santa, para una gran mayoría son vacaciones, para otros la religiosidad a flor de piel, aunque algunos han ido perdiéndola, hacen de la fe solo una referencia cuando enfrentan un problema o la muerte misma, sin embargo, no deja de ser un espacio de reflexión de la vida cada vez más complicada, en lo económico, los robos cada vez más frecuentes, hacen de la seguridad un artículo de lujo, la violencia es el lenguaje común.
El rezago en el combate a la desigualdad y a la corrupción no tiene una respuesta inmediata, la moralización de la sociedad es un proceso lento, dado el deterioro persistente e incremental.
Sin ciencia no hay futuro, es la consigna de la marcha por la ciencia, planteándose la posibilidad de hacer de la educación la única ruta viable para resarcir valores y hacer de las actividades económicas, generadoras de bienestar social, al incrementar su productividad.
Pero la insensibilidad política, la miopía o la ambición financiera han hecho a un lado a la educación, sobre todo a la educación superior y al desarrollo científico y tecnológico. Cuando se hace ciencia se investigan y descubren los principios universales que rigen a la naturaleza y al mundo concreto, de donde se deduce que las leyes de la física son las mismas, aquí que en cualquier otro planeta y en todos los rincones del Universo, dice Rosaura Ruiz, los organismos han evolucionado a lo largo del tiempo y lo seguirán haciendo, el cambio climático es una realidad que se tiene que hacer frente con conocimientos científicos, negarlo como acto de fe es una aberración científica, la fe, como las ideologías políticas, no tienen cabida en el pensamiento científico.
La transferencia tecnológica y de conocimientos como eje articulador de los procesos económicos, políticos y sociales es la respuesta a la crisis que enfrentamos, pero está siendo crucificada, al irle restando el financiamiento necesario para dar respuesta a las necesidades de una población, que busca oportunidades de trabajo decente y salario digno.
La desaceleración presupuestal para la educación superior, a pesar de que el conjunto del gasto programable creció en 2015 en 4.1 por ciento, sin embargo, la fase de expansión llegaba a su fin, ante la profundización de la crisis de las finanzas públicas, consecuencia de la caída de los precios del petróleo, la volatilidad económica y el triunfo de Trump.
Además de lo anterior, desde la propia Secretaría de Educación Pública, se difundió la idea de que las universidades públicas gastaban mucho y mal, y que no rendían cuentas a la sociedad, sobre el destino de los recursos asignados, cuando siempre han sido objeto de evaluaciones externas y de auditorías de múltiples organismos y dependencias de fiscalización, esta campaña de desprestigio fue parte de la estrategia para justificar la adopción de un modelo de mercado, limitando las responsabilidades públicas en el financiamiento a la educación superior.
Lo anterior dio pauta a la aplicación de políticas fiscales de contención del déficit público, como de control de las variables macroeconómicas, para el llamado saneamiento de las finanzas públicas, por lo que el gasto público debía focalizarse a la educación básica. Mientras que los costos de la educación superior debían trasladarse a los estudiantes, lo que derivó en una tendencia a la privatización de la educación superior. En 1980 el sector privado atendía a 17 por ciento de la matrícula, para el año 2000 su cobertura se amplió a 33 por ciento de la matrícula, de 146 establecimientos privados pasaron a mil en el mismo periodo.
El financiamiento a la educación superior y a la ciencia y la tecnología fue de 6.7 por ciento en 2012, para caer a 4.6 en 2013, aumentó a 8.9 por ciento en 2014, para caer nuevamente a 2.3 por ciento en 2015. La participación del gasto público en educación fue en 2012 de 5.4 por ciento respecto al PIB, muy por debajo de 8 por ciento que tiene estipulado el artículo 25 de la Ley General de Educación. El subsidio por alumno pasó de 54 mil 392 pesos en 2012 a 51 mil 227 en 2015.
Desde hace tres décadas los rectores agrupados en la ANUIES han formulado diversas propuestas de política pública para el fortalecimiento del financiamiento de la educación superior, pero han sido desoídos.
En un futuro cercano, los niños y jóvenes de hoy serán los responsables de tomar decisiones y promover y reforzar pautas para un desarrollo sustentable a nivel global. El compromiso de las naciones es lograr una educación basada en la evidencia experimental, con la cual el alumno construye sus propios conocimientos. ¿Cómo lo lograrán nuestros jóvenes y niños si la educación mexicana está presupuestalmente crucificada?

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Responsable técnico del Observatorio Tecnológico de Hidalgo y profesor investigador de la UAEH en temas de gestión tecnológica e innovación. Imparte las materias de fundamentos de la metodología de investigación y la de creatividad e innovación empresarial.