+ Rivera y Pierdant: ¿Otro cochupo presidencial?
+ ¿A cambio de qué se favorece a Rivera?
El escándalo vuelve a tocar la puerta de Los Pinos.
Los posibles conflictos de interés y el tráfico de influencias rodean, nuevamente, a la familia presidencial.
El tufo de la corrupción va de la mano de Enrique Peña Nieto y de su esposa Angélica Rivera conocida popularmente como la Gaviota.
Cuando el diario británico The Guardian publica que Rivera ocupa o utiliza una propiedad (departamento 404) en condominios ubicados en Key Biscayne, al sur de Miami Beach, que pertenece al grupo empresarial Pierdant, el cual compite por contratos lucrativos otorgados por el gobierno mexicano, es inevitable rememorar la casa blanca de la familia presidencial financiada por el Grupo Higa, uno de los contratistas favoritos de Peña Nieto y de su grupo en el Estado de México, primero, y posteriormente desde la presidencia.
Sobre este nuevo escándalo de la familia Peña-Rivera, es importante precisar los siguientes puntos:
No se está cuestionando que la Gaviota haya comprado un departamento (el 304), desde 2005, en Ocean Tower One, enclavada en la lujosa zona de Key Biscayne. En ese año, ella era actriz de Televisa y Peña Nieto era gobernador del Estado de México (o bien ya había sido electo). Rivera prácticamente fue obligada a revelar públicamente esa propiedad ante el escándalo que estalló en noviembre de 2014, cuando Carmen Aristegui y su equipo de noticias divulgaron la compra de la casa blanca de Las Lomas, adquirida gracias a la benevolencia financiera del Grupo Higa, cercano a Peña Nieto y a Luis Videgaray. Empero, por salud pública, bien haría la Gaviota en precisar de dónde salieron los millones de dólares con los cuales adquirió ese condominio. Es la primera dama de México y si bien no está forzada a hacerlo por ley, sí contribuiría a la transparencia y al honor presidencial detallar cómo se hizo millonaria.
Lo que sí se cuestiona es que Angélica Rivera esté utilizando un departamento valuado en 2 millones de dólares y que es propiedad de Grupo Pierdant (el 404), que compite para hacer negocios autorizados por el gobierno de Peña Nieto. Es aquí donde está el conflicto de interés y atisba, una vez más, la sombra de la corrupción que permanece paralela a la vida financiera de la pareja presidencial en México. El problema es claro: la Gaviota está ocupando y disfrutando un espacio –no sabemos aún si comprado, rentado o prestado– del cual es dueño un presunto contratista del gobierno mexicano. Ese es el punto. Es allí donde brota la sospecha: el vínculo indiscutible que se interpreta como tráfico de influencias. Sí, otra vez.
La relación oscura entre Angélica Rivera y Grupo Pierdant se afianza cuando The Guardian señala que la empresa particular pagó, en 2014, los impuestos correspondientes no solo de su departamento (el 404), sino también, las obligaciones fiscales del 304, a pesar de que está a nombre de Rivera. ¿Por qué un potencial contratista del gobierno mexicano le paga sus impuestos a la esposa del presidente Peña Nieto por un equivalente a 29 mil 703 dólares? ¿A cambio de qué? ¿Y por qué se permite que la Gaviota disfrute de un departamento ajeno y que es propiedad de un empresario que podría beneficiarse de contratos en nuestro país? ¿A cambio de qué se le autoriza a Rivera utilizar el departamento 404?
Dos preguntas tiene que responder, de inmediato, la Gaviota: 1) ¿Es dueña también del departamento 404 que le habría sido vendido por Grupo Pierdant y, de ser así, cómo se financió? 2) ¿Lo está rentando y, de ser así, cuánto está pagando por el alquiler?
Ambas propiedades comparten el mismo número telefónico, asegura The Guardian. ¿Por qué?
“Pierdant estableció Biscayne Ocean Holdings para adquirir la unidad, imitando la creada por Rivera, quien registró su propia compañía (Unit 304 Oto Inc), para comprar el 304. Pierdant y Rivera son los directores únicos y los dueños de cada una de las compañías”, apunta The Guardian.
“El nexo entre los dos es motivo de preocupación, porque una de las otras empresas del hombre de negocios de Grupo Pierdant compite por contratos con el gobierno para desarrollar puertos marítimos de México”, señala el diario británico.
Una vez más, sin duda, el aliento de la corrupción rodea a la familia Peña-Rivera.
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“Conflicto ético. ¿Cómo permite @epn que una empresa que presta apartamento a su esposa y paga sus impuestos concurse para construir puertos?”, pregunta en su cuenta de Twitter el periodista Jorge Ramos. Tiene razón. Como apuntamos líneas arriba, la Gaviota está disfrutando de un espacio propiedad de un potencial contratista del gobierno mexicano.
Ya sabemos que nada es gratuito. ¿A cambio de qué se estaría favoreciendo a Grupo Pierdant, quien paga los impuestos en Miami de la primera dama de México y le presta un lujoso condominio? ¿A cambio de qué lo hace?
Otra vez la sospecha.
Otra vez el conflicto de interés.
Otra vez se asoma la corrupción.

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