La Garza lectora

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Garza lectora

La ternura del caníbal

Enrique Serna

Azul Kikey Castelli Olvera
Equipo de fomento a la lectura

Enrique Serna
Estudió letras hispánicas en la UNAM (Universidad Autónoma Nacional de México). Trabajó en el desarrollo de publicidad para cine, escribió argumentos para telenovelas y biografías de ídolos populares.

Ha publicado al menos nueve novelas, tres antologías de cuento, tres ensayos, dos biografías, tres antologías de cuentos infantiles y en 2003 algunos de sus cuentos fueron incluidos por Gabriel García Márquez en una antología integrada con sus cuentos favoritos.

En el año 2000 ganó el premio Mazatlán con su novela histórica El seductor de la patria, en 2004 el premio Bellas Artes de Narrativa Colima por Ángeles del abismo. En 2001 fue galardonado con el premio Antonin Artaud por La sangre erguida y en 2020 ganó el premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco como reconocimiento a todo su trabajo literario.

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En La ternura del caníbal Enrique Serna hace homenaje a su estilo descarnado e irónicamente dulce, retrata con maestría la delgada línea entre la maldad y el amor, los personajes son dolorosamente reales…

En esa publicación de 2016, con sello de la editorial Páginas de Espuma, Serna incomoda, inquieta, asquea, pero al mismo tiempo fascina porque los miedos de sus personajes se parecen tanto a los seres vivos, aquellos con quienes cada día caminamos, comemos, dormimos y… amamos.

En los 10 cuentos que nos presenta el libro, el autor hace salir a la superficie debilidades humanas fundamentales, el miedo a la muerte, impreso en “Un entierro maya”, que va degradando a un hombre que toda su vida se creyó valiente y que se consume poco a poco de miedo y envidia ante su inevitable fin, en contraste con la innegable vitalidad de su amada, a quien desea arrastrar a la tumba para que comparta su oscuro destino.

En “Soledad coronada” presenta a un solitario que finge serlo por gusto y, sin embargo, se muere por ser aceptado. Su falta de empatía y su miedo a ser diferente lo hacen extraño a los otros, su incapacidad de relacionarse mezclada con una incipiente paranoia lo llevan a cometer acciones absurdas incluso infantiles, pero ¿quién no se ha sentido incómodo entre un grupo de desconocidos, o incluso entre compañeros cuando de pronto el tema de conversación nos supera o nos deja fuera? Ese, y no otro, es el día a día de Efraín, el protagonista, misántropo, obligado con el corazón roto por la soledad.

La necesidad construida o real de estar con alguien que te obliga a aceptar lo inaceptable se vislumbra en la exitosa vida de la esposa de un empresario, quien pese a la compañía está terriblemente sola, obligada a vivir en un mundo de apariencias. ¿Qué hacer frente a un esposo que repite una y otra vez que te ama mientras te es infiel con cualquier mujer con la que se encuentra? A esta disyuntiva se enfrenta Tania en “Drama de honor”, el descubrimiento de una nueva infidelidad, el desconsuelo y la tristeza, pero al mismo tiempo el miedo al escándalo, la pérdida de la comodidad y a un amor construido a través de años de matrimonio convertido en rutina. Surge la interrogante, ¿aceptarías ser devorada o te convertirías en devoradora?

La soberbia se convierte en protagonista en al menos dos cuentos, los mismos personajes se van hundiendo más y más, enamorados de sí mismos, enceguecidos y embriagados de vanidad, enloquecen: uno por no recibir el reconocimiento que cree merecer, el otro al descubrir al filo de la muerte, atado a una cama, entubado, que la esposa sumisa y cariñosa con la que pasó 35 años de su vida, en realidad, manipuló con delicia, con pericia, paciencia e inteligencia, los hilos de su vida, que las decisiones y fracasos que creyó solo suyos fueron en realidad las maquinaciones de la mujer “Incondicional” que le acompañó en el abismo y que le dejó creer que descendió a él por amor, cuando en realidad fue ella quien lo arrastró a las profundidades.

Envejecer, enfrentar la rutina, acostumbrarse al egoísmo de las personas con las que compartimos la vida, a las que amamos y dicen amarnos para despertar un día odiando el olor de su cuerpo, encontrando las mentiras que sostienen un disfraz, escuchar o leer un “lo siento” que suena falso, descubrir en quien pregona la santidad, al amante veleidoso de todas las mujeres del pueblo, con esto y más nos enfrenta Serna en este conjunto de cuentos, cuyos finales son refinadamente crueles y brutales, pero al mismo tiempo liberadores porque en el libro el escritor le presta voz a los instintos más bajos, a los deseos susurrados por lo bajo, a las maldiciones dichas entre dientes y las amenazas servidas con una sonrisa.

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