Octaviano García
Área académica de ciencias de la educación

El debate en todas las temáticas a nivel global se centra hoy en cómo afrontar las problemáticas que ha traído consigo la pandemia del SARS-CoV-2, entre ellos de grave alcance está el desplome económico mundial, la falta de programas y seguimiento preventivo del contagio, el desconcierto social, la ingenuidad y falta de conciencia de las medidas sanitarias que conducen a un rebote ya presenten en países como Francia, España y no se diga en nuestro país México, donde ya en algunos estados está latente el riesgo de regresar nuevamente a semáforo rojo, en el que si no se hace nada al respecto el índice de decesos humanos tiende al aumento indeseable.

En el caso de la educación y las consecuencias de este confinamiento, obligó, tanto a alumnos como a maestros y al resto de los actores educativos, como medida preventiva y desesperada que todos regresáramos a casa. La escuela como institución responsable buscó e implantó una educación emergente en línea o apoyándose del Internet, y de medios electrónicos, todo con la finalidad de continuar desarrollando lo que marca en sus planes y programas curriculares.

En sus diferentes niveles educativos todos afrontan una gama de dificultades, que se marcan principalmente por las diferencias económicas, las diferencias de clases de quienes tienen más, quiénes poco y quiénes absolutamente nada, estos últimos podrían, en una buena proporción, estar olvidados.

En la escuela, en voces de niños, jóvenes y adultos, que se frustran y desganan, se manifiestan abiertamente ante la impotencia de no poder seguir las indicaciones de los maestros, de no comprender las secuencias didácticas, de no dar seguimiento a todo lo que se pide en la escuela, por sus maestros, para poder intentar cubrir las tareas, sus productos y evidencias.

Ante la actividad escolar, todos tratan de seguir con la intención de la escuela, sin embargo, durante estos procesos de enseñanza aprendizaje, se manifiestan una diversidad de resultados esperados y por otra los que pueden estar ocurriendo, como son un bajo aprovechamiento, ausentismo indeseado, que sin duda conducen a un grave problema de aprendizaje, aunado a más consecuencias que se pueden trasladar a esferas de salud mental y emocional, como la baja autoestima, el miedo, la angustia y la depresión, entre otros, en donde lo impensable será difícil de evitar o contrarrestar.

Este escrito no tiene el fin de dibujar el panorama que se vive en nuestra sociedad, ya que cada uno de nosotros sabemos cómo la estamos viviendo. En cuanto a las familias, dependiendo de su estructura y sus condiciones, viven bajo la angustia de tener que salir a trabajar para solventar sus gastos, de seguir laborando, de regresar a casa y tener que apoyar la educación escolar de sus hijos o familiares que estudian, cuando estos son más chicos. En nivel básico, la familia apoya para que los niños desarrollen la lectura, la escritura y las matemáticas. Sin embargo surgen barreras por la formación y nivel escolar de los padres, o de quienes son responsables de apoyar las tareas y actividades en casa, donde se rebasan las capacidades de apoyo.

Son los mismo alumnos que dependiendo de su autonomía, de su motivación luchan por seguir estudiando, con la necesidad de cumplir con sus tareas escolares, buscando aprobar y dar un buen resultado, o quizás solo con la idea de enviar las evidencias a sus maestros, con la fortuna de obtener una nota alta.

En estos procesos de enseñanza-aprendizaje, de manera muy importante son los maestros quienes con el fin de lograr sus objetivos de la enseñanza, la mayoría hacen sin duda sus mejores esfuerzos, siguen las indicaciones de sus directivos, revisan, adaptan y desarrollan sus unidades y situaciones didácticas, mismas que revisan y evalúan. Pero, a los maestros, también los alcanzan sus limitaciones y barreras de formación, tiempo, energía y tolerancia así como sus necesidades como personas y parte de la familia, aun así realizan su mejor su trabajo.

En los hogares de los alumnos existen diversidades de factores que influyen en sus procesos de enseñanza aprendizaje, algunos revelan, que no pueden dedicarse de tiempo completo a sus estudios porque deben participar en las actividades del hogar, que se convierten en obligaciones para el funcionamiento del hogar. En donde, las condiciones del funcionamiento en el hogar afectan el aprendizaje, como son la falta y calidad del Internet, la disposición y distribución de artefactos electrónicos, o el alcance de computadores o de medios para todos, cuando los hay. Donde puede ser que la falta de espacios ideales para estudiar no los hay, en donde el ruido que se genera en casa, abundan la diversidad de distractores que irrumpen los estudios y la concentración.

Señalaba Audi, colaborador y discípulo de Piaget, en los sesenta, que el niño ante dificultades de atención en situaciones de aprendizaje, por muy distraído siempre aprenderá algo. Sin embargo no es suficiente lo que se aprende en casa, es cierto que todos hacen sus esfuerzos por hacer que ellos aprendan, que se apropien de conocimientos curriculares. Nos habíamos acostumbrado a ir, estar, aprender y enseñar en las escuelas, a seguir aprendiendo y enseñando lo marcado en los curriculums. Hoy los alumnos buscan sus propios aprendizajes, sus verdaderos aprendizajes significativos de la vida. Se han vuelto expertos en el manejo de las tecnologías, de sus móviles, poco a poco logran su autonomía algunos con poca y algunos con mucha dificultad. Son nuevas generaciones que continúan su propio desarrollo, con el esfuerzo del maestro y la escuela.

La escuela, los maestros, los alumnos y las familias seguirán haciendo lo propio hasta regresar de nuevo a las escuelas, pero en tanto tendremos estas experiencias de adaptación para continuar con el fin de lograr promover los procesos de enseñanza aprendizaje en las casas de las familias que hoy se han convertido en las mejores escuelas.

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