La importancia de la educación superior pública radica en la trascendencia del tipo de sociedad que queremos para el futuro, el presente está marcado por una transición compleja, los procesos coyunturales acotan las estrategias de mediano y largo plazo para lograr resultados positivos.

Es imprescindible reducir la vulnerabilidad de las mayorías, ¿por qué restarle importancia presupuestal a la educación superior y a la investigación? si son generadoras de nuevos conocimientos y de profesionistas.

Las economías comunitarias orilladas al autoconsumo y al rezago tecnológico solo son vistas en tiempos electorales; pretender reactivarlas con los programas sociales de la 4T sin el soporte de la investigación, del desarrollo tecnológico y de una masa crítica de profesionistas, formados en las instituciones de educación superior públicas (IES), es reproducir su incompetencia y el fracaso de la política social.

La falta de una política efectiva de transferencia tecnológica y de conocimientos, que articule a las comunidades marginadas con las IES, ha propiciado la migración internacional de los jóvenes, en busca de mejores condiciones de vida para ellos y para sus nuevas familias.

Los que no estudiaron, canalizan sus capacidades mentales, ya cargadas con la frustración y el resentimiento, hacia la delincuencia; no hay una estadística que lo precise, pero los criminales han surgido de la pobreza y del abandono, una mezcla que abona la ruta hacia una sociedad distópica (indeseable y anárquica, donde la violencia extrema, sustenta la ley del más violento y carente de valores, su falta de sentido humano lo distingue).

Urge un proyecto humanista que coloque en el centro al ser humano al conocimiento y al desarrollo tecnológico, para estar en posibilidad de responder a los retos globales, hoy definidos por la guerra comercial y el desarrollo científico – tecnológico.

El rezago en términos de estructura productiva y de capacidades tecnológicas, de los municipios y comunidades marginadas, los y las hace cada vez más vulnerables ante la criminalidad, alimentada por la corrupción y la impunidad que todavía persisten, lo que hace una situación especialmente grave, a nivel de emergencia nacional, por su impacto negativo en el potencial del crecimiento y del desarrollo sustentable en el mediano y el largo plazo.

La vulnerabilidad de los pequeños productores manufactureros y del campo es reforzada sobre todo por la caída de la inversión, situación que ya es crónica, pero este año va en caída libre, tan solo en el mes de julio de este 2019 bajó a menos 9.

1 por ciento respecto al mismo mes del año anterior, el rubro crítico es el de maquinaria y equipo que cayó de 3 por ciento a menos 20.

4 en el mismo periodo.

Lo que hace impostergable ampliar la magnitud de los esfuerzos tecnológicos, lo que implica incrementar el gasto público en educación, sobre todo en el nivel superior y en los procesos de I+D; al fortalecer la cobertura y la investigación en las IES públicas se podrá transformar las comunidades que están a nivel de autoconsumo, en áreas productivas con procesos de más intensidad tecnológica, que es la clave para el crecimiento a mediano y largo plazo, lo que representaría impulsar a la economía del país hacia la evolución de la complejidad de su estructura económica básica, que son las mipymes, una economía es más competitiva en la medida que es más compleja, dado que la estructura productiva es diversificada de manera sustentable, con reducidos impactos en el cambio climático.

El bienestar social se logrará al superarse las incertidumbres asociadas a los cambios en el mundo del trabajo, ¿cómo? al superarse las brechas en el desarrollo de las capacidades humanas, a través de una educación de calidad que imparten las IES públicas.

Las bases que sirvieron de apoyo a la expansión de la educación superior son ahora insuficientes para sostener el crecimiento que se avecina, la masificación y los retos de la globalización tecnológica, plantean la creciente necesidad de recursos financieros para hacerles frente.

El continuar marginando presupuestalmente a las IES limita la posibilidad de atender al 40 por ciento de los jóvenes que no ingresan a una formación profesional, marginarlos en lugar de atenderlos es encaminarnos hacia una descomposición social. ¿No lo cree usted?

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