Cuando se piensa en el desarrollo, la cultura, la libertad y las ideas, es claro que solo se transita a ellas a partir de la universidad, de la educación superior; ese espacio tiene la capacidad de coexistir pacíficamente con las diferencias y de articularlas mediante el diálogo racional. Esta es la historia y ruta de nuestra universidad de Hidalgo, quien desde la década de 1990, ha edificado una obra cultural, pensante, en la que puedan convivir la diversidad de las ideas, estratos sociales, actores, prácticas, fines, el respeto a la diversidad y a los otros que la representan. Nuestra institución es hoy el universo de ideas e historias, lo diverso y lo complejo, el cambio y la tradición en la cultura, es también y sobre todo una institución profundamente determinada por lo que su sociedad es y hace. Partiendo de ese espíritu nuestra universidad ha confirmado y defendido su autonomía, reclamando para sí libertad, tolerancia y respeto, esta legitimidad le da la autoridad ética para conectarse con los reclamos cívicos y democráticos del estado y de la nación. La Autónoma de Hidalgo se ha constituido como un inmenso crisol en donde se construyen los amplios e importantes espacios de discusión, desde ella se defiende el esfuerzo de comprensión del otro, en un marco de deliberación activa, discutir con lo que no estamos de acuerdo es el terreno verdadero de la tolerancia y el reconocimiento del otro.
En días pasados (martes 23 de enero), la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) hizo público un desplegado en el que expresa “su total apoyo a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo por la transgresión sufrida en su autonomía con la modificación de su ley orgánica publicada mediante el decreto 228 del Honorable Congreso de Hidalgo en fecha 9 de octubre de 2017, afectando su facultad de autogobierno”. El apoyo de la ANUIES, avalado por universidades públicas y privadas, a nuestra institución habla, sí, de la generosidad, honor y ética, de los miembros de la asociación nacional, pero también es el resultado de la legitimidad, autoridad académica y pensante que ha alcanzado la Autónoma de Hidalgo, desde ese espacio la universidad y los universitarios han sido capaces de integrar pacíficamente la complejidad de las diferencias y libertades de puntos de vista y apreciación, así como de crear orden social sin uniformidades, integrismos, autoritarismos y totalitarismos. La universidad es el universo de lo múltiple. Esta se nutre, estructura y ancla su pensamiento en el mundo de las ideas, la libertad, la juridicidad. En términos de Octavio Paz, la universidad es “tiempo irreversible y perpetuamente inacabado, en marcha no hacia su fin, sino hacia el porvenir. El Sol de la historia se llama futuro y el nombre del movimiento hacia el futuro es progreso”.
Por eso nuestra casa de estudios ha vuelto a ganar, porque va al encuentro con la historia, con la razón y el conocimiento. En ese contexto y frente al desatino y desafío autoritario del gobierno, la respuesta de la comunidad universitaria ha sido la unidad para defender la forma de vida alcanzada y lo que significa la casa de estudios. La defensa de la autonomía es una conquista apoyada en otras: la ilustración racional de la conciencia, la igualdad democrática de derechos, la opción por el debate público, la renuncia a la violencia, la cultura de la victoria. La autonomía es una fuerza progresista, así lo asumió el juez primero de distrito de Hidalgo, que otorgó el amparo y protección de la justicia a la Autónoma de Hidalgo contra el decreto del Congreso del estado. La autonomía llegó para quedarse, porque sin ella la sociedad moderna y contemporánea es inconcebible. Sería tanto como negar el proceso civilizatorio al que la sociedad se debe y del que depende vitalmente. Nuestra universidad ha encontrado su lugar en la historia, Su esencia: la libertad, razón, igualdad, pluralidad ideológica, diversidad, continuarán nutriendo los sueños y utopías de los universitarios, que hoy conquistamos un nuevo símbolo: la generación de la victoria.

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