La Garza lectora

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Las crónicas de Narnia. El león, la bruja y el ropero

CS Lewis

Zuriel García Hernández

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El león, la bruja y el ropero (editorial Andrés Bello, quinta edición, 1993, Chile) es el primero publicado (por primera vez en 1950) de una serie de libros llamada Las crónicas de Narnia, escrita por Clive Staples Lewis (1898-1963), más conocido como CS Lewis, autor inglés del siglo XX, reconocido por su pensamiento crítico y teológico, y por sus notables novelas de ciencia ficción, las cuales están colmadas de imaginación y riqueza de lenguaje. Fue un prestigiado profesor de literatura en la Universidad de Cambridge desde 1954 hasta su fallecimiento, además de ser contemporáneo y amigo de JRR Tolkien.

Lewis escribió esa obra dedicada a su ahijada Lucia Barfield; él mismo se refirió a su trabajo como un “cuento de hadas” hecho para ella. Ahí relató la historia de la pequeña Lucia (sí, como se llama su ahijada) y de sus tres hermanos: Pedro, Susana y Edmundo, siendo ella la menor, quienes después de mudarse a una gran casa de un viejo profesor, amigo de la familia, tras dejar su casa y a su madre por bombardeos en Londres debido a la segunda Guerra Mundial, encuentran en una habitación, de las muchas que había en ese lugar, un gran ropero que contenía abrigos de pieles, el cual para su sorpresa sería el portal a Narnia, un mundo con criaturas míticas, como unicornios y centauros, animales que hablan, una bruja y un león de nombre Aslan.

Allí, los cuatro hermanos vivirían la aventura de su vida, donde tendrían conflictos entre sí, sufrirían traición y se encontrarían al borde de la muerte, todo para alcanzar una profecía dentro de Narnia, salvarla de la bruja blanca y lidiar con Edmundo en el proceso. Conforme se adentran a Narnia, esta se advierte cada vez más grande y también el mundo en el que se encuentra, con lo que da pie a poder entender por qué son Las crónicas de Narnia, lo que invita a quien se enamore del libro a conseguir los demás. Contar lo que les pasó sería una historia difícil de creer para los de su mundo “real”, pero como expresa el viejo profesor: “O mienten, o están locos, o dicen la verdad”.

Con una crónica sencilla de llevar, la obra de ficción utiliza un lenguaje bastante descriptivo, como en la especificación de la apariencia, los tonos de piel y la expresión facial, sonidos ambientales y de objetos al accionar, describe aromas y sentidos de tacto, suficiente para poder apartarnos de la adaptación cinematográfica y valorar los detalles en la trama, los porqués de las acciones, las personalidades y pensamientos de los personajes. Consigue llevarnos a la identificación con más de uno de los protagonistas de la historia, admirar a unos o repudiar a otros. Hace que se pueda disfrutar de un clásico libro fantástico que lleva a imaginarnos a detalle a los personajes, a los lugares, a las emociones y sensaciones que se narran en los 17 capítulos. Es notable la intención de Lewis al escribir no solo un relato para niños donde aparecen castores que hablan y faunos con barbas largas que se sientan a tomar el té, sino realiza una obra maestra cargada de pensamiento lógico y simbolismos que pueden ser apreciados por jóvenes y adultos.

Debido a su orientación teológica, creyentes y no creyentes pueden adentrarse en los diálogos y elementos fundamentales del argumento expuesto en la obra, basado en la perspectiva del pensamiento religioso del cristianismo. Hace que uno cuestione los signos y significados en cada página cuando se lee de manera analítica para descifrarlo o interpretarlo, algo similar, aunque con menos escrutinio, a cuando se lee al Señor de los anillos. Sin duda, con ello te adentras de apoco al pensamiento del autor y así también sacas tus propias conclusiones en cuanto a las referencias citadas dentro del ejemplar, formas una crítica a la obra, o bien, a los elementos argumentativos y quizás al mismo autor.

En suma, Las crónicas de Narnia. El león, la bruja y el ropero es un libro disfrutable en cualquier momento. ¿Familiar?, por supuesto. No es largo ni pesado de leer, al contrario, es fácil de entender. Una obra para quien no quiere perder de vista los paralelismos o metáforas y dar lugar al mérito del autor. Al terminar de leerlo, solo te queda el ánimo de leer el siguiente y, ¿por qué no?, conseguir la saga completa.

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