Son cosas que pasan todos los días y por eso ya ni siquiera nos sorprendemos. Pero afortunadamente aún hay personas que se resisten a aceptar que no hay seguridad, que vivimos en una impunidad casi total. Ayer por la tarde una persona murió asesinada en Tolcayuca, luego de participar en una riña en un campo deportivo ubicado en esa demarcación. La víctima, según versiones periodísticas, estuvo agonizando unos 20 minutos tras ser herida de bala y cuando por fin policías llegaron al lugar ya había fallecido. Por supuesto el responsable de la agresión pudo escapar, por lo que es muy probable que ese homicidio quede impune. Frente a lo ocurrido, y más allá de cifras, la ciudadanía en la calle percibe que en nuestro país no hay justicia. Se tiene la certeza generalizada de que si uno es víctima de un delito, casi seguro nadie pagará por ello. Incluso, si alguien se atreve a denunciar, es posible que sea revictimizado, incluso por quienes se supone deben procurar justicia. Frente a ese negro panorama, es comprensible que un grupo de personas pierda la cordura y, frente a la impotencia, bloquee una carretera, como sucedió ayer con la autopista México-Pachuca. ¿Qué se puede argumentar para calmar los ánimos de quienes ayer en Tolcayuca se sintieron hartos de que la Policía del municipio simplemente no haga nada? Lo que no debe justificarse es actuar de la misma manera que como lo hacen los delincuentes: no se debe pensar en el diente por diente, debe privilegiarse siempre la razón, el Estado de Derecho. De filón. Ya pasaron casi 15 días de la desaparición de Osmara San Juan, la joven trasgénero cuyo rastro se perdió tras presuntamente prestar un servicio sexual, y las autoridades no han informado si hay siquiera una pista para dar con su paradero.

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