Hoy 15 de mayo se conmemora el Día del Maestro desde 1918 por decreto del presidente Venustiano Carranza, que lo instauró como fecha de festejo oficial en todo el país. Es una fecha en que se resalta y celebra la vocación de aquellas personas que promueven el aprendizaje y la aplicación de conocimientos entre los jóvenes con la finalidad de que lo reflejen en su vida personal y profesional. Desde siempre, hemos tenido la percepción de que esa profesión no se puede realizar sin un alto grado de vocación, es decir, esa inclinación natural que una persona siente por desarrollar ciertas actividades como su modo de vida, en pocas palabras se nace para ello y esa idea sin duda enaltece aún más esa noble profesión de formar a las futuras generaciones que dirigirán los destinos del país.

Pero, además, es una fecha que nos invita a reflexionar sobre la educación y, un poco más allá, sobre el sistema educativo, que es responsable de la formación de los jóvenes del país, de nuestros hijos. También coincide con la aprobación de la nueva reforma educativa, que entrará en vigor en unas semanas más, una vez que los congresos estatales la aprueben y que amerita una reflexión específica para una siguiente entrega. En esta ocasión, quiero centrarme en esa percepción cada vez más creciente de que las cosas en la educación no están bien, algo pasa, hay un descontento generalizado de los jóvenes por asistir a las escuelas y realmente formarse para enfrentar las complejas sociedades en las cuales vivimos y, con mayor claridad, hemos construido.

Sabemos todos, sin realizar un gran proceso de reflexión, que la educación formal no es gran aporte al logro de nuestras expectativas de vida y de desarrollo personal, ah, pero sí es necesario contar con un certificado que avale una formación o cierto nivel de estudio, pero no nos ayuda a vencer todos los obstáculos que nuestras sociedad tienen para el desarrollo personal y crecimiento de cada uno de los jóvenes del país y así las características de nuestras sociedades juegan un papel central a la hora de tratar de hacernos un lugar en ella como individuos. El que mis padres tengan estudios, el ser hombre o mujer, la situación socioeconómica de mi familia, entre otras, hablan más de mi potencial de desarrollo en la sociedad que mis estudios en sí. En pocas palabras, el sistema educativo no logrado y no ha logrado hacer que los jóvenes superen esas determinantes sociales a partir de contar con una mayor formación o con mejores habilidades y talentos que otros.

Eso me hace recordar varios estudios, y a libros, que nos describen esa situación y solo por nombrar algunos no podemos dejar de lado La escuela rota, de Eduardo Andere, y Los límites de la escuela, de Emilio Blanco. Ambos textos se refieren a lo difícil de lograr el aprendizaje por condiciones estructurales imperantes, el primero tiene como variable central en el sistema y la política educativa en el país que hacen que se trabaje en contra del aprendizaje y el segundo nos relaciona a la desigualdad social con el aprendizaje, en una relación proporcional a más desigualdad menos aprendizaje.

Entonces, si el mundo es más complejo y tenemos más conocimiento de nuestra sociedad a través de muchos y rigurosos estudios, seguimos insistiendo en reproducir un sistema educativo y una forma de educación como si esa fuera la correcta y la única posible, bajo el argumento de que dio resultados en el pasado. Sí, nadie dice que haya estado mal, pero ya está obsoleta, es decir, insistimos en utilizar estrategias y cosas que con el pasar del tiempo ya han sido sustituidas y no lo queremos reconocer. De ejemplo un botón, hace unos días el Congreso del estado de Querétaro aprobó invitar al Ejecutivo del estado a prohibir el uso de celulares en el nivel primaria y secundaria, porque distrae a los alumnos en las aulas de su proceso formativo, es decir, le ponen más a tención al teléfono celular y no a las indicaciones del maestro y así, el sistema no puede hacer lo que busca hacer. Con ese tipo de medidas, lo que estamos buscando es preservar una manera de formar, de educar, obsoleta. Deberíamos alegrarnos de la tecnología que los jóvenes traen y usarla como herramienta de aprendizaje.

Continuaremos…

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