El 25 de mayo, fuimos testigos de uno de los episodios más funestos en la historia de la humanidad, la muerte provocada por asfixia de George Floyd a causa de un agente policiaco en la ciudad de Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos. Este hecho, por desgracia, no es aislado; la población negra, a lo largo de su historia, ha sido objeto de racismo, opresión, agresiones y esclavismo. En América, la introducción de esclavos negros comenzó con la llegada de Cristóbal Colón a estas tierras, quien los traía consigo en su carabela La Niña, ya desde entonces eran consideraros mercancía, haciendo referencia a ellos como “piezas de ébano”. Se sabe también que Hernán Cortes trajo esclavos negros durante la conquista de la Nueva España.

Se calcula que entre los siglos XVI y principios del XIX llegaron a la América hispana más de 10 millones de esclavos de África (algunos autores elevan el número a 12.

5 millones). Durante todo el periodo virreinal se cree que fueron 3 millones de africanos y africanas los que llegaron como esclavos al territorio novohispano. Esas cifras muestran la importancia que tuvo la presencia negra en la sociedad de ese entonces, que permeó en sus costumbres, tradiciones, ideología, lenguaje y cultura en general, tan es así que se considera que África es la tercera raíz (incluso hay quienes la consideran como la primera raíz), además de la indígena y la española, en lo que ahora es México.

Desde un comienzo se estableció un fuerte vínculo entre Veracruz y el continente africano, ya que en este puerto se recibieron numerosos barcos cargados de esclavos negros en condiciones infrahumanas y de hacinamiento. Este comercio, donde se traficaba de manera legal y de contrabando a gente proveniente de África, fue una empresa que redituó grandes ganancias a quienes los explotaban, sobre todo a españoles y portugueses, aunque también a holandeses, ingleses, franceses. A América llegaron esclavos africanos provenientes de Angola, Congo y Mozambique, mientras que a la Nueva España negros de Sudán durante el siglo XVI, del Congo y de Angola en el siglo XVII y del este africano y de las factorías del Golfo de Guinea a principios del siglo XVIII.

La Corona española que veía que su “mano de obra” estaba en peligro de desaparecer, prohibió la esclavitud indígena, más no la esclavitud de negros, con las llamadas “leyes nuevas”, promulgadas por el rey Felipe II, el 20 de noviembre de 1542, por lo que la esclavitud indígena pasó a ser la esclavitud de negros.

Además, la crisis demográfica que provocaron las enfermedades traídas por los españoles (cólera y viruela, entre otras) trajo consigo una disminución de los trabajos agrícolas (en plantaciones de azúcar, café, tabaco y algodón) y mineros. Los indígenas morían casi de inmediato después de ingresar a las minas, por lo que fue necesaria la fuerza de trabajo de los negros, que se consideraban más resistentes para las labores de este tipo. Es así que los esclavos africanos se destinaron sobre todo a centros mineros, y al Real y Minas de Pachuca llegaron de Angola para realizar este arduo trabajo.

El precio de un esclavo variaba según su edad, estado de salud y fuerza para el trabajo, por ejemplo en las minas de Pachuca en el año de 1570 un esclavo de 25 años en “buenas condiciones” costaba alrededor de 325 pesos de oro común, suma bastante considerable en ese entonces. Era frecuente que los hombres negros no llegaran solos, sino con sus mujeres y sus hijos, quienes realizaban tareas domésticas en las residencias de las familias pudientes. Pese a su fortaleza, los esclavos negros sufrieron, al igual que los indígenas, abusos y morían tanto por las epidemias como por el trabajo excesivo.

Como vemos, la historia de la esclavitud, el racismo y la discriminación en contra de la población negra data de varios siglos atrás. Tengamos en cuenta que el 25 de marzo se conmemora el “Día Internacional del Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Trasatlántica de Esclavos”.

Fuente: Gonzalo Aguirre Beltrán. “La presencia del negro en México”, Revista del CESLA. Uniwersytet Warszawski Polonia, Varsovia. p. 363. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=243320976020.

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