La nube estéril.
Drama del Mezquital

Antonio Rodríguez

Lizmayrú Viveros
Abogada e integrante del círculo de escritura para mujeres Margarita Michelena

Sobre el autor

Es periodista, historiador y humanista español llegado a México como refugiado en 1939 a bordo del St. Nazaire Flandre.

Escritor documental de textos como La nube estéril. Drama del Mezquital, que destaca por la denuncia profunda de la miseria que se vivía y se vive en el país. Ha sido colaborador incansable de los principales periódicos nacionales y de revistas como Hoy, Mañana, Siempre!, Impacto, por mencionar algunas. Fue gestor y director de la difusión cultural en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y funcionario del museo tecnológico. Además de ser multipremiado por sus aportaciones al mundo de la cultura en 1947, en 1959 y 1990.

Drama del Mezquital,Garza lectora

“Este es un pedazo de la vida arrancado con dolor de un lugar de la tierra donde todo se conjuga para hacer desgraciado al hombre. Nada o casi nada es inventado. Por lo tanto, toda coincidencia con personajes o hechos conocidos se ajusta rigurosamente a la verdad.”

Con esa advertencia, Antonio Rodríguez comienza a narrar la historia del pueblo otomí en una región hidalguense cubierta por el Sol que secaba todo, que partía el suelo y junto con la barrera montañosa de la Sierra madre oriental que obstaculiza el paso de las nubes, le negaba el agua a sus habitantes, animales y magueyes que se aferraban a su tierra como cualquiera que ha tenido, como única casa, la herencia de sus padres y no tiene más a dónde ir.

Publicado por primera vez en 1952, La nube estéril. Drama del Mezquital es una denuncia a manera de retrato doloroso de las condiciones de vida en el Valle del Mezquital, de un pueblo al que no podría llamársele olvidado, ya que algo solo puede olvidarse cuando se conoce y esa región, en medio de un mar de tepetate, era desconocida para muchos.

Adentrarse en la lectura de esta historia conduce a experimentar la incandescencia de la tierra misma después de años de sequía, escuchar el murmullo jadeante de una comunidad donde todos mueren de sed y de calor, sentir el ardor en las plantas de los pies de María al caminar entre cardones y piedras puntiagudas para conseguir algo de beber y el dolor en los brazos al girar el malacate que baja el cántaro hasta el fondo de un pozo que, más que dar agua, parece que también muere de sed.

Acompañar a Pedro en sus intentos de mejorar la vida de su pueblo, en su lucha contra la desigualdad y la injusticia, resulta en una mezcla de compasión e impotencia, de esperanza y una especie de fe en que basta una sola persona para lograr cosas que parecen destinadas a no ser.

La nube estéril guarda entre sus páginas la memoria de un pueblo que durante años vivió en la miseria y el olvido, entre el abandono y la desatención del Estado a sus necesidades, circunstancias que orillaron a su gente a ser testigos de batallas interminables contra sus hermanos, de enfermedades que arrasaron con los suyos y con su pueblo, a tener que morir de hambre y sed en largas caminatas buscando ayuda divina o gubernamental que nunca llegó.

Recorrer sus páginas nos recuerda que el país tiene una deuda histórica con sus pueblos indígenas que hasta el día de hoy son perseguidos por la pobreza, el rezago educativo, la falta de asistencia médica y la discriminación. Y con sus mujeres, que desde tiempos inmemoriales hemos sido violentadas por la única razón de ser mujeres. María, la protagonista, vive en este libro el drama mismo de su tierra. La violencia, la enfermedad, el hambre, la pobreza, pero también la lucha incansable por sobrevivir.

La lectura de esta obra permite una visión real e histórica de las problemáticas a las que durante años se han enfrentado las comunidades indígenas, problemáticas sociales que, en la mayoría de los casos, siguen sin ser atendidas y de las cuales podemos sentirnos ajenos hasta que encontramos una ventana como esta que nos permite vislumbrar y analizar nuestra participación en la discriminación, insensibilidad e incluso infravaloración de los productos creados por los artesanos indígenas.

Singulares personajes se encuentran entre las páginas de La nube estéril; María y Pedro como protagonistas; otros como el “representante”, designado por los 53 jefes de familia de la comunidad y a quien revisten de la autoridad de los viejos jefes indígenas; el “juez auxiliar”, designado por el presidente municipal para servir de eslabón entre la comunidad y la autoridad. El “curandero”, un viejo habitante que conoce la magia, las hierbas medicinales, el bien y el mal y el “regateador”, una suerte de empresario aprovechado de la miseria y la necesidad.

Todos ellos transportan al lector a una época que hoy puede parecer increíble al pasar por los lugares en los que se sitúa la historia y ver las parcelas sembradas y verdes o los parques acuáticos que coloridos se levantan donde antes no existía una gota de agua para beber, pero el corazón de su gente y de su tierra guarda la memoria de aquellos días con nubes grises, pero estériles, en el cielo.

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