La guerra comercial, un gran desafío para México

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Roberto Morales Estrella

Las negociaciones para lograr un nuevo tratado comercial entre Canadá, Estados Unidos y México han sido por demás tortuosas, en el aún vigente TLCAN, al entonces presidente Carlos Salinas se le presionó para que abrogara la Ley de Invenciones y Marcas de 1976, así como la ley sobre el control y registro de la transferencia de tecnología y el uso y explotación de patentes y marcas que habían sido publicadas en 1982.
En su lugar se promulgó en 1991 la Ley de la Propiedad Industrial, ¿porque y para qué esos cambios? Porque si Salinas no accedía, México saldría de las preferencias comerciales de Estados Unidos y por lo tanto no se firmaría el primer TLCAN, fue así como México se convirtió en el primer país del mundo que se sometía a la jurisprudencia norteamericana en materia de propiedad intelectual.
Dado que en la última ronda del GATT en Uruguay, Estados Unidos impuso los “acuerdos sobre derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio” lo que significó el paso de una ciencia abierta a una ciencia cerrada y convirtió al conocimiento en mercancía vía propiedad intelectual.
Lo que generó el rezago tecnológico en nuestra economía, puesto que 95 por ciento de las patentes son de extranjeras, el gobierno mexicano claudicó poner al conocimiento científico-tecnológico como la plataforma para el desarrollo de la economía nacional, en su lugar facilitó que las empresas transnacionales con altas capacidades tecnológicas fueran el motor de nuestra economía, mientras que nuestros pequeños productores manufactureros y del campo se hundían en el rezago tecnológico y la baja productividad sin poder competir con las industrias extrajeras que sí son innovadoras.
Fue una guerra económica que México perdió y nos la vendieron como si hubiéramos salido ganando con el TLCAN aún vigente, nada más falso, favoreció sí, a unos cuantos grandes productores nacionales propiciándose la desigualdad y la pobreza en espiral que hoy padecemos, la falta de soberanía alimentaria nos hace altamente vulnerables.
El nuevo TLCAN ha sido el motivo de una guerra económica más cruel y descarada, la postura de Trump jamás ha sido la de negociar, sino la de imponer, hoy sustentado por las corrientes más depredadoras de ese país como John Bolton, consejero de seguridad, Mike Pompeo, secretario de Estado, y Gina Haspel, directora de la CIA, golpistas que ven las masacres como daños colaterales y el dominio de los recursos a fuego y sangre como algo natural y legal, para ellos los tratados comerciales “justos” son donde imponen sus condiciones trasladando su modelo de dominio.
La imposición de aranceles al acero y al aluminio no es más que el inicio de una etapa de agresiones; la irracionalidad domina la mente de Trump quien abandonó la reunión del G7 dando indicaciones para no firmar ningún acuerdo, se dirigió a Singapur para construir una alianza con otro megalómano, con gran fuerza militar, un ejército de hackers y un hambre desmedida por más poder, como es Kim Jong Un.
La vida de millones de personas están en el filo de la navaja, lo más grave es que las alternativas de solución no serán resultados de la racionalidad, la justicia, ni el sentido humano, las negociaciones son procesos donde predomina la irracionalidad y la megalomanía.
Naciones como Japón, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Argentina tienen un modelo de inteligencia económica, ¿y México? Por supuesto que no, me pregunto ¿si estará contemplada en los planes de los candidatos a la presidencia? Ojalá, pero lo dudo.
“La guerra, dijo Sun Tzu, es el asunto más importante para el Estado, es terreno de la vida y de la muerte, la vía que conduce a la supervivencia o a la aniquilación. No puede ser ignorada”. La guerra constituye aplicar la fuerza y la inteligencia para someter o para defenderse, es vida o muerte, concluye Clausewitz.
Ante esa situación de guerra económica es urgente que México cuente con una política para enfrentar ese desafío, puede ser la inteligencia económica que desarrolle la capacidad para captar, analizar, entender y aplicar estratégicamente los flujos de información, de manera ofensiva y defensiva en la toma de decisiones de política económica y social.
México está en una disyuntiva de sometimiento y hambre o competitividad y bienestar social; el PRI, PAN y Meade nos han hundido, ¿cuál es la alternativa?

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