La experiencia asiática; ningún sueño es demasiado grande

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Víctor Manuel Martínez

Cuando te visualizas a ti mismo llegando a dónde quieres estar, eliminas los prejuicios, pretextos y hasta del orgullo para trabajar en ello. Que nadie te diga que algo es demasiado para ti, como si no merecieras tenerlo. Que nadie te diga que tienes que ser realista y atenerte a lo que posees, a lo que se pueda y hasta a lo que te alcanza porque debes estar seguro que puedes alcanzar a lo que planeas, por grande que parezca.
El día que decides hacer esa maleta para irte a vivir a otro país estás también aceptando, implícitamente, una serie de términos y condiciones a las que tendrás que acatarte por el resto de tu vida. Estás dejando atrás a tu país, ese platillo favorito con el que tu abuela te consiente los fines de semana, las salidas con los primos, esas risas con tu papá y mamá alrededor de la mesa, estarás dejando tu zona de confort para buscar tu propio camino y para entender también que cada cosa cuesta, y que para conseguir lo que se quiere siempre hay que hacer sacrificios.
“¿Corea del Sur? ¿Seúl? ¿Para qué hasta allá? ¿Y cómo le vas a hacer? ¿No te da miedo?”
Entre los comentarios que se reciben en un principio, viajar a un país desconocido, donde tampoco conoces a nadie, ni mucho menos hablas el idioma, por supuesto que hay cierta intriga por no saber lo que te espera. Qué caso tendría hacerlo si no sintieras esa adrenalina, eso es lo que lo hace interesante. Corea no fue un destino que siempre estuvo en mis planes, pero sabía que quería algo diferente, no solo un cambio de página, sino un libro completamente nuevo; quería llegar a un lugar donde no supiera ni lo que dice el letrero de la esquina, donde fuera fácil darte una buena perdida (y vaya que pasó), donde el idioma, más que ser una barrera, sea un gancho para aprenderlo al menos un poco y entender el poder de un “gracias” con caracteres que parecen solo dibujos. Donde hay días en que te despiertas y caes en cuenta que estás a 13 mil kilómetros de casa, de tus raíces, de lo que te define en el mundo, tu nacionalidad, ser mexicano y lo único que piensas es: qué increíble es poder estar aquí.
Vivir en Corea del Sur fue una aventura en cada día. Es el creador del Taekwondo que se ve en las películas. Ese país asiático hogar de cerca de unos 50 millones de habitantes, que resulta increíble si lo comparamos con que en territorio es del tamaño de Oaxaca. Es ese país que ha sido invadido y atacado en guerras una y otra vez, pero son las mismas veces que se ha puesto a trabajar, reconstruido lo poco que les ha quedado, que se ha levantado para seguir adelante y hoy ser una nación altamente desarrollada.
Corea del Sur es ese país donde sus habitantes recuerdan día con día una batalla que los dejó marcados, una batalla que nos hace mencionar en la geografía un Corea del Sur y un Corea del Norte, pero que a pesar de eso sus habitantes siguen llamando a su país como Corea, solo Corea. Para ellos no hay una del sur y una del norte, la esperanza de volver a ser uno solo, unificarse y terminar con la guerra y la tiranía que oprime a los que viven del otro lado de la frontera, es un deseo de cada día para cada norcoreano.
Hay más oportunidades allá afuera de lo que te puedes imaginar, lugares y personas, donde si bien no se ven como tú físicamente y quizá ni siquiera compartan las mismas opiniones, lograrás darte cuenta de que todos estamos juntos en esto, aprendiendo a actuar y a convivir unidos, comprender que está bien tener diferencias, mientras aceptemos que al final del día aquí y allá todos somos iguales y la única razón por la que estamos aquí es para ser felices.
Si tuviera que volver a decidir si quiero vivir esta experiencia nuevamente, no lo dudaría ni un segundo, ningún sacrificio es demasiado grande cuando se sabe que se ha ganado tanto.

Corea del Sur
es ese país

donde sus habitantes recuerdan día con día una batalla que los dejó marcados, una batalla que nos hace mencionar en la geografía un Corea del Sur y un Corea del Norte, pero que a pesar de eso sus habitantes siguen llamando a su país como Corea, solo Corea. Para ellos no hay una del sur y una del norte, la esperanza de volver a ser uno solo, unificarse y terminar con la guerra y la tiranía que oprime a los que viven del otro lado de la frontera, es un deseo de cada día para cada norcoreano

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