La Garza lectora

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Garza lectora

Las flores del mal

Charles Baudelaire

Paulo Gómez

Charles Baudelaire, primer poeta maldito, nació en París el 9 de abril de 1821. Fue crítico de arte, de literatura y de música. Bohemio y libertino, gozó de una enorme mala reputación que, si bien no carece de fundamento en la realidad de su vida, fue debida en gran parte al impacto de sus obras y a la misma imagen bohemia que el poeta creaba de sí mismo. Para conocer los extensos detalles de su vida y saber cuáles de ellos se vieron plasmados en su poesía y cuales fueron invención de la siempre inquieta mente del autor, se recomienda ampliamente la obra biográfica que escribió sobre su persona Jean-Paul Sartre.

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Las flores del mal, o los limbos como originalmente iba a llamarse, es una obra indispensable para entender la lírica moderna, así como para cualquiera que disfrute siquiera un poco con la poesía. Publicado en 1857, el libro sufrió la censura de varios de sus poemas y fue devastado por la crítica del momento, que tildó a la obra de blasfema, monstruosa y pornográfica, lo que obligó al autor a crear versiones posteriores con algunos poemas diferentes.

Originalmente, más de 100 poemas estaban organizados de acuerdo con una estructura marcada por seis partes o “ciclos”, a través de los cuales podía identificarse no solo la existencia de casi una línea argumental, como si se tratara de un libro escrito en prosa, sino los temas y relaciones entre los ciclos que brindaban al poemario, una cohesión y sentido que se pierden un poco en las ediciones posteriores a la censura.

En esos ciclos, Baudelaire lleva al lector a través de un viaje donde confluyen los pecados (tema original que inspiraba al libro antes de cambiar de nombre), el sexo, el erotismo, la muerte y el hastío de una forma descarnada y, al mismo tiempo, de una sensibilidad simbólica desconocida en la poesía de la época, más preocupada por la pulcritud de las formas.

Es con la propuesta simbólica de los versos marchitos de Las flores del mal que nace el simbolismo como movimiento, como forma de ver el mundo. La visión de Baudelaire hizo contrapeso a la visión racional de la época y a la visión clásica que promulgaban el parnasianismo y el realismo en boga. La poesía que entonarían los poetas malditos, inspirados por esa obra, se alejaría de manera definitiva de los ideales burgueses para sumergirse de lleno en las esquinas oscuras y fangosas del corazón humano y sus pasiones más bajas.

El corazón y las pasiones precisamente como símbolo contra el ser humano idealizado del racionalismo o la naturaleza pacífica del romanticismo. Cada esquina y cada pequeño espacio de la ciudad y de la humanidad, por pequeño y mundano que parezca, se carga con nuevos símbolos bajo la mirada atenta del poeta. La realidad cobra nuevo sentido en las rimas de Baudelaire que, llenas de nueva musicalidad y capacidad expresiva, son una búsqueda constante por nuevas formas de experimentar, de sentir, de expresar la vida misma con todo su misterio y toda la bajeza que es capaz de contener: nuevos ritmos, nuevas resonancias, nuevas sugerencias musicales y nuevos símbolos decididamente bohemios y profanos lanzados como un escupitajo a la cara de las formas académicas y burguesas de la “literatura de bien”.

La influencia de Las flores del mal va más allá de los poetas malditos o el movimiento simbolista en Francia, el aroma de la obra del poeta (que consideraba muchos de sus otros libros como extensiones de Las flores del mal, fueran en prosa o en verso) alcanzó a poetas de latitudes más cercanas como el español Gustavo Adolfo Bécquer, el colombiano José Asunción Silva o el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, por mencionar solo algunos.

Actualmente pueden conseguirse varias versiones de la obra en español, con diferentes características y resultados. Especialmente recomendables son las traducciones de Antonio Martínez Sarrión o la completísima edición bilingüe de la editorial cátedra traducida por Luis Martínez de Merlo que contiene los poemas de todas las versiones, abundantes notas al pie y una traducción lo suficientemente literal para que el poema conserve su ritmo y al mismo tiempo el lector pueda intentar leer su versión en francés. Más difícil de conseguir, pero igualmente recomendado por su riqueza y textura lírica en la traducción y su mayor cercanía al español latinoamericano, es la maravillosa versión de Andrés Holguín editada por el instituto colombiano de cultura.

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