En respuesta a información que ha dado a conocer este diario, relacionada con la racha negativa que ha experimentado la economía estatal –que registró una caída de 1.9 por ciento durante el primer trimestre del año–, el secretario de Desarrollo Económico Luis Romo Cruz argumentó que se debe, principalmente, a la dependencia que tiene nuestro estado a la inversión pública, particularmente la que proviene del gobierno federal. El golpe, que llevó a la lona a nuestro crecimiento económico, tuvo que ver con los drásticos recortes al presupuesto destinado a obra pública, que este año llegaron a una proporción negativa de 70 por ciento. Además, otros factores que obstaculizaron la expansión de la economía estatal fueron: la devaluación del peso frente al dólar (que llegó a cotizarse 65 dólares más caro), el gasolinazo y una contracción en el gasto de los habitantes –quienes prefirieron guardar su dinero frente al entorno adverso de la economía–. Este fenómeno nos muestra qué tan vulnerable es nuestra economía estatal a factores externos. Y si el gobierno o sector público es el máximo inversor, entonces somos muy vulnerables a, por ejemplo, los recortes presupuestales. En Hidalgo la dependencia de la obra pública con respecto a la inversión privada ronda en un 70/30 y la meta, para la administración de Fayad Meneses, es que esta correlación sea de 50 por ciento. Hoy Hidalgo sufre una crisis originada por factores externos y sobre todo, batalla contra la falta de inversión, no solamente privada, sino pública. En esta coyuntura tenemos la oportunidad de corregir la dependencia a los recursos públicos y, todo parece indicar, vamos por el rumbo adecuado. Las nuevas inversiones atraídas, superiores a 9 mil 300 millones de pesos, son un indicador positivo. Pero… ¿Y la inversión pública?

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