Parodiando aquella célebre expresión de la historia y de las ciencias sociales, hoy un fantasma recorre México: la gran incógnita que se ha desatado sobre la capacidad del gobiernito mexiquense para ordenar al Ejército la represión sobre los ciudadanos y electores que exijan limpieza y reconocimiento al resultado cívico del 4 de junio en el Estado de México.
Los que creen que sí se dejan llevar por especulaciones sobre la fortaleza del presidencialismo en esta materia, una aparente certeza que por fuerza debe acudir a conceptos no de legalidad ni de moralidad, sino de la necesaria legitimidad y empaque para hacerse obedecer a cualquier costo, bajo cualquier razón de Estado.
La represión, tan familiar al colectivo, sobre todo en momentos de ultima ratio, cuando está en peligro la sobrevivencia de una claque en el poder, la demostración absoluta y brutal sobre el control del monopolio legítimo de la fuerza y de la violencia de un aparato establecido, en el caso mexicano no le alcanza ya para sostenerse, mucho menos para imponerse. Las posibilidades del autoritarismo están agotadas.
No solo han sido sometidas al tamiz de la viabilidad, sino al de la imposibilidad de aplicar ese tipo de soluciones tan recurridas por un sistema tiránico que encontró en esa razón el apoyo indispensable para ejecutar todos los actos de corrupción que cimentaron su fuerza entre las élites, demandantes de seguridad exclusiva, a contrapelo de estabilidad y gobernabilidad sobre las mayorías nacionales.

La cúpula de las decisiones se halla absolutamente desprestigiada

Es ya hasta un lugar común decir que la sociedad y el gobierno no están unidos en torno a objetivos comunes. Tiene tiempo que eso ya no existe. Los atracomulcas mismos se han cansado de demoler las bases de entendimiento, desde que exhibieron la impudicia para respetar la ley, desde que enseñaron las fauces de la rapiña y la traición al país.
La cúpula de las decisiones se halla absolutamente desprestigiada. Son mayúsculos los errores y los daños irreparables causados a la nación por sujetos impíos como Videgaray y Meade en la hacienda pública y la diplomacia; Oso…rio Chong, en la política interior; Nuño en la educación suplicante de una subasta que no se efectuó por impericia, no por falta de ganas…
… Peñita, al frente de una presidencia culpable de la falta de rumbo y luces sobre la conducción del país; Guajardo, palafrenero de Videgaray en la economía, gato de transnacionales y explotadores de nuestros recursos más preciados; Cienfuegos, un administrador de negocios derivados del presupuesto castrense; Pachiano, el rematador de la biodiversidad y del medio ambiente mexicano, y un largo etcétera, deleznable desde cualquier punto de vista.

Provocación latente de incitar la pugna entre priistas y opositores

Lo peor para ellos es que han dejado las huellas del crimen por todos lados, en todo lo que han tocado para satisfacer sus bolsillos y los de sus favoritos. Los atentados contra la gobernabilidad del país han sido tan severos que son los mismos que ahora los inutilizan para impedirles invocar esas ruinas en su apoyo.
La provocación latente en el territorio mexiquense de incitar el enfrentamiento entre las huestes priistas y opositoras, como prolegómeno de una represión inaudita para asegurar el triunfo del primito Del Mazo en tribunales electorales, y dar paso al Ejército en respaldo a Peñita, se encuentra hoy necesariamente sometida al tamiz de la realidad. ¿Puede el peñato seguir ajustando la realidad a sus caprichos?

No existe ni la obligación mínima de ofrecer seguridad

‎El sistema político mexicano atraviesa por la debilidad estructural más grave y lastimosa de su historia. Se ha quedado aislado y desquiciado, a una velocidad turbo. Más pobre que un perro de ciego. Catatónico y terminal, devastado por los mismos a quienes el pueblo les confió su custodia, y hoy quiere actuar para reprimir, en una desgraciada hora. Ya no es su tiempo, ni su momento.
El gobiernito se ha convertido en una oficina grandota, exageradamente poblada de inservibles. Para lo único que funciona es para la firma de concesiones, adjudicaciones y permisos ilegales que deben reportarle los moche$ de rigor, la única razón de su ejercicio. Si no hubiera moche$, nadie se presentaría a sus horas de trabajo.
Todo lo demás, no existe. Ni su obligación mínima de ofrecer seguridad, menos justicia, a los gobernados. Esas elementales vinculaciones con su única razón de ser, han sido sustituidas por el aparato en la sombra, los policías, fiscales y jueces que en su gran mayoría obedecen las instrucciones de los capos del narcotráfico, la única actividad rentable del aparato.

Los aparatos públicos de seguridad y defensa en manos del narco

En los últimos 17 años de esta pesadilla colectiva, los gobiernos panistas y priistas no solo han rematado (en escenografías de garage), la soberanía nacional, sino que han sido los perros guardianes para que esa traición no tenga reversa; liquidaron a decenas de miles de inocentes en la guerra contra el narco, una ficción legitimadora ante sus domadores.
Han llevado al extremo su objetivo de trasladar los aparatos públicos de seguridad y defensa, las decisiones estratégicas, las armas de largo alcance y las plazas más importantes y pobladas del país, en manos criminales de narcotraficantes, a cambio de puñados cash de dólares.
En cinco años han demolido la alimentación popular, han intentado privatizar la educación pública, el agua, la salud, la seguridad, han cometido toda serie de abusos gubernamentales, la quiebra del petróleo, la economía nacional, las plantas de empleo y los sistemas comerciales, la venta del territorio y un amplio repertorio de incalificables traiciones a la patria.

Golpeadas las bases del Estado: legitimidad, credibilidad y viabilidad

Acabaron con el concepto de la razón de Estado y le propinaron a éste sus golpes más escalofriantes, desde las mismas posiciones de poder, sin reflexionar sobre la necesidad que después iban a tener del soporte de las armas a sus insensateces. A pesar de que quisieron militarizar la justicia y poner en las manos de militares la ejecución de todos los procedimientos, sus designios fracasaron solo por impericia comprobada.
‎Hasta los medios impresos y radioeléctricos contratados a precios de oro por los llamados publirrelacionistas oficiales, han reconocido su incapacidad para poder acompañar la represión de los mastines del aparato, su obediencia ciega a balbuceos y mascullos disléxicos de tolucos y pachuquitas.
Sus cómplices, los capos de la droga, manifiestan palmariamente en cada acto sangriento de degüello y salvajismo su indiferencia a la pretendida fuerza del Estado. Tolucos y pachuquitas golpearon en las bases al Estado, al desconocer su legitimidad, credibilidad y viabilidad. Así, como se oye.

Desmoralización en el Ejército, síntoma de la pérdida de la cohesión

Las leyes, que atiborran los anaqueles y archivos de la jurisprudencia mexicana, no solo son letra muerta. Si acaso, solo son soportes de la ley de la selva. Son el testimonio de la vergüenza, la ficción y el abandono.
Hoy, con justificada razón, hasta los obedientes Juanes se indignan. Soldados de base, entorchados de todos los mandos en jubilación, niveles de la oficialidad y la tropa en el país se rebelan contra los negocios de Cienfuegos, el jefe de compras ascendido a general secretario, y amenazan constantemente desconocerlo, en varias comandancias regionales del país.
La desmoralización en el Ejército es un síntoma indudable de la pérdida de la cohesión y en el consenso sobre cualquier represión ciudadana, sobre todo si se justifica en resultados adversos contra la continuidad del régimen. Es una batalla de antemano perdida por el estado de fuerza disponible, pero no viable ni posible.

El derrumbe del gobierno empieza por la desesperación y el desánimo

La historia, los acontecimientos registrados en todas latitudes, han demostrado que el derrumbe de los sistemas de gobierno, el desplome de los aparatos, empieza por la desesperación y sobre todo el desánimo para revertir los hechos.
Cuando llega la desmoralización, es hora de preparar las maletas.‎ Es la enfermedad terminal de tolucos y pachuquitas. Nunca han podido, ni podrán contra esto. Solo forman una pandilla de deprimidos ambiciosos. ¿Usted qué haría? , pregunta el abatido sujeto de Los Pinos.

Índice Flamígero: Presumen Peña Nieto y el Niño ñoño Nuño el programa de arreglo y modernización de planteles educativos, pero no dicen que tras éste hay un “bisne” del que saldrán beneficiados –como en toda obra pública–, pues el contratista es Juan Armando Hinojosa Cantú –léase HIGA–, el “generoso” contratista que regala “casas blancas”, residencias campestres y terrenos en Malinalco, y grandes cantidades de dinero a la tolucopachucracia. Cuando se cerró el negocio, Hinojosa Cantú fue al viejo edificio de la SEP y el propio Nuño fungió como su cicerone, dándole un paseo por los añosos pasillos decorados con frescos de Diego Rivera. ¿A cuánto asciende el presupuesto de este programa? ¿De cuánto es el moche? + + + Con gran sentido del humor, don Rubén Mújica Vélez comenta la inauguración, a cargo del IMSS y de Sectur, del Parque Six Flags Hurricane Harbor, en Oaxtepec, Morelos. Parque que antes fue de los derechohabientes del Seguro Social, pero que les escamotearon ¿o robaron? los altos burócratas desde la época de Genaro Borrego. “Dear Mister Mikel Andoni Arriola ¿Peña?-losa (is heavy?) ¡Congratulations por inauguration del mejicanísimo parque Six Flags! ¿Is the infraeschuchur que dijo nuestro Big Amigous, Mister President Peñas Nietos? ¡Ohhh marvelous! Vivas Modern México!”

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@pacorodriguez

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.