Ayer hablábamos en este espacio sobre la espiral de violencia que vive nuestro país, que se ve reflejada en la altísima incidencia de homicidios. Recordemos que el año pasado nuestro país impuso la marca más alta desde que se tiene registro, al acumular 29 mil 168 homicidios intencionales. Y este año no vamos mejor, ya que el primer trimestre de 2018 cerró como el más violento del que se tenga registro. El sexenio de Enrique Peña, por otra parte, ya rebasó al de Felipe Calderón en cuanto a homicidios se refiere, cuando el sexenio de este último se había catalogado como el más violento de la historia reciente. Pero además, según una nota que publicamos hoy, el fenómeno de la violencia es continental. América Latina ha sufrido más de 2.5 millones de homicidios desde el comienzo del siglo XXI. La región acumula 33 por ciento del total de homicidios de todo el mundo cuando solo tiene 8 por ciento de la población mundial. Estos números fríos explican lo que vemos todos los días a nuestro alrededor. Nuestro estado no es ajeno a esta epidemia. Tan solo ayer en Tulancingo un hombre de 34 años fue asesinado en las inmediaciones de su domicilio, mientras que en el mismo hecho un menor de tres años resultó herido por arma de fuego. Son cosas que, ya de tan comunes, están volviéndose invisibles. Aquí es donde no debemos acostumbrarnos ni los ciudadanos y mucho menos las autoridades. Aunque, para pesar nuestro, no vemos una estrategia ni a nivel local ni nacional que vaya a detener esta barbarie. Tiempo de reflexionar, de repensar qué vamos a hacer en América Latina. De filón. Resulta que Mixquiahuala no necesita los recursos del Fondo Nacional de Desastres (Fonden), pues no fueron para tanto los daños de la granizada del pasado martes, según el subsecretario de Protección Civil y gestión de riesgos Miguel García Conde Álvarez. De lo que colegimos que primero hay que medir lo que ocurrió y luego salir a pedir.

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