Érase que se era una princesa que nunca esperó príncipes azules ni grises ni dorados. Ella nunca buscó ser salvada y menos aún el beso de amor eterno, quizá llegaba a besar pero solamente en pos de la suerte. Tomaba decisiones, disparaba cuando era necesario y discutía segura con el héroe que siempre la necesitó para triunfar. El mismo hombre solo que amó cuando fue necesario y que dejó segura de que en los cuentos de hadas de ciencia ficción no hay finales felices.
Vestía una sencilla túnica blanca y un característico peinado. Se llamaba Leia, la misma que lució el bikini más seductor de la galaxia mientras estuvo encadenada por Jabba, un patriarca más de los que existen en el Universo, pero ella esperó paciente el momento de liberarse y con la misma cadena que ese villano la sujetaba, esa valiente princesa tuvo la proeza de ahorcar a su raptor. Una metáfora maravillosa de que a las mujeres no nos gusta ser esclavas de nadie.
Su peinado fue moda durante todos los siglos, unas coletas en chongo que solamente podían copiarse de otras revolucionarias, dicen que de origen mexicano. Guerrera y valiente, inspiró a muchas generaciones. En cada escena fue el lado claro, oscuro y brillante de la fuerza femenina. Fue así cuando, a mis 16 años, descubrí que podía haber otra forma de ser princesa, gracias Leia, que la fuerza te acompañe siempre, querida Carrie Fisher.
Antes de terminar 2016 esta maravillosa actriz nos dijo adiós y siempre será imposible mencionarla sin evocarla como la princesa de Guerra de las Galaxias, pero también brilló en otras constelaciones, aunque cuando la reconocías en escena, la frase clásica salía de tu boca: “Ah, la princesa Leia”. Pero su talento iba mucho más allá de ese Universo galáctico.
Así, la adoré cuando hizo el papel de amiga solidaria en Cuando Harry encontró a Sally. Representó a una mujer que se conformaba con ser amante de casados cobardes que jamás iban a dejar a la esposa, aceptaba su rol pero no dejaba de aspirar a un buen amor.
Hannah y sus hermanas, filme de Woody Allen que también la hizo destacar en otro ambiente, hace el papel de una mujer que de pronto te suena conocida, es April, esa amiga que fue tu amiga pero que después le gana la envidia y la competencia a la mala y pasa a ser una de tus rivales más dolorosas.
Las drogas, quizá la soledad, los malos amores, ciertos complejos y culpas la hicieron caer en remolinos de pasiones pero también de riesgos, sin embargo la fuerza siempre la acompañó y se convirtió en escritora. Seguramente recordarán el filme Recuerdos de Hollywood, una historia fuerte del amor y rivalidad, competencia y unión entre una madre e hija que son actrices. Esa historia estuvo basada en su autobiografía, publicada en 1987 y cuyo título original es Postcards from the Edge. Brilló en ese ámbito literario.
Fue hija de Debbie Reynolds, la protagonista de Cantando bajo la lluvia y de un cantante muy exitoso de la década de 1950 llamado Eddie Fisher. Hasta pronto, Carrie, la fuerza siempre te acompañará.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.