El político como humano que es, tiene sus defectos y virtudes, tanto en lo personal como en la profesión que ejerce.
Lo fundamental en él, como en una persona cualquiera, es que la balanza de su mundo interior se encuentre siempre en favor de lo que denominamos virtudes y valores. Por ello, siempre es bueno saber qué cualidades o características positivas debe tener un buen político.
Una de estas virtudes y cualidades que debe tener es
la paciencia o perseverancia; la paciencia o perseverancia es
la actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien. De acuerdo con la tradición filosófica, es la constancia valerosa que se opone al mal, y a pesar de lo que sufra el hombre no se deja dominar por él.
Aristóteles en su Ética alude a esta virtud como equilibrio entre emociones extremas o punto medio. Con ella se consigue sobreponerse a las emociones fuertes generadas por las desgracias o aflicciones. Para ello es necesario un entrenamiento práctico ante el asedio de los dolores y tristezas de la vida. El cristianismo, posteriormente, tiene a esta virtud personificada en la vida de personajes bíblicos como Job o el mismo Jesucristo. La paciencia posee un vicio antitético en el pecado de la ira. La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse. La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.
Es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, con uno mismo. Y a partir de ahí entender que el buen político sabe que puestos, dirigencias y liderazgos son efímeros; que las estructuras gubernamentales y partidistas deben oxigenarse con nuevos integrantes; que el valor más grande de la política es actuar desde la veracidad y la coherencia, la comprensión y la responsabilidad.
La competencia política debe ser un incentivo que obligue y estimule al político a prepararse, a actuar con total honestidad y transparencia. Podemos elegir nuestro destino cada instante de nuestra vida. La vida está llena de decisiones. Pero además de controlar esas múltiples decisiones, también podemos modificar nuestra percepción de las cosas. Marco Aurelio decía: “Si te sientes dolido por las cosas externas, no son estas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder el cambiar este juicio ahora mismo”. Por lo que les comparto anteriormente, estimados lectores y por muchas cosas más, me parece importante que entendamos esto como un ejercicio de elección que se debería llevar a cabo cotidianamente antes de juzgar a la ligera, casi siempre, porque el ser político no solo es un día, ni el día en que debe ser votado, hagamos un juicio más claro, justo, del ser humano que, diario ha estado al frente y he tenido que ser el responsable de la toma de grandes o pequeñas decisiones (las que no dejarán contentos a todos nunca), pero ha estado ahí.
Nunca será un ser equilibrado ergo un político de verdad (como muchos lo sabemos bien) aquel que aparece solo en la cercanía de las elecciones, con ideologías populistas y casi milagrosas, como un mesías, al que solo le importa, al parecer, el poder, porque no debemos dejarnos manipular por todo lo que se plantea.
Es muy fácil sin haber gobernado un país, criticar y criticar, pero desde fuera y además, ¿quién es él?, para creerse algo así como se siente, el único o el elegido por Dios.

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Asesor especialista en políticas públicas de alta injerencia social, licenciado en derecho por la UNAM, maestro en tecnologías de la información con carácter social, productor y director de cine (cortometrajes y películas independientes) y de televisión (documentales y comerciales). Cambridge English: Proficiency.