La Garza lectora

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Garza lectora

¡Que viva la música!

Andrés Caicedo

Paulo Roberto Gómez Restrepo

Luis Andrés Caicedo Estela
Más conocido como Andrés Caicedo, nació en Cali, Colombia, el 29 de septiembre de 1951. Amante de Poe, apasionado del teatro, melómano empedernido y fanático del cine, fundó un cineclub y una revista de crítica de cine en la que mostraba constantemente su capacidad de análisis y la furiosa y apurada prosa que también impregnaría sus relatos, con los cuales ganaría varios premios a lo largo de su corta vida, a la cual decidió poner fin voluntariamente antes de envejecer, radical como su forma de escribir y fiel a su consigna de que vivir más de 25 años es una insensatez.

El 4 de marzo de 1977, el mismo día que llegó a su casa la primera edición publicada de ¡Que viva la música! (no sin grandes luchas y contratiempos causados por las visiones más conservadoras de la editorial colombiana en la época, que no querían publicarla por obscena) Caicedo decidió tomarse 60 pastillas de secobarbital y dejó una carta a su madre en la que se despidió diciendo: “Dejo algo de obra y muero tranquilo. Este acto ya estaba premeditado. Premedita tu muerte tú también”.

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María del Carmen Huerta, la Rubia, rubísima, la Mona, comienza su historia cuando aún es una adolescente común de la sociedad media alta de Cali, ciudad colombiana que es tan protagonista del relato como ella. Por sus calles, esquinas y recovecos pasará las noches la Mona aprendiendo la brutal realidad de la fiesta, el amor, el sexo, las drogas, la nostalgia, la libertad y la soledad de la independencia. Golpe a golpe, contra los muros de los bares de su “kali” querida, encontrará la música y el baile que la llevarán por el camino de su propia historia, de su propia tragedia, esa que lleva la vida hasta los últimos extremos.

¡Que viva la música! Es una novela rápida, con una escritura vertiginosa y desesperada que atropella las palabras y empuja la historia hasta que el lector termina encerrado y absorbido por la ciudad y sus misterios. Es una historia de transición, de crecimiento, un ritual de paso hacia la adultez que le ha valido infinidad de críticas que la consideran “literatura juvenil” y de menor grado, pero que, con la precipitada elocuencia de Caicedo, su estilo realista y urbano, tan contrario al realismo mágico de su época y sus latitudes, y su furiosa radicalidad juvenil, no deja a ningún lector indiferente, ningún dios en pie y ningún títere con cabeza.

El camino de María del Carmen es, también, el camino musical de Caicedo. La historia es una carta de amor a las canciones que lo marcaron, Eric Burdon, los Stones, Eric Clapton y el rock´n roll, que tanto amaba aparecen como melodías constantes que enmarcan la historia. Pero también aparecen Richie Ray, Bobby Cruz, Mike Collazo, Cheo Feliciano y grandes de la salsa que mueven la historia en una transición constante desde lo anglosajón hacia lo latino, la relación y la mezcla de la melancolía inglesa y la nostalgia de la rumba timbalera son el motivo constante del relato, haciendo de este un libro que puede escucharse y bailarse, siguiendo el mismo camino de la banda sonora que representa la vida de la rubia protagonista.

Y lo es tanto así que el título es un homenaje a una canción de Ray Barreto y que, al final de la obra, como punto final Caicedo añade una lista con todas las canciones que aparecen, en orden, en su historia, como mapa sonoro que el lector puede seguir para saber cuáles fueron esos sonidos bestiales que lo guiaron, paso a paso, hasta llegar casi abruptamente al final donde espera la Mona en el fuego eterno que arde en el 23.

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