La extinción del imperio de Juan Galindo

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En octubre de 2009, 44 mil familias se quedaron de la noche a la mañana sin un sustento. Entre ese amplio número figuraron alrededor de 3 mil personas originarias de Juan Galindo –tradicionalmente conocido como Necaxa–, en la Sierra norte de Puebla

Cuando se dio el decreto inconstitucional de Felipe Calderón, se hizo porque querían –y aún quieren– privatizar la energía eléctrica. Le pegaron a 44 mil, pero de ellos 16 mil 599 continuaron en resistencia”

Joel Aguilar
Jubilado

OSMAR ESLAVA MÁRQUEZ
Pachuca

Con el decreto de extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyCF) en octubre de 2009, 44 mil familias se quedaron de la noche a la mañana sin un sustento. Entre ese amplio número figuraron alrededor de 3 mil personas originarias de Juan Galindo –tradicionalmente conocido como Necaxa–, en la Sierra norte de Puebla, que históricamente ha sido referido como la cuna de la industria hidroeléctrica de México mediante la intervención del presidente Porfirio Díaz y el ingeniero canadiense Frederick Stark Pearson, a principios del siglo XX.
Las afectaciones no se hicieron esperar, pues de acuerdo con cifras expresadas por el expresidente municipal Luis Gerardo Martínez, 60 por ciento de la economía del municipio dependía de la generación de energía a partir de las tres plantas que operaban los obreros de Juan Galindo: Necaxa, El Salto y Tepexe. El resto de los pobladores se beneficiaban indirectamente de ello, pues la actividad comercial y la producción agrícola ocupaban 30 y 10 por ciento, respectivamente, esto a partir del consumo interno generado también por la influencia de la extinta compañía.

El año cero

Durante las semanas posteriores al decreto se registró un fenómeno migratorio muy notorio, principalmente por extrabajadores que regresaron a su lugar de origen, en Juan Galindo; lo anterior está reflejado en las cifras de los censos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), cuando la población pasó de 9 mil 616 habitantes en 2005, a 10 mil 213 en 2010. Dicha información la corroboró Javier Romero, cronista y director de turismo local, quien explicó que surgió principalmente por la relativa comodidad económica y social que significa vivir en un pueblo pequeño.
Pese a ello, el principal problema en la etapa inicial era el económico. La sociedad estaba endeble ante la falta de recursos fijos y el comercio tuvo fracasos considerables. El antiguo negocio conocido como Abarrotes Morales, por ejemplo, en 50 años de existencia nunca había tenido pérdidas tan grandes como las que registró en ese lapso oscuro, “nos afectó 70 por ciento, por lo que dejó de haber movimiento”, comentó el dueño, Clemente Morales.

Sobreviviendo los primeros días

En el municipio surgieron pequeños negocios familiares en cada calle y colonia. Las purificadoras de agua, los cybercafés, cocinas económicas y tienditas de la esquina operaban por racimos, como una medida desesperada de los pobladores ante la incertidumbre económica. En lo que a dinero se refiere y con base en lo expuesto por el Inegi en sus censos económicos, los ingresos totales captados mediante todas las actividades productivas del municipio presentaron variaciones importantes en los periodos comprendidos entre 2004 y 2014, pasando de 285.3 millones de pesos en 2004 a 569.2 millones en 2009, sin embargo, cayeron estrepitosamente a 125.1 millones para 2014, lo cual hace notorio el declive comercial y monetario que se vivió después de la extinción.
La comunidad relacionada con la empresa expresó abiertamente que de un día para otro se quedó sin el sustento al que se habían acostumbrado desde que se erigió como municipio en 1936, mismo que provenía de la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica a partir de la compañía Luz y Fuerza del Centro (LyFC).
De aquí parte otro conflicto que tuvo que solventarse en el momento inmediato: el desempleo. El listado de personas que laboraban activamente en LyFC en el municipio era de mil 463 empleados en 2004, mil 111 en 2009 y con la intervención de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el momento de la extinción, solo quedaron cerca de 800 personas.
Aunque parece que se trata de una cantidad pequeña, se debe tomar en cuenta el impacto que tuvo en el entorno social y económico el que las cifras de empleados disminuyeran 57 por ciento en apenas 10 años, según el Sistema Automatizado de Información Censal (SAIC).
En conversación con varios jubilados y extrabajadores de LyFC, coincidieron en referir que la situación apremiante que atravesó el municipio fue sostenible por las aportaciones que los retirados realizaron al movimiento de resistencia y a la ligera inyección que daban al comercio local.
“Cuando se dio el decreto inconstitucional de Felipe Calderón, se hizo porque querían –y aún quieren– privatizar la energía eléctrica. Le pegaron a 44 mil, pero de ellos 16 mil 599 continuaron en resistencia. Nosotros como jubilados apoyamos económicamente a nuestras familias, en los gastos menores, con la despensa, en las asambleas, porque la lucha era de todos”, comentó Joel Aguilar, jubilado.

El imperio se extinguió

Quienes se mantenían incrédulos sobre la situación solo necesitaban pararse un domingo en la plaza del pueblo para comprobar que ya nada era igual. Las ventas eran notoriamente mínimas y la volatilidad financiera estaba ahí, pese a las cifras positivas que se manejaban en el Inegi. El apoyo monetario y moral que brindaban los jubilados no era suficiente, tampoco el dinero de quienes se habían liquidado, pues en lugar de invertirlo, “hicieron lo acostumbrado” y lo gastaron en viajes, autos, ropa, electrodomésticos o vicios.
Javier Romero es una de esas voces que pueden pronunciarse sobre la situación que Necaxa atravesó. Además de ser el actual director de Turismo del municipio, cuenta con trabajos e investigaciones sobre la historia de la región y la importancia de la hidroeléctrica para la comunidad y participa activamente en la actual administración en el ayuntamiento.
Según Romero, el tema cumbre del conflicto en Juan Galindo fueron las acciones de supervivencia que efectuaron los pobladores para aminorar el efecto de la tragedia, buscaron todos los medios posibles para resolverlo inmediatamente sin planear a largo plazo.
El municipio había considerado la posibilidad de voltear hacia el turismo como otra vía de desarrollo, además de lo generado por la empresa, pero ocurrió la extinción. Pese a que impulsaron el proyecto no recibieron el apoyo de las instancias estatales y federales, explicó Javier Romero: “Se han planeado muchos proyectos que no se han aterrizado, porque el gobierno prioriza mucho temas de asistencia social, dejando todo lo demás en stand by –espera–. Se requiere la iniciativa del ciudadano, presentar propuestas atractivas. Una mejor feria, festivales culturales. Que quienes nos visiten coman algo típico, que se entretengan en un evento, que les agraden las artesanías y finalmente que se hospeden; es un efecto en cadena y colaborativo”.
Ante la situación económica y laboral, muchas personas migraron a ciudades como Puebla, Pachuca o Ciudad de México en busca de oportunidades. Sus posibilidades eran en zonas industriales, porque su capacitación y experiencia era como obreros.
Otra estrategia errónea, de acuerdo con la opinión de personas del sector, fue que los comerciantes bajaron los precios de sus productos en un intento desesperado por mantenerse vigentes y competitivos en el mercado local, cuando lo óptimo habría sido aumentar la calidad de los productos y conocer a sus principales compradores. Por otra parte, nuevos negocios surgieron de manera informal y espontánea, pero muchos fracasaron.

Voces locales: una historia familiar

Conocer el entorno que envuelve la dinámica social antes y después de octubre de 2009, cuando declararon la extinción de LyCF, es percibido más fácilmente a través de los protagonistas de la historia. Cada sector tiene una óptica diferente. La familia Pérez Vázquez no solo es oriunda de la región, sino fueron afectados directamente por esa circunstancia.
Por ejemplo, Martín comenzó a laborar en el sector civil y en el taller mecánico de LyFC cuando tenía 21 años, sin embargo, sus primeros trabajos en la empresa eran de tipo eventual, “al principio, cuando entré, me daban dos días de trabajo. A veces 15 días. Mi primer contrato fue por dos años, luego por tres, ya después me dieron la planta, pero la agarré después de mucho tipo siendo eventual”.
Al momento de la extinción, Martín acumulaba 20 años trabajando de planta. Él y su esposa resaltaron que el mayor beneficio de haber trabajado ahí fue hacerse de su casa mediante un préstamo luego de 12 años de servicio. Lograron adquirir un patrimonio y no tenían preocupaciones previo al decreto de Felipe Calderón. Después, todo fue complicado. “Aquella noche de la extinción yo no pude dormir. Me la pasé llorando y no dormí. No quería ni salir a la calle porque se burlarían, muchos solo se burlaban de nosotros, de que ya no teníamos trabajo”, dijo.
El sindicato organizó a los trabajadores para montar guardias afuera de las instalaciones que fueron tomadas por CFE y que eran protegidas por la Policía federal. Ahí motivaban a los asistentes a seguir luchando y les solicitaron su apoyo para evitar la posibilidad de saqueo de bienes. Martín asistió durante cuatro años a esas guardias, y a la par compró equipo usado de panadería para generar un ingreso.
Preparaba el pan en los días en que descansaba de sus guardias y su esposa e hijos salían a venderlo en el pueblo y en las comunidades aledañas. Cuando Martín empezó a ‘botear’ en otros municipios como Huauchinango o Tulancingo, su esposa le preparaba varios productos como moles o chiltepín envasado y él caminaba durante horas para venderlos y llevar dinero. “Un jubilado que apenas falleció me apoyó mucho. Él me prestaba dinero y yo iba anotando cuánto le debía, porque le dije que cuando cobrara mi liquidación le iba a pagar; se llamaba Gilberto González Lechuga”, recordó.
Aunado a la lucha por llevar un sustento para su familia, Martín y muchos extrabajadores, motivados por los representantes sindicales, iniciaron un proceso legal por despido injustificado tras el decreto de extinción. El sindicato contrató a un grupo de 20 abogados y asesores jurídicos, entre los que figuraban Raúl Carrancá Rivas y Néstor de Buen, quienes desde el inicio dieron argumentos a favor de los demandantes, “a uno eso le da mucha confianza para seguir luchando”.

La cooperativa hoy

Los arreglos entre los representantes sindicales y la Secretaría de Gobernación (Segob), mediante una mesa de diálogo y negociación, permitió que quienes se mantenían en resistencia alcanzaran una liquidación, la posibilidad de crear una cooperativa y encontrar un patrón sustituto, a cambio de que desistieran de sus juicios laborales.
Domingo Aguilar, secretario del exterior en la división Necaxa del Sindicato Nacional de Electricistas (SME), explicó que las plantas operadas por la nueva cooperativa estarían bajo supervisión de la empresa portuguesa Mota-Engil, la cual forma parte del grupo Fénix, beneficiando a 408 trabajadores. “Lo que queremos es que entren todos en la primera contratación, debido a que se necesita mucha mano de obra en los trabajos civiles, pues no se ha dado mantenimiento durante seis años”.
Aguilar también expresó que requieren de una inversión de 500 millones de pesos para rehabilitar el sistema hidroeléctrico. El capital será aportado en su mayoría por el grupo portugués con quienes ya se hizo la cuantificación, y en menor porcentaje por la nueva cooperativa, por lo que esperan recuperar la cantidad invertida en un plazo de 12 meses, lo que permitiría una generación de ganancias cercana a los 200 millones de pesos, pese a que la nueva tarifa será 70 por ciento menor que la que cobra actualmente la Comisión Federal de Electricidad.
Luego de varios años de lucha, Martín y muchos de sus colegas están de vuelta en las plantas de Necaxa. Las negociaciones reactivan poco a poco la economía del municipio y la crisis de desempleo que se prolongó por siete años. “Los representantes nos dijeron que las cosas habían cambiado, que le echáramos ganas para que los nuevos dueños no se arrepientan de haber hecho la inversión. Nos dijeron que se va a capacitar personal. Vienen cosas muy importantes, nuevos proyectos y eso ayuda mucho a que Necaxa vaya a la alza. Estamos resurgiendo poco a poco, pero a buen paso”, finalizó el extrabajador de Luz y Fuerza del Centro.

Resistencia

  • Los arreglos
    entre los representantes sindicales y la Segob permitieron que quienes se mantenían en resistencia alcanzaran una liquidación, la posibilidad de crear una cooperativa y encontrar un patrón sustituto, a cambio de que desistieran de sus juicios laborales
  • Las plantas
    operadas por la nueva cooperativa estarían bajo supervisión de la empresa portuguesa Mota-Engil, la cual forma parte del grupo Fénix, beneficiando a 408 trabajadores
  • Luego de
    varios años de lucha, muchos obreros están de vuelta en las plantas de Necaxa. Las negociaciones reactivan poco a poco la economía del municipio y la crisis de desempleo que se prolongó por siete años

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