En el imaginario popular existe una representación de cómo funciona el poder, generalmente construido por abstracciones y miles de suposiciones que son la contra-lectura del sentido común con respecto a lo que le dicen que es el poder. Cada acto supone la presencia de fuerzas que operan entre bambalinas para acomodar las piezas desarticuladas de hechos y acontecimientos humanos. En México es común escuchar que los poderosos que públicamente se pueden pelear o fingir un desencuentro “al final de cuentas se van a comer juntos”.

El poder consiste en un encadenamiento de relaciones que no siempre se pueden fijar y observar de manera directa, porque el poder es un arte mediante el cual quienes lo detentan pueden actuar en contra de los que carecen de él y, estos últimos, pueden terminar levantándole la mano o haciéndole “fiestas” al que les ha hecho creer que actúa y dará su vida por ellos. Aunque al darse la vuelta y después de besar la mano del “señor”, los dominados pueden hacerle un corte de manga; así opera el poder en su realidad vital.

Pero entre el imaginario colectivo acerca del poder y la suposición de que ante mí o el colectivo quienes lo ejercen pueden diferir en la manera de ejercerlo y, más tarde, se van a comer juntos como cualquier grupo de amigos, y a mis o nuestras espaldas convenir acciones y estrategias para armonizar sus intereses, existe un tramo de especulaciones y de suposiciones sobre lo que pueda emitirse, pruebas o evidencias, claras y contundentes. Y estas evidencias deben resultar complicadas, porque la multiplicidad de relaciones es muy difícil sintetizarlas en un solo acto que englobe la totalidad y pueda ser observable.

Por eso, el trabajo de Mills sobre La élite del poder norteamericana es un trabajo altamente comprensivo y descriptivo, el cual ha contribuido a dar certeza a las especulaciones populares, con argumentos bastante sólidos. Pero en México, tenemos la fortuna casi única de que la lente de un fotógrafo de la revista Hola –que registra los gustos de la clase media alta mexicana–, ha logrado captar en una imagen lo que el imaginario popular siempre ha creído, lo ha escuchado en análisis de políticos y hasta leído en sesudos estudios sobre el poder en la época actual. En una imagen los hilos del poder se hicieron observables.

Hombres y mujeres de la élite del poder participaron de un evento social –la boda de la hija de Juan Collado, abogado de la élite del poder en México y en estos momentos preso– coincidiendo en un mismo lugar, citados o invitados por el abogado y padre de la novia. Sentados en un mismo evento y mesa –aunque no todos en la misma–. Ahí se pudo mostrar, a través de las imágenes reproducidas por la cámara de los encargados gráficos de la revista Hola, reproducida por Reforma, la representación colectiva que la población se hace del poder y los hilos que los unen en la vida real, pero invisibles por su complejidad al ojo humano.

En los eventos de la “alta sociedad”, en donde las élites comparten los vínculos familiares y sociales, no deja de ser una extensión de las relaciones que ocurren a priori o a su alrededor. El evento social refleja la consolidación de las relaciones entre ciertos grupos de poder, cuyos miembros comparten una manera de ejercer la dominación y de beneficiarse de las reglas escritas y no escritas que regulan su ejercicio. El compadrazgo, la vecindad, los gustos y los casamientos forman parte de las estrategias reproductivas del poder y su ejercicio como una práctica especial de élites.

Es en estos momentos especiales en los que el poder aparenta separarse y mantenerse alejado de sus prácticas y normas, es justamente cuando aparece con mayor claridad y posibilidad de observarse en todo su negativo esplendor y brillantez, porque el poder tiene su propia luz que se puede apreciar en las joyas que lucen hombres y mujeres, los autos en los que se transportan y llegan al evento, vestidos que portan, la comida que consumen, las acompañantes no siempre esposas o esposos “oficiales”, lugares en los que se celebran y comparten el pan y la sal, los medios en los que dan a conocer a sus amigos, enemigos o competidores, la fuerza que poseen.

Un evento como una boda no puede pasar desapercibida para los estudiosos del poder. Es en ese lugar en el que se marcan distancias con respecto a otros grupos con los que se compite en la reproducción de las estructuras del poder. En el ámbito de lo social que construyen las élites también forma parte de la reproducción del poder, lo anterior en razón de que cada acto a veces anodino, que se presenta como “social”, no deja de ser una manera de marcar con una huella o aviso a los demás del poder acumulado a través de las relaciones sociales que se reflejan en los invitados, que no es otra cosa que una delimitación de los círculos de poder. Veamos.

En las fotografías aparece el exgobernador del Estado de México y extitular del Ejecutivo federal Enrique Peña Nieto y su novia, Tania Ruiz. El expresidente de México fue padrino de la boda por lo civil. En contraparte, el padre de la novia había sido el abogado que divorció a Peña de su aparente exesposa Angélica Rivera. Se dice en la prensa que Collado, quien fungía como presidente del consejo de Cajas Libertad, en realidad servía de empleado, pues el verdadero dueño de ese banco “popular” es en realidad el expresidente Enrique Peña Nieto.

Estuvo también presente el líder petrolero Carlos Romero Deschamps, quien, ante el desdén de AMLO, se lanza al piso tratando de ocultarse bajo la mesa para no ser visto por quienes se presentaban, en un restaurante de Polanco, con la consigna de detener a Collado y no a Deschamps. Deschamps compartía, en la boda de la hija de Juan Collado, el pan y la sal con Raúl Salinas de Gortari, hermano del expresidente Carlos Salinas de Gortari, quien después de terminar con el reinado de la Quina, en el sindicato petrolero, le heredó el poder a Deschamps.

En la fiesta no podía faltar el abogado Diego Fernández de Cevallos. El Jefe, como se conoce, tiene en su antecedente el haberse retirado por algunos días de la contienda electoral de 1994, en la etapa final, después de haber logrado avasallar en el debate a sus contrincantes, incluido el priista Ernesto Zedillo Ponce de León. Se salió de la jugada presidencial para dejarle el camino libre a Zedillo, el Partido Acción Nacional (PAN) logró concertaciones que lo fueron ubicando poco a poco, sin rupturas, en la antesala del poder, que ganó en el año 2000 con Vicente Fox. Diego fue un asiduo visitante de Los Pinos y fue parte fundamental de los videoescándalos que debilitaron la campaña de Obrador en 2006.

Aquí también estuvo el cantante Julio Iglesias, el ahora ministro Eduardo Medina Mora, de quien dice el maestro Jalife fue quien entró primero –y solo– a la casa del chino Zhenli, donde estaba una recámara con millones de dólares, cuando fue funcionario del gobierno de Calderón, en 2007. Bueno, también el exgobernador del Estado de México, Eruviel Villegas, y el actual Alfredo del Mazo, entre otros tantos. Sociedad y poder en todo su esplendor…

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