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La evasión fallida

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El 21 de abril de 1988, temprano, a las 7 horas aproximadamente, el intento de una fuga masiva de internos del centro de readaptación para adultos del estado, ubicado en Pachuca, dejó un saldo de cinco muertos, entre ellos el director.

Se habían formado dos comandos, que integraban más de 15 personas. La fuga era encabezaba por Marcelino Casimiro Alonso, reo peligroso, quien en el pasado se había evadido tras victimar a un celador del mismo centro penitenciario.

Utilizaron cartuchos hechizos de dinamita, dos pistolas, aunque se presumió que hubo un arma más.

En lo que fue una sangrienta mañana, los coludidos tomaron como rehén al director Roberto Baca Morales, quien también perdió la vida.

Se llegó a decir que ya había manifestado su intención de dejar el cargo.

En la refriega hubo heridos, entre ellos un recluso, dos celadores, así como dos mujeres de 31 y 13 años, quienes introducían desayunos.

Lo que pudo interpretarse como presagio de la evasión fue la misteriosa desaparición de una interna, aunque no dejó de ser una hipótesis.

Baca Morales, a quien se le anteponía el grado de teniente, sorprendió al presentarse al pase de lista, un poquito después de las 6 horas y antes de las 7 un fuerte estallido cimbró los gruesos muros del penal.

El director entró a los patios del centro de readaptación, en donde acudió a un llamado de Marcelino Casimiro y fue sometido.

Luego, ya atado de las manos con unas cuerdas de nylon, los reos exigieron que les abrieran la puerta de acceso. Baca Morales les dijo a los custodios que no hicieran caso y los internos colocaron un cartucho de dinamita en uno de los ángulos inferiores de una puerta de hierro y la volaron.

El comando avanzó, pero ya los esperaban celadores, quienes armados con rifles M-1 y escopetas se trenzaron en un tiroteo con Marcelino Casimiro, quien portaba un revolver 38 en la diestra y una pistola 25 en la mano izquierda. Salió abriendo fuego, cubriéndose con el cuerpo de Baca Morales.

Un delincuente lanzó un cartucho de dinamita en donde se encontraban parapetados los celadores, pero, por fortuna, no estalló.

Circunstancialmente circulaba por la carretera México-Laredo Carlos Madrid, agente de la Policía judicial del estado, junto con su pareja se trasladó al reclusorio a la vez que solicitó auxilio de sus compañeros y de Seguridad Pública y Tránsito.

Instantes después arribaron los generales Vicente Osorio Hernández y Jorge Homero Torres, quienes junto con personal de la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito (DGSPT) controlaron totalmente la situación, sometiendo al resto de los presos; además, arribó al lugar el entonces procurador de Justicia Rubén Licona Rivemar, así como agentes de Policía judicial federal y estatal.

El cadáver del teniente Baca Morales presentaba heridas producidas por proyectil de arma de fuego y algunas con arma punzocortante, que se supone le infligieron Casimiro Alonso y sus cómplices al tomarlo como rehén.

Se anunció que provisionalmente el capitán Jorge Candelaria Cerón, director de Gobierno, asumiría funciones del ya inmolado teniente Baca Morales.

A su vez, el general Osorio Hernández dejó de apoyo a 25 elementos de Seguridad regional.

“Nuestra labor termina aquí. Controlamos la situación. Ahora toca a la Procuraduría de Justicia, apoyada por la Policía judicial, investigar los hechos”, declaró.

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